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martes, 25 de diciembre de 2012

ATARDECER DE UN DÍA MOVIDO, entrevista a Fernando Blanco

Tardecita de miércoles con sol en donde ya se adivina un verano caluroso. En un café de Corrientes y Rodríguez Peña me espera Fernando Blanco para hablarme de su nuevo disco, Días Movidos. Sí, es el mismo que, alguna vez, abandonó a Los Super Ratones para emprender una carrera solista que ya cosecha tres discos. El mismo que hoy genera conciertos de culto cuando interpreta, junto a su renombrado grupo Nube 9, todo el repertorio beatle -incluyendo el material solista- y varios éxitos de los principales grupos de los ´60. Ese mismo bajista del Hofner, un cultor de la canción. De esta charla salió esta entrevista que hoy les presentamos. 

Emiliano Acevedo.-


NO ES LA MISMA CANCIÓN
¿Cuál fue el punto de partida de la grabación de este nuevo disco? 

En el verano de 2010-2011 empecé a componer de nuevo. Me acuerdo de que habíamos ido a tocar con Nube 9 a Pinamar, y como ya tenía unas ideas, les pedía a los chicos de la banda que me ayudaran, y así fui armando los demos de los temas. Este fue un proceso que continuó durante todo el 2011, armando los demos en mi computadora, y con la ayuda de Juan Pablo (Ezquerra), el tecladista del grupo. Así que, una vez que tuve una cantidad de temas determinada, fui eligiendo los mejores, hasta que quedaron 15, más o menos. El primer tema que se grabó fue “Si supieras”, uno de los bonus tracks del álbum. Ese lo grabamos a fines de agosto de 2011 en The Cavern, en Liverpool, cuando fuimos a tocar en la Semana Beatle. Después, grabé el otro bonus, una canción de Paul no muy conocida a la (“Loveliest Thing”, transformado aquí en “La cosa más maravillosa”) que yo hacía tiempo le había hecho una letra en castellano. El resto de los temas del disco pasó directamente del demo al estudio de grabación. 


¿Te parece que las canciones del álbum tienen algún concepto que las une? 
A mí me cuesta ver eso. Creo que este tercer disco quizás sea un tanto más homogéneo que el anterior, pero, en sí, me parece que viene a completar una trilogía de discos de canciones. Canciones que tienen un estado de ánimo que va y viene, pero que, en general, mantien en un mensaje bastante positivo. Es un disco luminoso. 

En tus temas, ¿qué compones primero, letra o música? 
En general, primero me sale la música. De repente, a veces, me pasa que encuentro alguna letra a la que le puedo poner música. Por ejemplo, me pasó eso en este disco con un tema que se llama “Nunca”, en donde las palabras están encadenadas. Me pareció divertido hacer ese juego, en donde una palabra, que al final de una oración tenga un sentido, y otro diferente al repetirse al principio de la siguiente oración. También está “Como Elvis”, un tema que tiene un trabajo casi “de laboratorio” en donde la letra está hecha a partir de títulos de canciones de Elvis, porque el chiste es que “me hace sentir como Elvis Presley”. 

¿El sentido de la letra de “Romance a la antigua” tiene que ver con el hecho de pensar que cada vez hay menos de eso en las relaciones amorosas? 
Sí, es un poco un chiste, ¿no? En realidad, al principio yo le compuse la música y todo el mundo me decía, con respecto a los arreglos y los coros, que tenía una onda muy Queen. Entonces me puse a pensar cuáles eran los temas recurrentes en las letras de Freddie Mercury, y me acordé de algunas canciones como “Seaside Rendezvous”, “Lazing on a Sunday Afternoon” o “Old Fashioned Lover Boy”, en donde el tipo mostraba toda la locura que tenía con figuras como (Rodolfo) Valentino, y todos esos galanes románticos de antaño. Yo pensaba en cómo le hubiese gustado tener un romance a la antigua, y, de ahí en más, empezó a surgir la letra de la canción. También es como mi pequeño tributo a Queen, que fue la primera banda que me partió la cabeza de pibe, y a la que tuve la suerte de poder verlos tocando en vivo en Mar del Plata, mi pueblo, cuando vinieron en el ´81. Ese acontecimiento marcó mi vida. 

En ese caso quizás sea mostrar también otras de tus influencias musicales, más allá del universo de Los Beatles; que es el grupo al que más fácil te podría asociar una parte del público. 
Lo que pasa es que, en realidad, yo me muevo en mi propio universo. Llegó un momento en el cual no necesito embanderarme en la onda de ningún otro grupo. Por ejemplo, cuando recién empezaba a ser conocido con mi primera banda, nuestra onda estaba relacionada con toda esa cosa tipo Beach Boys, y ahora mismo acá hay grupos que son como el clon de un grupo extranjero. Por eso, en el disco anterior puse el tema “Yo quiero ser Bob Dylan”, en donde el chiste venía por ese lado: todo el mundo quiere ser alguien… Ok, todo bien, pero está claro que a esta altura de mi vida me conformo con ser quien soy yo: Fernando Blanco, con mi propio universo y mis cosas. Me gusta tomar influencias de otros lados, nutrir mi música de distintas cosas, pero ya me siento seguro que ese componente que pongo yo es valioso. Y Días Movidos es eso: un reflejo de lo que yo soy, lo que veo, y de lo que me gusta decir. 

¿Y cómo se te ocurrió ese título para el álbum? 
Será porque también es un reflejo de lo que estamos viviendo, ¿no? Se me ocurrió durante una charla con un amigo, cuando le dije que entraba a grabar y sentía que se me venían “días movidos”, por todo el trabajo y cosas que tenía que hacer. Pensá que yo también soy el productor de mis discos, y tengo que estarle muy encima porque me gusta que todo salga bien, y el proceso de grabación es agotador. Por otro lado, siento que el país también está viviendo días movidos, así que por todo eso pareció un título interesante para el disco. 

La tapa tiene una onda bien retro, como las de antes… 
Eso se debe a la mano de Horacio Sabalza, un amigo mío con el que compartimos varios gustos musicales. Él ya había hecho la tapa de Mares Lejanos, y es un tipo que realmente logra captar de qué va la cosa, apenas yo le tiro que tipo de material va a estar incluido en el álbum. Por suerte, si algo he aprendido en todo este tiempo es a buscar gente con la que me gusta trabajar. Tengo una banda que me acompaña, Nube 9, que me parece un lujo, un grupo de músicos de primer nivel que me dan una mano grande a la hora de pulir y grabar mis propios temas. Ellos dan lo mejor de sí, y ese sentimiento también lo tengo con el diseñador, con la gente de la compañía discográfica, con muchos amigos que me ayudan. Aprendí a trabajar junto a gente con la que me siento bien. 

Ya que me contás esto de trabajar junto a Nube 9, ¿alguna vez te pasó que, a partir de estar sacando algún tema del repertorio beatle, eso te sirviera como disparador para componer una canción propia? 
No sé. Bueno, en realidad, no lo pienso con tal exactitud. Sin embargo, se me viene a la memoria “Parque de diversiones, un experimento divertido que hice en este disco, que quizás se relacione con eso, porque esa canción salió a partir de una grabación de batería hecha por Paul en uno de los temas instrumentales de su primer álbum solista (McCartney, 1970). A mí me encanta como toca Paul la batería, y por eso tomé un par de compases de esa grabación, la sampleé, y construí un tema arriba de eso. 

ESPEJISMO
¿Cómo surgió la posibilidad de tocar con Ringo, cuando él vino al Luna Park? 
Eso pasó a partir de una gestión que hicimos con el Vasco, un amigo mío, fanático de Los Beatles, también; y que a veces toca la batería con nosotros. Juntos, presentamos el proyecto para tocar ese día, antes de Ringo. Obviamente, también habían otras bandas que querían hacerlo pero parece que escucharon nuestro material y lo eligieron. Al principio, todo eso me pareció medio sanata, pero luego, la última noche, me encontré con los propios músicos que acompañaban a Ringo, con los que estuve en el hotel tomando algo, y me tiraron buena onda, nombrándome temas que les habían gustado de mi material. Entonces me dije: “Puta madre, ¡los escucharon en serio!” Obviamente, fue una experiencia maravillosa tocar ahí, abriendo para Ringo, sobre todo porque lo sentí como si fuera un premio a toda mi trayectoria. Pensaba en todo lo que me había pasado en mi carrera en la música, reflexionando acerca de las cosas buenas y malas que viví, y sentía que todo se justificaba por haber llegado a tocar ahí. Estaba contento con eso, y también me encantó el encuentro que tuve con el público, con el calor maravilloso que me brindaron esa noche. Viste que ser el soporte de otro artista es un tema, porque a veces no tenés mucho que ver con el número principal y te pueden tratar mal o tirarte algo por la cabeza; pero, de repente, puede ocurrir que la gente siente una empatía con tu música, y te brinda su cariño. Bueno, yo sentí eso esa noche. 

¿Y cómo es Ringo? 
Mirá, no pudimos ni siquiera saludarlo porque hace tiempo que él declaró que no iba a volver a saludar, ni firmar autógrafos o sacarse fotos con nadie. Así que estaba estrictamente custodiado y era imposible acercársele. Como te decía, me encontré con sus músicos, todos tipos re capos y amenos, y ellos mismos bromeaban con esta situación, diciendo “qué amargo Ringo, que no aparece”; pero es entendible. Pensá que es un señor de 72 años, que fue acosado toda su vida. Obvio, hubiera sido maravilloso saludarlo, pero está todo bien… Bueno, nosotros también somos muy amigos de Brian Ray, uno de los guitarristas de Paul, y mucha gente nos pregunta acerca de si conocimos a McCartney, ya que nosotros hicimos muchas giras tocando con Brian, e incluso él nos invitó a verlo en el show de McCartney, este año en Montevideo, en donde hasta estuvimos en camarines charlando con Brian y Rusty (Anderson), el otro guitarrista de Paul. Por eso, de repente la gente te pregunta: “¿Cómo fue verlo a Paul?”, porque, claro, McCartney estaba a diez metros de donde nosotros estuvimos charlando con sus músicos. Pero no, no pasó, y vos no podés meterte para forzar la situación. ¿Qué se le va a hacer? Son gente grande y están cansados de que les estén encima. 

¿De dónde surge este vínculo con el guitarrista de Paul? 
Cuando vino a tocar acá, en 2010, Brian hizo un par de notas, y nos encontramos en unos reportajes. Dany Giménez, el periodista que ahora está en la radio Vorterix, lo iba a entrevistar y me pidió ayuda para hacer la nota. Así que, cuando terminó la entrevista, nos quedamos hablando de música, y Brian se re copó. También dio la casualidad de que él ya había conocido a Lucrecia (López Sanz) en otro lado, y cuando ella apareció ahí, se sorprendió al enterarse de ambos tocábamos en la misma banda. Más tarde, fuimos a tomar algo, y él nos dijo que iba a mirar videos nuestros en YouTube. Bueno, lo hizo y le encantó. Por eso después nos preguntó si nos animábamos a sacar algún tema suyo, para acompañarlo en vivo. Y así fue, cuando Brian volvió a Argentina, hicimos un par de shows con él, y pegamos muy buena onda. De ahí en más, salió la oportunidad de ir a tocar a Brasil, Panamá, y hacer otro par de shows acá. Brian es un excelente músico, durante 20 años acompañó a Etta James, luego estuvo con Johnny Halliday en Francia, y ahí conoció al batero de Paul, quién lo metió en la banda, en donde está tocando desde hace más de 10 años… 

CÓDIGO SECRETO
Nube 9
¿Cómo surge la idea de tu dúo con Lucrecia y en que se diferencia ese repertorio del proyecto de Nube 9?
No recuerdo como surgió, pero en algunos lugares chicos donde es imposible meter a toda la banda, el dúo constituye una opción muy buena. Entre los dos armamos los temas y el repertorio se enfoca más en los temas de primera época beatle. 

¿Hay alguna canción de otro que te hubiese encantado haberla compuesto vos? 
“Help”, un tema que me pegó un martillazo en la cabeza cuando lo escuché por primera vez, porque tenía una melodía, letra e interpretación perfecta. Todo en esa canción es ideal, los arreglos, los coros, el ritmo… Todo en “Help” tiene gracia y está bien. Es una genialidad. Sin dudas, me hubiera gustado hacerla, creo que es la canción más perfectita que conozco… 

¿Y de las tuyas, cuál es tu preferida? 
Ayyy… (piensa) Mirá, “Mares Lejanos”, una del disco anterior, me parece un tema muy redondito, muy bien compuesto. También, la letra de “Yo quiero ser Bob Dylan” me pareció muy divertida; y en este último disco me parece que hay muchos temas buenos. Está “Hey”, el primer corte de difusión, una canción muy pulenta, muy para adelante. Bueno, también volví a componer un par de temas con mi amigo Balde (Marcelo Sposito) –el ex integrante de Kapanga-, y eso fue importante porque me llevó por otros caminos compositivos a los que no estaba acostumbrado. Justo me estaba acordando de “Tirando abajo las puertas”, uno de los tres temas que hicimos juntos, que es muy raro, dentro de lo que es mi estilo, pero que creo que tiene una muy buena composición… 

¿Cuándo elegiste el bajo como tu instrumento? 
Casi de casualidad. Cuando recién empecé a tocar, en mi primera banda, yo tocaba guitarra, pero después hubo un cambio de músicos, y entonces había un guitarrista que tocaba mucho mejor que yo y otro que tocaba mucho peor. Y como yo tenía la falsa creencia de que el bajista “era mejor que el segundo violero, pero no tan bueno como el primero”; me dije: “Ok, estoy en el medio, me toca el bajo…” Justo, yo había visto en un sucucho de Mar del Plata en donde vendían casetes, en la esquina de Independencia y Luro, un bajo Hofner tirado en una vidriera, todo sucio, y con una fotito al lado que decía “el bajo de Paul McCartney”. Hoy parece difícil de creer, pero en los ´80 Los Beatles no eran tan reconocidos como en la actualidad. Acá se los menospreciaba… 

¿Y eso, por qué? 
Porque en los ´80 la gente estaba en cualquiera. Mucha cocaína, supongo; no sé… (risas) 

Pero estaba Badía que los pasaba muy seguido en sus programas… 
Sí, Badía les daba bola, y algún que otro tipo también, pero Los Beatles todavía eran muy nuevos para ser clásicos y eran muy viejos para ser modernos. Entonces no cuajaban con la época. De hecho, a mí me verdugueaban en el colegio, cargándome por lo mucho que me gustaban. Bueno, volviendo a lo del bajo, la cuestión es que lo encontré ahí tirado en esa vidriera y lo cambié por la vieja guitarra mía, poniendo dos mangos encima. Es decir, que hice un negoción, porque ese es el Hofner que me acompaña hasta hoy. Un instrumento que es una maravilla, y que todo el mundo me viene siempre a preguntar de donde lo saqué. Y, bueno, la providencia me lo mandó, qué sé yo… 

Andá a saber como llegó a esa vidriera… 
Sí. Y con respecto a tocar el bajo, no alcancé la real dimensión de lo que era tocar ese instrumento hasta que armé Nube 9 y empecé a sacar, en serio, los que Paul tocaba en Los Beatles -y no lo que yo creía que tocaba. Cuando vi lo que él hacía me di cuenta de que eso era la gloria, y, de repente, me empecé a entusiasmar cada vez más, y ahora ya me siento realmente muy contento de ser bajista. En mis discos, desde el bajo puedo ver muchas cosas de la música. Para mí, ser bajista es como jugar de 6, ó mejor, jugar de 5 en un equipo de fútbol, es como ser un mediocampista que tiene perspectiva de todo, ayudas ahí en la base, en la defensa, pero también construís el gol en el ataque. Está bueno. 

PING-PONG DE HACE MUCHOS AÑOS
¿Tenés bajistas preferidos, aparte de McCartney? 
Me encanta lo de John Entwistle en The Who, pero yo no puedo hacer eso… 

Bueno, el de Queen… 
Sí, John Deacon me parece un tipo muy sobrio, muy musical, y con unas ideas muy divertidas. Lo que pasa es que él es un tipo tan apático, tan poco gracioso... 

Componés con la viola, ¿no? 
Sí, viola y a veces compongo con el piano. 

¿Sos autodidacta? ¿O fuiste a estudiar bajo o guitarra a algún lado? 
Si, soy autodidacta. Los discos de Los Beatles me enseñaron… 

Hablando de nuevo de Queen, decías como te había impactado ese show, ¿hubo algún otro que te haya quedado en el recuerdo de los que fuiste a ver? 
Si, la presentación del disco Peperina, de Serú Girán. Yo tenía 12 años, y en el medio del show, Charly (García) me miró y yo sentí lo que el tipo pensaba. Yo sentía que el tipo estaba pensando: “Qué pendejo ese pibe. ¿Qué hace acá…?” Claro, yo estaba como poseído en la primera fila, re copado con la música. Me acuerdo que la mirada de Charly tenía una lucidez impresionante, y la música de Serú, también; obvio… Esa era música en serio. Digo esto porque ahora se ha puesto muy boluda la música. Hay cosas que me gustan, pero esa trascendencia que sentías cuando veías a un grupo como Serú ya no la encontrás con tanta facilidad… 

Entonces, será medio difícil que te sientes a escuchar un disco entero de un grupo o solista del rock actual, ¿no? 
Yo trato de hacerlo, pero la verdad es que me cuesta escuchar un disco entero de una banda. Porque hay una fórmula y enseguida decodificás el universo de lo que va a pasar, y por eso, al tercer tema deja de sorprenderte ese disco. Y eso no pasaba con Serú Girán, o Los Beatles. Esos eran discos en donde había sorpresa hasta el final, había movimiento. Hoy por hoy, la música tiene que estar en click, viste. Click es el tempo en la grilla, como le dicen en el Pro Tools. Y, para mí, si uno graba todo en grilla, todo el tiempo, el tempo deja de ser un entretenimiento. Porque que el baterista acelere o se quede es un entretenimiento, es parte de la música. Por eso antes los integrantes de las bandas grababan todos juntos, porque está bien moverse un poquito. Por ejemplo, escuchá el minuto 2.00 de “Michelle”, y vas a ver que ahí Los Beatles se caen, pero, ¿a quién le importa eso? Porque esa “imperfección” te movía algo, y estaba bueno que eso suceda. Lamentablemente, ahora eso no pasa más. Ya no tiene sorpresa la música. Ahora, de repente, alguien te hace un coro en la estrofa 1, y te lo pegan en las estrofas 2, 3 y 4. Entonces, si vos ya lo escuchaste, ya sabés lo que va a pasar. En cambio, vos escuchabas los coros de Los Beatles, y no sabías que iba a pasar en cada uno de los coros, porque eran todos diferentes. Eso es lo que hace que aquellos discos de esos artistas sigan siendo divertidos e interesantes. Pero, bueno, tengo que reconocer que igual, dentro de estos nuevos códigos de la música actual, hay algunas cosas buenas. Por ejemplo, Muse, un grupo que no es lo que más me gusta, pero al que hay que reconocer que tienen cosas interesantes, que saben hacer hits

Siendo tan fan de los Beatles, ¿cuál es tu relación con la música de Los Rolling Stones?
¡Me encantan los Stones! Sobre todo el período de los ´60 y ´70. Me encanta cuando (Keith) Richards dice “Los Beatles siempre nos patearon el culo”, o Jagger, más orgulloso: “Los Beatles fueron una banda que duró poco”. Los Stones tienen una deuda enorme con los Beatles en el hecho de que los hayan empujado a componer. También, el Libro de Andrew Oldham –su primer manager- es muy interesante, y el Stone Alone, de Bill Wyman, imprescindible de leer. 

¿Cuáles son tus proyectos inmediatos? 
Seguir promocionando el disco, justo ahora salió el video de “Hey” (dirigido por Gabriel Grieco), el primer corte. Y durante el 2013 seguiré presentando Días Movidos, y, obviamente, continuar haciendo muchas más cosas beatles, en los shows de Nube 9. Y se vienen muchos viajes, un par de giras. Parece que hay una gira por Estados Unidos, y otra vez shows en Liverpool, Rusia, España… Habrá que ver.

Secuencia Inicial.-


lunes, 17 de diciembre de 2012

EZEQUIEL ABALOS: ROCK DE ACÁ, VOLUMEN 2


Este libro es el la continuación de Rock de Acá –los primeros años- (2009),  y en ambos volúmenes, el periodista especializado Ezequiel Abalos, mediante la loable vía de la autogestión editorial, se encarga de reconstruir los principales sucesos de los comienzos del rock argentino mediante las voces de algunos de sus principales protagonistas. En lo que concierne a este Rock de Acá, Volumen 2, el relato se centra en el período 1970-1975, delimitado por la separación de Los Gatos, Manal y Almendra, los tres grupos principales de la primera etapa del rock nacional, y que antecede a la aparición en escena de decenas de bandas y solistas que marcarían a fuego esos primeros años de la “música progresiva argentina” (tal como se llamaba al movimiento rock en ese momento). Un período que tiene como punto culminante la despedida de Sui Generis en el Luna Park, el viernes 5 de septiembre de 1975, el primer hito masivo del rock argento. En Rock de Acá, Abalos cuenta la historia acerca de “como vino la mano” segmentando en bloques temáticos más de 60 entrevistas realizadas por él mismo durante los últimos 20 años. 
Así podemos leer, y/o escuchar, las anécdotas narradas por los pioneros del rock de acá, porque este libro también viene acompañado por un cd, con casi nueve horas de duración, un hallazgo documental que incluye 104 archivos en formato Mp3, con la grabación original completa de los fragmentos seleccionados de las entrevistas realizadas a figuras como Lito Nebbia, Moris, Pomo, Billy Bond, Vitico, Javier Martínez, Alejandro Medina, Claudio Gabis, David Lebón, Black Amaya, Nito Mestre, Héctor Starc, Willy Quiroga, Rocambole, Miguel Cantilo, Edelmiro Molinari, León Giego, Machi Rufino, Rodolfo García, Emilio Del Guercio, Gustavo Santaolalla, o Ricardo Soulé  –por citar solamente algunos de los muchos etcéteras-; quiénes, mediante sus recuerdos, van hilando la historia. Así, se narran sucesos clave del rock argentino de los ´70 como el surgimiento y caída de Mandioca, el primer sello discográfico independiente en nuestro país; la grabación de los dos primeros discos de Moris; el suceso de La Biblia de Vox Dei; como fueron los tres primeros festivales B.A.Rock; el devenir artístico de Luis Alberto Spinetta en Pescado Rabioso e Invisible; los artistas que renegaban de la potencia del sonido electrificado del rock y conformaban el Acusticazo; los primeros viajes hippies al Bolsón; la ascensión de los grupos denominados “pesados”, liderados por La Pesada, Pappo´s Blues y, luego, El Reloj; el desastre producido en el Luna Park en 1972, cuando Billy Bond pronunció su tristemente celebre “rompan todo”; el primer vínculo del rock con la política en el Festival del Triunfo Peronista –cuando Cámpora ganó las elecciones de 1973-; la filmación de Rock  Hasta Que Se Ponga El Sol, primer film documental argentino de rock; el surgimiento de los primeros grupos en la veta del rock sinfónico, como Espíritu o Crucis; la muerte de Tanguito… Todo esto complementado con letras de canciones de la época, alusivas a cada segmento histórico. 

Como bien describe el gran Pipo Lernoud en su prólogo, los músicos en este libro cuentan todo acerca de “un tiempo que fue inolvidable, en donde todo estaba por inventarse y en el que todo era extremo: la música, la droga, la política, el amor… Días en los que parecía que, efectivamente, la imaginación podía llegar al poder…” Aunque también ya se vislumbraba, con la aparición de la Triple A, “el huevo de la serpiente” de la violencia parapolicial, síntoma -y cruel anticipo de lo que vendría después-, y que implicaría persecución y censura; algo de lo que la música rock argentina también fue víctima. Y si bien Abalos optó por desgrabar en forma literal las declaraciones de cada uno de los músicos entrevistados; esto quizás sea un punto criticable dado que, por momentos, resulta un poco engorroso para leer. No obstante, se puede comprender esta decisión periodística en virtud de preservar la espontaneidad del relato oral de los protagonistas de esta historia. Por lo demás –y en especial en cada una de sus acertadas introducciones a los segmentos- el trabajo de investigación documental de Abalos se destaca a la hora de ubicarnos en el contexto histórico, y por lo efectivo como presentación de cada uno de los relatos acerca de lo que pasó en esos primeros años del género. Años de sueños, años afiebrados, y con el rock argentino apareciendo como fenómeno cultural –aunque aun fuera un movimiento under- de una parte de la juventud de nuestro país, de un sector emergente, en oposición a la pacata sociedad argentina, de ayer, hoy y siempre…. Años de hippismo, últimos tiempos de ir a naufragar a las plazas y los bares (en este punto, chequear el, ahora, cómico relato de Pomo de cómo se la pasaba “yendo de gira”, de comisaría en comisaría, por el único delito de usar el pelo largo), años de bohemia, de experimentación, y de una búsqueda artística imparable, que incluiría la aparición de varios álbumes inmortales –como Artaud, Pescado Dos, Pequeñas Anécdotas Sobre las Instituciones, Color Humano, o Pappo´s Blues Vol.2-  que dejarían su sello, metiéndose en la conciencia colectiva de una generación; mientras que varios artistas importantes del género como Moris, Miguel Abuelo, Javier Martínez, Claudio Gabis, Billy Bond, Edelmiro Molinari y su mujer Gabriela, Miguel Cantilo y Kubero Díaz empezaban a elegir el exilio como vía de escape a la represión y la censura, iniciando una sangría que seguiría hasta finales de la década del ´70, y que llevaría, finalmente, al rock argentino a un estado anémico, casi terminal, del que solo se recuperaría con la aparición de la segunda oleada de grupos post-Guerra de Malvinas. 
Pero esa es otra historia, de la que, seguramente, se ocupará más adelante Abalos en un nuevo capítulo de la saga de este interesantísimo trabajo documental que viene desarrollando, y que encuentra con este Volumen 2, un nuevo hito periodístico que será disfrutado tanto por los viejos testigos, que conocen y vivieron la historia, así como por aquellos entusiastas jóvenes neófitos que se acercan al panteón de la historia del rock nacional por primera vez.
Emiliano Acevedo.-

sábado, 8 de diciembre de 2012


25x5: The Continuing Adventures of the Rolling Stones (1989) de Nigel Finch, es un documental que retrata la evolución de los Rolling Stones durante los primeros 25 años de su carrera. Es considerado por varios medios y críticos el mejor documental de la banda no solo por contener imágenes inéditas sino, también, porque es el único en el que los propios integrantes son los que cuentan su historia. Pero no se trata solo de una crónica, este film, también agrega detalles de los primeros años de Mick Jagger y Keith Richards –desde aquel histórico rencuentro de estos dos amigos de la infancia en una estación de tren, cuando fundaron la banda-, profundizando en sus vidas personales, y a la vez ofreciendo un tributo a los ex integrantes ya fallecidos (Brian Jones y Ian Stu Stewart).
Además, es valorable, para apreciar en su totalidad el fenómeno, la inclusión de canciones enteras, desde presentaciones en TV y concierto y los clásicos videos clips. Las entrevistas también son fortalezas de esta película, especialmente la aparición de Mick en El Show de Dick Cavett, o cuando Dean Martin los ninguneó en su programa. 
25x5 incluye varios clips televisivos de la década del 60’, imágenes de los conciertos de los 60’, 70’ y 80’, y escenas del film Cocksucker Blues, nunca publicado y cuya distribución fue prohibida por los mismos Rolling Stones tras demandar su director, Robert Frank, después de verlo. También, escenas de Rock'n'Roll Circus, Ladies & Gentlemen, The Rolling Stones, Love You Live (Concert film), Gimme Shelter, Sympathy For The Devil –el film documental de Jean Luc Godard-, Hampton '81, Let's Spend The Night Together, o el primer protagónico de ficción de Mick, Performance. Incluso los muestra a ellos en el estudio en 1989, y con sus familias. 
Una extensa colección de imágenes en vivo, y de archivo, incluyendo varias apariciónes en The Ed Sullivan Show, y el trágico concierto de al aire libre en el circuito de Altamont, cuando un joven negro (Meredith Hunter) fue asesinado por un Hell´s Angel, el grupo de motoristas encargado de la “seguridad” del evento. 
Este film, que no habría sido tan bueno si hubiese sido más corto, se centra, más que en la historia de la banda y su desarrollo musical, en los más sensacionales episodios de la vida personal de sus integrantes, incluyendo sus traumáticas experiencias vinculadas a la fama, los excesos y las drogas. La historia de Los Stones en sus tempranos años (cuando lanzaban televisores al vacío desde la ventana de una habitación de hotel) antes de “sentar cabeza” para convertirse en aquello que al principio descartaban de cuajo: ser hombres respetables. Esta es más que una historia que abarca de 1962 a 1989. Es la visión sobre el mundo de cinco arrogantes chicos, con pinta de bandidos, sabiendo que el tiempo era todo suyo y que al final la chica elegida siempre volvería con ellos, hasta las experiencias de esos treintañeros tardíos que pedían al tiempo que dejara de correr. Es el primer cuarto de siglo –y el más suculento, sin dudas- del grupo de rock que ha perdurado durante más tiempo en la historia de la música. 

EL DIRECTOR:

Nigel Lucius Graeme Finch nació en agosto de 1949 en Tenderden, Inglaterra. Su carrera comienza en 1970 como co-editor para la BBC en la serie Arena. Ha dirigido y producido varios programas notables como My Way (1978), y The Private Life of the Ford Cortina (1982). Alcanzó relevancia con el documental Chelsea Hotel (1981), donde retrata al famoso hotel neoyorkino y su herencia de huéspedes gays célebres, entre los que se incluyen a Oscar Wilde, Tennessee Williams, William S. Burroughs, Quentin Crisp Andy Warhol.
Su carrera fue una gran influencia para el desarrollo del cine de temática gay británico.
Finch murió de sida en Londres en febrero de 1995 durante la post producción de su primer largometraje Stonewall.

LA BANDA:

The Rolling Stones son considerados uno de los más grandes e influyentes grupos de la historia siendo la banda que sentó las bases del rock contemporáneo y contando desde sus inicios con el favor de la crítica. Por eso en 1989 fueron incluidos en el Salón de la Fama del Rock and Roll. 
Esta banda británica originaria de Londres que desde su gira por EEUU, en 1969, se autodenominaron la banda de rock and roll más grande del mundo, fue fundada en abril de 1962 por Brian Jones, Mick Jagger, Keith Richards, Ian Stewart y Dick Taylor. El guitarrista Geoff Bradford y el baterista Mick Avory los apoyaron en sus primeros ensayos, mientras que los bateristas Tony Chapman y Carlo Little tocaron en sus primeras actuaciones. Tras la salida de Taylor en diciembre de 1962, ingresaron en su lugar el bajista Bill Wyman y en enero de 1963 el baterista Charlie Watts. A petición de su mánager, Stewart fue retirado de la alineación en 1963, aunque siguió colaborando con su piano en las sesiones de grabación y como road manager. Brian Jones fue despedido en 1969, pero moriría ahogado en su piscina –en un episodio nunca del todo aclarado. Al poco tiempo, Mick Taylor lo remplazaría –debutando en el multitudinario show del Hyde Park londinense- hasta su partida en 1975, cuando sería remplazado por Ron Wood, el guitarrista solista definitivo de la banda. 
Eran “el grupo número dos”; pero poco importó. Durante sus primeros 25 añitos nos regalaron, entre otras, joyas como Between the Buttons (1967), It´s Only Rock and Roll (1974), Some Girls (1978) o Tatoo You (1981). 
Una verdadera maquinaria de canciones inolvidables, siempre nuevas, a veces psicodélicas como en el fantástico y nunca bien ponderado Their Satanic Majesties Request (1967). Aunque, seguramente, será imposible superar a la trilogía de Beggar´s Banquet (1968), Let it Bleed (1969) y Sticky Fingers (1971). O a la que quizás sea su mejor obra, el doble Exile on Main St. (1972). Hicieron sus mejores shows en los ´70 y principios de los ´80, acompañados de instrumentistas de gran valía como Billy Preston (teclados), Stu Stewart (piano), y Bobby Keys o Mel Collins (saxo).
Estos son tan solo algunos de los mil datos que quedan afueran de una reseña que nunca podría abarcarlos.
Una trayectoria profesional asimilable a un viaje épico. Además, como ha quedado demostrado a lo largo de la extensión de su longeva carrera, no hay duda de que The Rolling Stones constituye el mayor espectáculo en vivo y en directo del mundo.

domingo, 2 de diciembre de 2012

FUNK ARRABALERO, entrevista a Alejandro Giusti

La primera vez que vi a Alejandro Giusti fue en un festival de jazz organizado por una empresa de telefonía celular en la Costanera Sur en el verano de 2001, y me interesé mucho por la música de su grupo, la Giusti Funk Corp, una muy buena banda de funk que se decantaba por la fusión de ese género con otros de procedencia rioplatense y/o latina. El tiempo pasó, pero rápidamente Giusti se volvió un candidato obvio a la hora de pensar a que músicos queríamos entrevistar para nuestro blog, porque además de su valía como bajista y compositor, tiene una larga trayectoria en la docencia que incluye la publicación de dos libros de enseñanza musical. Por eso, la segunda vez que lo ví fue en su casa en el barrio de Flores, donde nos recibió con simpatía y realizamos este diálogo musical que hoy tenemos el placer de acercarles. 
Por Emiliano Acevedo.-

BEAT Nro.1 

¿Cuáles fueron tus inicios en la música? 
Me pasó la típica de cualquier chico de 9 años al que lo mandan a estudiar con el profesor de guitarra del barrio. No fue una decisión mía, me mandaron a estudiar dibujo y guitarra. Habré estado ahí estudiando un año, y llegué a tocar algunas piezas clásicas. Después, a los 14 años, dejé de ir y me volví a enganchar con la música –ahí sí porque yo quería-, nuevamente con la guitarra. Estudié guitarra en el Conservatorio Nacional de Música López Buchardo. Habré tocado guitarra desde los 14 a los 17 años, más o menos, y ahí empiezo con el bajo… 

¿Qué grupos escuchabas en esa época? 
Los inicios del rock nacional. En esos años, todo lo que me gustaba lo iba a ver. Desde muy chico, a los 10, 12 años empecé a ir a recitales. Antes no había tanto bardo en los conciertos, un pibe podía ir tranquilo porque no pasaba nada. Así, fui a un montón de shows, a ver a Pappo, Spinetta, etc. Todo lo que fuera rock era lo que yo escuchaba entonces. 

¿Y de rock internacional? 
Mucho Beatles, y después otras bandas que me encantaron como Genesis, Deep Purple, Hendrix… Y todo eso mechado con música clásica, porque al estar estudiando guitarra clásica hasta iba a ver conciertos al (Teatro) Colón. Era un bicho medio raro… 

¿Por qué pasaste a tocar el bajo? 
Medio de casualidad porque a un amigo le faltaba un bajista en su banda de soul, y como había un bajo me propuso si quería ir a tocarlo. Así empecé y me gustó. También me gustó porque yo venía de tocar guitarra española, y el bajo también se podía tocar con los dedos a diferencia de la guitarra eléctrica que tocaba con púa. Aparte me gustó el lugar del bajo en un grupo, esa cualidad del instrumento de base melódica y rítmica. Después, estudié con Bucky Arcella –un capo del bajo-, y luego seguí en forma autodidacta. Saqué mucho mirando videos, sobre todo las técnicas de slap y tapping. A fines de los ´80 y comienzos de los ´90 no había nada acá, no había Internet ni nada parecido, y había que rebuscárselas para conseguir material del instrumento. 

Igual, para esa época vos ya venías tocando el bajo… 
Sí. Aunque primero me había agarrado “la fiebre Pastorius”-como a todos-, me encantaba como tocaba Jaco, y venía laburando ese estilo. Lo que me gustó mucho de Pastorius fue su sonido fretless, que tiene esa cosa melódica de instrumentos como el cello, que yo también había estudiado, anteriormente al bajo, durante poco tiempo. Luego empiezo a coparme mucho con el slap. Quería tocar así porque me había copado mucho con lo que hacía Marcus Miller en el grupo de Miles Davis. Lo suyo era muy interesante, rítmicamente. 

JAMÁS PODRÍAMOS EVITARLO 

¿Cómo te surge la idea de formar la Giusti Funk Corp.? 
Estaba tocando en una banda soul, y justo entró a tocar Pablo Rovner –luego, guitarrista de la Giusti-, y ahí nos conocemos. Pablo venía de estudiar en el Musicians Institute y me comenta que conocía un batero que había estudiado con él y tocaba muy bien, el Pipi Piazzolla, y me propone que toquemos juntos. Así, nos juntamos un día a tocar, hicimos una zapada de 20 minutos, y fue impresionante lo que pasó. La famosa “química”, viste. A partir de ahí comenzamos a ensayar 3 veces por semana, en un plan súper metódico. A los 2 meses ya estábamos tocando casi todos los fines de semana. Así fue como arranqué con ese proyecto. Al principio nuestro trío se llamaba La Cara de Dios. Con ese nombre estuvimos tocando algo más de un año e, incluso, grabamos 3 temas, más un video clip, hasta que se terminó desarmando el trío. La idea de hacer la Giusti Funk Corp. surge de una charla que tuve con Pipi, quien me dijo: “Vos tenés que armar tu banda solista”. “Ok”, le dije, “¿y vos serías el batero?” Y él aceptó, y al final, buscando un violero, terminé llamando de nuevo a Rovner, porque la verdad era difícil encontrar demasiados violeros que manejaban tan bien las rítmicas como él. Así surge la idea de grabar, luego de hacer un demo. 

¿Para ese momento ya dabas clases? 
Sí, dí desde los 17 años. Al principio me ofrecieron dar clases de folklore en guitarra en un colegio nocturno, ahí también arranqué con un par de alumnos particulares. La docencia me gusta mucho. 

¿Cómo fue que te empezaste a copar con el funk? 
Porque a mí me encantaba mucho lo que hacía Miles Davis, en discos como Tutu o Amandla, en ese momento que los editó, a mediados de los ´80. Esas obras se me revelaron como un camino musical muy interesante y poco explorado hasta ese momento. También me gustaba mucho el tema percusivo, esa posibilidad que da el bajo como instrumento de ser bajista y percusionista al mismo tiempo. Así escuché un montón de la movida, por ejemplo discos de James Brown o Earth, Wind & Fire. Sin olvidarme de Stanley Clarke, también, ya que a partir de él empezó toda la movida del bajo virtuoso, se podría decir. 

¿Cómo sigue la historia de Giusti Funk Corp.?
Como te había dicho habíamos ido a un estudio a grabar un demo de 4 temas, y al final grabamos 6 temas. A eso le sumamos 3 temas más que teníamos de la época del trío. Luego tocamos en (la exposición) Buenos Aires No Duerme, y grabamos ahí otro tema. Así quedaron grabados todos los temas del primer cd Barrio Funk (1997). 

¿Ahí surge la idea de publicar tu libro?
Sí. Justo habíamos grabado Barrio Funk y yo me había puesto a hablar con la gente de la Editorial Ricordi –que ahora se llama Melos-, y les propuse de hacer un método para aprender slap, porque me dí cuenta de que acá no había un método de enseñanza del slap. Eso fue en el año 1998. Lo grabé y tardó como dos años en salir. Luego, hace un par de años, saqué otro libro de bases de candombe, que grabé con unos amigos míos que tienen una banda de candombe. También estuve escribiendo en las revistas El Musiquero y Record Play durante una época. 

¿Y tu gusto por el candombe de dónde viene? 
Lo que pasa es que a mí el candombe es un género que me parece, rítmicamente, muy interesante. Además me llega mucho por ser un ritmo rioplatense. También me surgió lo de tocar junto a esa banda porque me habían preguntado por si les recomendaba a un bajista, y directamente me ofrecí yo, ya que me interesaba mucho la idea de tocar con una cuerda de tambores. 

¿Y cómo te decantás por la vía de la fusión, por esto de generar una nueva música a partir de géneros tan disimiles como el jazz, el funk, el tango o el candombe
Mirá, eso es algo no planeado que forma parte de las influencias personales. Era como te decía acerca de que a mí me gustaba toda esa movida de Miles Davis, pero es como que uno siempre quiere darle como un “gusto local” a esa cosa. Y, además, como me gusta el candombe, me gusta la chacarera, y muchas cosas del tango, también; y, a veces, pasa que me salen temas por ese lado. Por eso en mis discos de la Giusti Funk Corp. hay varios tangos o folklores. Por ejemplo, en mi primer disco estaba “Chacarera Virtual” que era un solo de bajo que yo fui agrandando hasta que se convirtió en un tema con melodía y todo. 

¿Cómo fue salir a tocar con una propuesta musical como la de la Giusti en los ´90? 
Se podía tocar mucho más, ahora está muy complicado para tocar. Antes del 2000 era mucho más fácil llenar un boliche, y esto es algo que le pasa a todo el mundo. Antes tocábamos y hasta quedaba gente afuera. Pero, bueno, cambió el país. Luego de los ´90 se cerraron como cien mil pymes, vino (el gobierno de) De La Rúa, pasó lo de Cromañón, se puso todo más duro para tocar… Ahora no queda otra que hacerte tu lugar, no queda otra. Sin embargo, ya no hay tantos lugares para tocar. Obvio, hay varios lugares para tocar rock, pero con respecto a lo que yo hago, que es música instrumental, está bastante más acotado. Igual, por suerte sigue habiendo algunos lugares. Por eso la idea es usar el ingenio y salir adelante. De hecho, estoy planeando grabar un nuevo disco con el material que estamos tocando ahora en vivo.

JUNTARSE UN POCO MUCHO 

A la hora de grabar un disco, ¿cómo lo pensás? 
Cuando tengo una determinada cantidad de temas como para armar un disco lo saco a la cancha. Voy componiendo sin una planificación. Siempre hay tango, funkies, temas latinos… El hilo conductor es la banda misma, y también como uno hace cada uno de los arreglos de los temas. Ahora, para el próximo disco se me ocurrió meter un par de temas cantados, como para darle una vuelta de tuerca a la cosa. También tengo la idea de versionar un par de temas. Como, por ejemplo, “Jugo de Tomate Frio”, que lo venimos tocando ya hace un tiempo en versión funky, así como “Purple Haze”, el clásico de Jimi Hendrix. Por eso, ya vino a cantar con nosotros, un par de veces, Claudio Ledda, el ex cantante de La Groovisima. A veces canto yo también, aunque la idea es hacerlo con una lista de cantantes invitados, como Mavi Díaz –quien ya cantó un par de veces con nosotros- o Claudita Puyó… 

Luego de Barrio Funk, grabaste otros 3 discos (Arrabal Eléctrico, 1999; Plan C, 2004; y Grande de Fuzza, 2008) ¿Qué balance hacés de la trayectoria de la Giusti Funk Corp.? 
En definitiva, en este proyecto hago lo que a mí me gusta, todo lo que grabé fue aquel material que más me gusta y con el que más me siento cómodo. Siempre fui siguiendo ese camino y, por otro lado, es lo que me sale. 

¿Qué bajistas argentinos te gustan? 
Un montón son buenísimos. Por ejemplo, Guille Vadalá, que es un capo muy groso, un tipo que toca re bien slap o fretless, es muy versátil; después, por supuesto, Javier Malosetti es una maza, y me gusta mucho verlo en vivo; el Gordo Maza es genial, me encanta; otro que es muy buen bajista es Alejandro Herrera; y también Gustavo Giles, otro capo… 

Sí, por supuesto. Aznar es un prócer, ya a los 18 años era un genio, se tocaba la vida. Me había olvidado de nombrarlo porque ahora está mucho tocando la guitarra y cantando, pero claro que es un referente ineludible del bajo. 

¿Y hoy que música preferís escuchar? 
Depende de mi estado de ánimo, viste. Sigo escuchando alguna de las cosas viejas que escuchaba cuando era un pibe. Tengo mis épocas… A veces se me ocurre hacerme una panzada escuchando todo Beatles, o llego y me pongo 3 discos seguidos de (Dave) Holland, el famoso contrabajista. Escucho de todo, incluso cosas que me traen mis alumnos. Siempre me intereso mucho por los bajistas. Por ejemplo, me gusta mucho lo que está haciendo Victor Wooten o Marcus Miller, a quienes siempre está bueno verlos porque es lo que está sucediendo ahora. Pero bueno, uno se vuelve ecléctico, y capaz de escuchar a Marcus Miller termino escuchando uno de Joni Mitchell, también. Lo que pasa es que con las posibilidades que da el Mp3 uno se termina armando varios listados de temas. También, en música clásica, yo soy muy fanático de (Johann Sebastián) Bach, un compositor descomunal… 

¿Qué recordás de tu paso por la revista Music Expert? 
Escribir en esa revista me posibilitó estar en el programa de televisión que fue como la escuela ideal para todo músico. Me encantaba grabar ese programa. Nos juntábamos desde la una de la tarde hasta las 8 para grabar y hacíamos 2 o 3 programas. O sea que eran 2 o 3 semanas juntas en una misma tarde. Tocábamos con varios músicos. Venía un pianista francés, podía estar Ricardo Mollo o Luis Salinas. Estaba bueno porque tocábamos rock, jazz… 

¿Ensayaban o se resolvían sobre la marcha los temas? 
No, excepcionalmente ensayábamos el mismo día. Sino lo hacíamos en el momento. Por ejemplo, el día que vino (Rubén) Rada me dieron el tema que iba a hacer a la mañana para que lo tenga para la tarde. O me acuerdo de una vez vino (Adrián) Barilari y sacamos “Oh, Darling” de los Beatles de una semana a la otra. 

¿Por qué no siguió? 
Duró muchos años pese al maneje socio-económico del contexto. En total, duramos 4 años en total, algo que en ese medio es mucho. Además estuvo bueno porque iba por (el canal) Music Country que era una alternativa. Hoy por hoy, por ejemplo, los canales de música sabemos que están manejados por las grandes compañías discográficas multinacionales, pero ese era otro paradigma. Ese era un canal donde veías un concierto de Jimi Hendrix, documentales de Yes o de los Stones, pasaban cosas rarísimas. 

¿Alguna vez te buscaron de una banda muy conocida? 
No. Lo que yo hago es lo que me gusta hacer, desde que tengo 14 años, cuando agarré por primera vez este instrumento. Por eso, en algún punto, no estoy defraudando ese deseo que tenía cuando era chico, y sigo haciendo lo que me gusta en música. Igual, si se da para tocar en alguna situación con alguien, está todo bien, se podría llegar a hacer. 

¿Qué preferís en la música instrumental, el virtuosismo, la simpleza, o un equilibrio entre ambos mundos?
En mi caso, siempre en mis discos trato de buscar un equilibrio. Por ejemplo, si escuchas un disco mío vas a ver que está lleno de solos de bajo, pero también hay solos de los otros músicos. A veces, arrancamos con todo, luego bajamos un poco, como que le buscamos una “curva” a la cosa para no aburrir –tanto en las composiciones como en los arreglos- haciéndolo de una forma que sea interesante, además de tener su cuota sofisticada, claro… 

¿Además de grabar un nuevo disco, cuáles son tus otros proyectos a futuro? 
Aparte de la Giusti Funk Corp. estoy con la idea de grabar un disco de tango. Porque ya tengo unos cuantos tangos grabados y un par más sin grabar. Ya veré como sale. Serían tangos, en su mayoría instrumentales, y algunos más con letra. Mi idea sería hacer tango pero con un enfoque parecido a lo que hago en la Giusti, con batería e instrumentos eléctricos. También tengo ganas de armar algún tipo de enseñanza virtual de música por internet. Por eso ya estuve hablando con un par de personas que se dedican a eso, pero vamos tranquilos proyectando el futuro.
Secuencia Inicial.-

JOHN CALE - SHIFTY ADVENTURES IN NOOKIE WOOD (2012)


John Cale es un artista que siempre se mantuvo en el camino de la vanguardia, en contadas ocasiones vuelve su cabeza para observar sobre su hombro y contemplar el pasado, el músico gales siempre mira hacia el futuro y eso esta claro en cada nuevo trabajo que nos entrega.
Después de co-liderar  a fines de la década del sesenta a los imprescindibles The Velvet Underground junto a Lou Reed, creando esa mezcla perfecta de melodías pop con guitarras distorsionadas, cimentando el gen del noise pop que influenció a cientos de bandas como Sonic Youth, Radiohead o The Jesus and Mary Chain. En 1970 y tras abandonar el grupo por diferencias con Reed, Cale da inicio a su carrera como solista con Vintange Violence, pero sería en 1973 que lograra su pico de creatividad con el fundamental París 1919. Los álbumes del Cale solista cuentan con los más variados matices, desde canciones acompañadas con guitarras acústicas y pianos hasta sonidos experimentales que rozan la composición avant-garde heredada de las enseñanzas que el músico recibió de colegas como John Cage y La Monte Young,  se destacan dentro de su inmensa discografía discos como Slow Dazzle (1975). Helen Of Troy (1975) y Music For A New Society (1982).
En el año 1990 volvió a reunirse con su compañero de ruta Lou Reed para grabar Songs For Drella un trabajo conceptual en homenaje al gran artista plástico Andy Warhol fallecido en 1987. Otro punto alto en la carrera de Cale llegaría también ese mismo año al cuando editó junto al ex tecladista de Roxy Music Brian Eno el álbum Wrog Way Up.
Tras siete años sin editar materia nuevo su último trabajo Black Acetate data del año 2005 el ex Velvet Underground nos presenta Shifty Adventures in Nookie Wood. El comienzo es con una de las mejores canciones que Cale a compuesto en años “I Wanna Talk 2 U” producida por Danger Mouse (productor de Gorillaz, The Black Key y Gnarls Barkley entre otros) quien le imprime un sonido pseudo funky con bases electrónicas y la inconfundible voz profunda de Cale logrando un corte que suena fresco y moderno, cosa que no pasa con el resto del álbum que queda en manos de la producción del propio Cale. ¿Por qué no produjo todo el álbum Danger Mouse? Eso nunca lo sabremos. La edición de este nuevo trabajo estuvo precedida por el Ep Extra Playful editado el año pasado el cual contiene cinco temas a modo de anticipo de lo que sería este nuevo trabajo, mostrando el costado mas pop y cancionero del gales. Pero volviendo a este nuevo disco, el abuso de bases electrónicas y auto-tune en canciones como “December Rains”, “Mothra” o “Living With You” hacen que este nuevo disco sea un tanto empalagoso y no contenga los condimentos habituales que esperamos en un disco de John Cale, esa dosis de riesgo sonoro que encontramos en casi todos sus álbumes prácticamente están ausentes en esta obra. Salvo el primer corte y canciones como “Nookie Wood” o “Mary” donde encontramos a un Cale atmosférico y espacial, el resto del álbum es bastante lineal y previsible para un artista cultor del ruido y la experimentación.
Lean Ruano.-


KISS – MONSTER (2012)

Ahora que ya ha pasado la Kissmania desatada por la quinta visita a nuestro país del legendario cuarteto estadounidense podemos parar la pelota y analizar con detenimiento su último álbum Monster, aparecido en octubre. Para empezar, no cabe dudas que estamos en presencia de un gran álbum de rock visceral y efectista, es cierto, pero con una calidad musical incuestionable. Se los podrá acusar de miles de cosas, de ser banales, comerciales u previsibles, pero lo que está claro es que Kiss hace rato que sabe cuál es su kiosquito, y no se va a mover ni una pulgada de ahí. En el caso de Monster, este álbum revela el excelente momento anímico y musical que está atravesando el grupo con esta última formación que incluye, además de los eternos Paul Stanley (guitarra rítmica y voz) y Gene Simmons (bajo y voz), a Tommy Thayer (guitarra solista y voz) y Eric Singer (batería). Apartados del grupo los incorregibles Peter Criss y Ace Frehley, parece que con Singer y Thayer, Stanley y Simmons encontraron los acompañantes ideales -y menos conflictivos que los anteriores- como para seguir roqueando en gran nivel. Por algo sorprende –o quizás no tanto- que hayan decidido jugarse y, además de los clásicos infaltables, presentar nada menos que 5 canciones de esta nueva producción, cuando de discos anteriores, como Psycho Circus, apenas si tocaban 2 temas en vivo. Y es que Monster redobla la apuesta de Sonic Boom (2009), y no nos da respiro a lo largo de su repertorio compuesto por 12 canciones. Desde la brillante apertura con “Hell or Hallelujah”, en donde estos superhéroes maquillados parecen burlarse de las diatribas que les podrían enviar algunos grupos religiosos acusándolos de blasfemos. Aquí, desde el mismo comienzo, Stanley hace uso y abuso de la magia del estudio de grabación y con la tecnología logra que su voz siga sonando tan apabullante como en los buenos tiempos, algo que en el vivo, lamentablemente, ya no ocurre. Ya sea que en estudio Paul se tome más tiempo para cantar, o debido al cansancio de las giras, es terrible comparar, y casi surrealista, la voz indestructible del cantante en Monster con ese registro gastado y roto de casi todos los shows de Kiss, de un tiempo a esta parte. Sin embargo, algo que no perderán nunca Stanley y el lengüilargo de Simmons es ese carisma intacto que nos vienen mostrando desde hace casi 40 años. Esto se aprecia en “Wall of Sound”, un explosivo tema, que además de homenajear con su título a Phil Spector, recuerda lo mejor del Kiss de Revenge, el disco que los puso nuevamente en órbita en 1992. “Freak” es un tema que tiene un ritmo cansino que detona en un estribillo arrebatado, cantado a trío por Stanley, Simmons y Thayer. “Back to the Stone Age” es otro rock divertido de Simmons a la “Domino”, y en “Shout Mercy” Stanley se calza las plumas, pinta sus labios y nos prende fuego con este impresionante rock que envidiaría haberlo compuesto Lenny Kravitz. “Long Way Down”, parece más simple, pero tiene un par de guitarras “zeppelinescas” que sorprenden.
Hasta acá, todo bien, y eso que ni llegamos a la mitad de un disco que continúa con “Eat Your Heart Out”, con ese irresistible comienzo cantado por los 4 a capella y esa intro setentosa que recuerda al grupo de Rock n´ Roll Over; y “The Devil is Me”, en donde Simmons se vuelve a poner en la piel de esa bestia salida de la peor película de terror que cualquiera haya visto, con otra composición en la tradición de las recordadas “God of Thunder” o “I Love Loud”. Por su parte, “Outta This World” es la oportunidad para que Thayer se calce el traje dejado vacante por Frehley y emprenda un viaje espacial en donde no faltaran los guitarrazos interestelares y los facing más setenteros que te puedas imaginar. ¡Cohetitos explotando en el diapasón! Sin dudas, Thayer se muestra cada vez más asentado personificando el papel de Ace, sin vergüenza y con calidad. Luego llegará el turno de Eric Singer, quién se luce en ese himno “All for the Love of Rock & Roll”, brillante declaración de amor hacía el género, y un tema que parece sacado directamente de la banda sonora de That´s ´70 Show, en donde el ex rubio Eric demuestra que además de ser un excelente baterista es un muy convincente cantante (mucho más que lo que lo fue jamás Criss). En la efectista “Take me Down Below” (con Paul y Gene cantando en forma alternada como en los viejos tiempos) vuelve el sonido Revenge, y Simmons sale de noche en su convertible a gritar obscenidades a las chicas que pasan. Para el final queda “Last Chance”, el beso de despedida de Stanley, otro tema que no es más que un mero trámite para llegar a lo que más nos interesa: el estribillo (además de un brillante solo de Thayer que parece un “outtake” de Love Gun). 
Punto final para un disco bueno que sorprenderá a propios y ajenos. No será un clásico de la envergadura de Destroyer, pero igual se saca un “Alcanzó Muy Satisfactoriamente”. Según Stanley, Monster es realmente la culminación de todo lo que esta banda ha sido en el pasado y hacia dónde vamos. Potente, fuerte, melódico y épico. Y sin embargo a la altura de algunas de las mejores cosas que hemos hecho. Es Kiss”. Algo que no es poco, ¿no? Habrá que escuchar atentamente, nomás…
Emiliano Acevedo.-