Seguinos vía Facebook

Buscanos en Facebook como Secuencia Inicial y agreganos a tu perfil, compartimos videos y novedades.

lunes, 27 de agosto de 2012

LAS CLAVES DE UN MUSICO BIEN ILUSTRADO, entrevista con Axel Krygier



Axel Krygier (Buenos Aires, 1969) es un músico multifacético, compositor e intérprete argentino, siempre abocado a la grabación y las performances en directo. Será por todo eso que, debido a su incesante labor profesional, parecía bastante complicado poder llevar a cabo (y terminar) esta entrevista, que comenzó, vía chat, en diciembre del año pasado. Sin embargo, no nos rendimos y seguimos adelante en nuestro empeño para que Axel formara parte de nuestra sección Conversaciones Iniciales. Y por fin se dio, gracias también a su interés, ganas y buena onda, poco antes de que emprendiera un viaje a Europa… Así pudimos conseguir que repasara con nosotros toda su trayectoria como músico. Desde sus comienzos juveniles hasta su actualidad como respetado músico solista, además de su trabajo como compositor de bandas sonoras de filmes y obras teatrales; aquí está la voz y la visión de un artista muy especial. Porque Krygier no es solamente una persona inquieta, a secas, sino también un autentico explorador de diversas texturas y ámbitos musicales, un tipo totalmente ajeno a cualquier indicio de anquilosamiento. Estas son solamente algunas de las razones por las que es un placer para este blog publicar esta nota. Nada más ni nada menos… 
Por Emiliano Acevedo.-

BENDITA EDUCACIÓN MUSICAL 

¿Como fueron tus inicios en la música? 
Con mi familia íbamos a muchos recitales. Así, a los 10 años ví a Jaco Pastorious en Weather Report usando una máquina de eco y eso me partió la cabeza. Ya desde ese entonces el uso de tecnología en la música me resultó muy atrayente. Otro hito que recuerdo fue ver a Egberto Gismonti tocando la flauta traversa, a dúo con su flautista. Ahí me morí y le pedí a mis padres que me regalaran una flauta traversa. Así fue que en el secundario comienzo a tocar con la orquesta del colegio. Allí conocería a los que serían mis colegas durante muchos años. Por ejemplo, Alejandro Terán, con quién formamos los vientos de varios grupos, desde Los Cafres a Soda Stereo pasando, claro, por La Portuaria y Los Pericos. En esa época, básicamente, nos divertía improvisar y crear nuestras propias deformidades. Mientras tocaba cono esos grupos que te mencioné también comencé a grabar mis propios temas, pero pasaron algunos años hasta que me animé a publicar mi música. Además, esto justo coincidió con el avance tecnológico, a nivel de la grabación casera, que a nivel de la edición también favorecería la aparición de muchos sellos independientes que tenían ganas de publicar lo que los músicos estaban haciendo en sus casas.

¿Pensás que el clima de ebullición artística y musical que se vivía en ese colegio secundario de Vicente López, del que surgirían tantos grupos que se harían famosos luego, estaba íntimamente relacionado con esa época, pero que ahora seria más difícil que ocurriese un fenómeno semejante? 
Bueno, pienso que como en todas las cosas, en la música tienden a armarse ambientes, círculos. Creo que lo que ocurrió en ese tiempo fue que la gente de un determinado grupo social se terminó juntando en un mismo colegio. Para mí, ahí lo más interesante fue toda la mixtura que se generó porque era un colegio del estado, y que estaba ubicado en el Conurbano, del lado de la provincia, no en Capital. Por eso podía aparecer allí, por ejemplo, un tipo como Terán, que, en cierto modo, era todo lo opuesto a mi origen, y tocar conmigo. Ese sería el caldo más rico: juntar un poco de belgranenses “hijos de intelectuales” (aunque este mote sea un tanto inexacto) con otra gente de pocos recursos pero con talentos inmensos. 

Justamente, en la entrevista que le hicimos, Alejandro nos contaba de esos años que compartieron en el colegio. También te recordó Pol Medina –otros de nuestros entrevistados-, quién contó como vos le recomendaste a un eminente profesor de piano llamado Klaus. ¿Cómo es esa historia? 
Pasó que, después de estudiar durante más de 8 años la flauta traversa, decidí que ya era suficiente, que yo no quería ser concertista de ese instrumento. Así fue que me metí a estudiar armonía, audioperceptiva, etc. Hasta que a los 20 años me di cuenta de que yo no sabía armonizar una melodía, que a pesar de conocer la teoría no podía acceder a ese conocimiento de forma práctica. Ahí apareció Klaus Cabjolsky en mi vida. Klaus había sido el profesor de piano de Marcelo Arbiser, alias El Colo, a quién conocí a través de Tom Lupo y Luca Prodán. Fue en ese programa de radio en donde nos encontramos, el lugar donde el Colo estaba haciendo una imitación de Klaus.  Cuando nos conocimos un poco más, un día me llamó para decirme que ya le había avisado a Klaus que yo lo llamaría por teléfono. Así fue que una tarde llegué al oscuro departamento del gran Klaus, ubicado en el edificio Calmer, en Defensa y Belgrano, pleno barrio de San Telmo. Al principio me dio miedo, pero, a las pocas clases, ya estaba anotando cada frase que me decía. Él te enseñaba usando unas metáforas increíbles y graciosas como, por ejemplo, una que decía que los dedos eran marineros cargando bolsas de papas, y súbitamente (había que pasarles) ¡¡¡más papas, más papas…!!! Klaus tenía un conocimiento increíble de las obras de Bach, Beethoven, Mozart, etc.; y siempre insistía con su lema sobre el deber de "hacer de cada toque un acontecimiento". Por todo eso, siempre, el conocimiento clásico de Klaus me apabulló, y durante años intenté absorber todo lo que más podía de su persona. También yo comencé a imitarlo. Por todo eso creo que se convirtió en una presencia omnisciente en mi vida durante aquellas épocas. Por eso lo recomendé como profesor de piano a muchos, y así llegaron a estudiar con él gente como Pol Medina, Christian Basso, Juan Pablo Absatz, etc... 

¡¡¡ECHALE SEMILLA, NOMAS!!! 

Habiendo tocado flauta traversa y piano, ¿que grupos y artistas te gustaba escuchar en esas épocas? Se me ocurren ejemplos como Focus, Jethro Tull, obvio, Los Beatles... ¿Cuáles más? 
King Crimson, Gong, Genesis, Peter Gabriel, Pescado Rabioso, Almendra, Manal, Charly (García)... Y no pasaría mucho tiempo hasta llegar a David Bowie, Talking Heads, Laurie Anderson, Lou Reed, y el primero de Los Twist, Fricción, Soda, y todo el ochentismo tan querido; pero eso ya estaba más cerca, gracias al gran (Fernando) Samalea, que fue un pilar en mi desarrollo…

¿Y de que manera Samalea fue crucial en tu crecimiento musical? 
Primero, porque me invitó a ver a Fricción en el Stud Free Pub, un lugar donde pude darme cuenta en un minuto de que me tenía que cortar el pelo… (risas) Y, luego, porque me insistió para que le llevara mi material a Javier Tenenbaum, quien en ese momento estaba comenzando a pensar en armar un sello discográfico. Además, más tarde, sumándose al Sexteto Irreal, Fernando le dio un sentido y un power al proyecto, que jamás hubiera tenido sin su presencia. Es un capo, ¿que más te puedo decir? 

Apenas terminas tu época estudiantil, en ese colegio de Vicente López, ¿arrancas de lleno con tu actividad como músico profesional o antes tuviste que trabajar de otra cosa? 
No, no terminé, duré hasta 3er año, así que mi etapa estudiantil no duró tanto... Pero, por suerte, mis viejos lo entendieron y me pagaban las clases de piano y flauta. Así que sí, me dediqué de lleno. Yo venía ensayando tanto que si seguía en el colegio no hubiese tenido tiempo para estudiar y eso me angustiaba. 

¿Había antecedentes musicales en tu familia? 
Tan solo por gusto, mi viejo tocaba un poco de guitarra y piano, y mi vieja era muy amante de la música clásica, sobre todo; mi abuela tocaba el piano, y quizás mi abuelo había tocado el clarinete cuando joven, pero nadie se había puesto en serio a desarrollarse como músico antes que yo… 

¿Cómo y cuando se forma Instrucción Cívica? 
Bueno, Kevin Johansen iba al mismo colegio que mi hermana, y por ella se enteró de que yo era flautista. Así fue como decide contactarme porque él estaba queriendo armar un proyecto más tranqui en plan solista, medio en una onda folklórica. Yo acepte su propuesta y fui a un ensayo, y ahí nos hicimos amigos. Luego, yo le presenté a Terán para el grupo de rock, que en ese entonces todavía se llamaba Zaratustra y que al grabar se convertiría en Instrucción Cívica. En ese primer disco, yo me tuve que contentar con grabar la flauta en un tema, y al poco tiempo me pude comprar un saxo, y enseguida ya estábamos haciendo giras… 

¿Y por qué se separaron? 
Fue por un desacuerdo entre Kevin y Julián Benjamín, los lideres del grupo. 

SENDERO LUMINOSO 

¿Cómo resumirías tu paso por La Portuaria? 
Comencé a tocar con La Portuaria como invitado en la sección de vientos tocando el saxo barítono; fue durante las últimas presentaciones de Rosas Rojas (1988), su primer disco. A eso le siguió la grabación de Escenas de la Vida Amorosa (1991), en donde pude integrarme creativamente haciendo algunos arreglos y coros. Ese fue el momento más idílico de mi paso por el grupo. Luego vino Devorador de Corazones (1993), donde los músicos invitados (Sebastián Schachtel, Alejandro Terán y yo) fuimos integrados full time a la banda. Con ese disco hicimos una gira inmensa que concluyó con un mega show en el estadio Obras, que incluyó la participación del grupo De la Guarda. Con ese envión fuimos a New York a grabar Huija (1996). Esos fueron días muy agradables, compartiendo la caminata matinal hacia el estudio en pleno Soho, con mi amigo Terán. Además, luego, se hicieron lindas presentaciones de Huija, pero el grupo ya comenzaba mostrar una disfuncionalidad evidente. En el ´96, más o menos cinco años después de mi llegada, el grupo, finalmente, se separó. Años después fui invitado a la reunión de La Portuaria, pero yo ya había comenzado mi camino solista y no me tentó la idea. 

Poco después de la separación de La Portuaria acompañaste a Soda Stereo en su última gira, en el ´97. ¿Qué recordás de esa experiencia? 
De mi experiencia con Soda recuerdo con cariño todo el proceso; desde los ensayos con el grupo en el agradable estudio de Belgrano, a los viajes ultra organizados, y los mega conciertos. Me sorprendió mucho la libertad que teníamos para hacer los arreglos, y la calidez de los tres sodas. El equipo que viajaba junto a ellos era genial: Edu Bergallo en monitoreo, (Eduardo) Capilla como encargado de la puesta en escena, Tweety (González), Terán… Fue todo muy divertido y muy intenso. 

¿Cómo fue el proceso de grabación de Secreto y Malibú (2003)? 
La grabación de Secreto y Malibú se realizó al mismo tiempo que se iba creando la obra homónima de danza-teatro; yo generaba temas en base a las ideas propuestas, y enseguida los probábamos en ensayos con las bailarinas. Para la edición del álbum, re-trabajé la forma de los temas más allá de las exigencias de la pieza. 

Hablando de eso, ¿cómo pensás la música que escribís para las bandas sonoras de las películas, las obras de teatro y danza? ¿Te dan el guión antes, o un esbozo de idea? 
Para componer la banda original de una película, se parte del guión y de conversaciones con el director, donde se decide la instrumentación y el color general de la música. Se escuchan referencias, propias o ajenas. Luego el trabajo se realiza con la película ya completamente editada (aunque esto no siempre es así). Voy pasando mis bocetos sobre la imagen al director, y una vez aprobados se graba la versión definitiva. Desde ya, esto es aproximativo, porque hay muchas maneras de resolver un score. En una obra de danza o teatro, en general se trabaja de forma simultánea; asisto a los ensayos y vuelvo con ideas y bocetos que se prueban y se modifican según haga falta, hasta llegar a una forma definitiva. A diferencia de la realización de mis álbumes, donde me tomo muchísimo tiempo para editar y mezclar, en la danza y el teatro, así como en el cine, la velocidad de producción es muy alta. 

¿Y cómo pensaste tu disco Zorzal (2005), de donde surgió tu inspiración? 
Zorzal fue concebido durante mi estadía en Barcelona, lugar en el que las culturas árabe y africana tienen mucha presencia. Fue en esos tiempos en los que escuché por primera vez las viejas grabaciones de Ethio Jazz de Mulatu Astatke, al tiempo que compartía jams con músicos africanos y árabes. Todo eso influyó sobre el color general del disco. Después, volví a vivir a la Argentina y me rencontré con Samalea, con quien grabé las baterías; y luego trabajé arduamente con Manuel Schaller en la post producción. 

RE-FORMANDO LA MÚSICA 

¿Cómo llegaste a elaborar en tus trabajos esa mixtura de estilos que incluye música criolla, la canción francesa y el a gogó
La mezcla de estilos tiene su origen en la variedad de mis gustos. Cuando era adolescente, tocaba la flauta en un grupo de folklore y me gustaba muchísimo; y al mismo tiempo era fan de la new wave y tocaba el saxo en un grupo de rock. Cuando empecé a grabar mis cosas busqué comunicar los dos universos a los que pertenecía. Con el tiempo fui sumando otros mundos musicales, adoptando nuevos grooves y estilos, descartando unos y conservando otros. Es como hacer un fuego, para que dure hay que aportar nuevas ramas. 

¿Cómo definirías la música que hacen en el Sexteto Irreal? 
El Sexteto Irreal es un grupo netamente de performance en vivo, y su punto más fuerte es el de la improvisación, ya sea a partir de una composición de alguno de sus integrantes, como también en la invención de temas en el mismo instante de tocar. El Sexteto no ensaya, hace “ensa-shows” (sic). 

¿Cuáles son los planes del grupo a futuro? 
Los planes del Sexteto dependen del sexto integrante, Frank Di Pascuale, manager de la banda, que cual Charly a sus Angeles, nos dice: “Muchachos, tenemos una misión…” 

Alguna vez dijiste que al rock argentino le faltaba riesgo. ¿Seguís pensando lo mismo? 
Lo de “al rock argentino le falta riesgo” fue una afirmación que respondía no me acuerdo a qué reflexión, pero que no me parece cierta. Al que le falta riesgo es al periodismo musical de los medios más o menos masivos, que no hace crítica de conciertos, y permanece cerrado a lo que no sean tendencias evidentes. 

¿Qué canción de otro te hubiese gustado escribir a vos? 
Al escuchar una bella canción el placer es tan grande que uno puede llegar a desear haberla escrito o a reprocharse el no haber escrito algo tan bello; pero, finalmente, pienso que componer música tiene algo único como la huella dactilar, es decir, a cada uno le corresponde decir lo suyo. Dejando esa cháchara de lado, “Total Interferencia” (del disco Piano Bar (1985), escrita por Charly y el Flaco Spinetta (al menos está firmada por ambos), es una de las más bellas canciones que conozco, pero… Qué lindo que la hayan escrito ellos, ¿no? 

Elegí, una película, un libro, un disco y un concierto que te hayan marcado 
Demasiados libros, pelis y conciertos me han marcado. Aquí va pues mi arbitraria selección: Una película: “District 9” de Neill Blomkamp. Un libro: “Guerra y Paz” de León Tolstoi. Y un concierto: Serú Girán y Spinetta Jade en Obras, 1980. Yo tenía 11 años… 

¿En qué estás trabajando ahora? ¿Cuales son tus proyectos en el futuro inmediato? 
En octubre termina la gira europea de presentación de mi disco “Pesebre” (2009), que vengo llevando a cabo desde el año pasado junto a Juan Ravioli (guitarras y coros) y los franceses Jean Thevenin (batería) y Mat Warsky (bajo, teclados y coros). A lo largo de unos 50 conciertos fue constituyéndose un auténtico grupo, diría que el primero en el que me siento verdaderamente contenido. Mientras tanto estoy maquetando y pre-produciendo lo que será mi próximo álbum. Cuento con la ayuda de Juan Ravioli, y el plan es realizar grabaciones con el grupo, algo muy distinto de lo que hice en mis discos anteriores.
Secuencia Inicial.-

PATTI SMITH - BANGA (2012)

La princesa del punk esta de vuelta, en realidad nunca se fue aunque su último trabajo con canciones de su autoria data del año 2004 Trampin, y entre medio nos había entregado aquel disco de covers en homenaje a algunos de sus autores preferidos (Kurt Cobain, Jagger / Richards y Hendrix entre otros) llamado Twelve (2007), ella siempre estuvo presente más dedicada a la escritura que a la música es verdad, editó su autobiografía “Eramos unos niños” libro en el cual refleja sus años junto al fotógrafo Robert Mapplethorpe en la Nueva York de los años 70’s o filmando “Socialism” (2009) bajo las órdenes de Jean-Luc Godard
Cuando Patti Smith saltó a la luz en el mundo de la música a mediados de década del '70 con el imprescindible Horses - el cual estaba producido por el Velvet Underground, John Cale - la escena musical neoyorquina giraba en torno al mítico club CBGB de Manhattan, lugar donde una joven Smith entablaría amistades con los mas diversos músicos de la ascendente escena punk y new wave que terminaría explotando a finales de esa misma década con bandas como Television , Ramones o Talking Heads un verdadero semillero de grandes artistas. 
Ahora nos llega su trabajo número once Banga, título inspirado en el perro de Poncio Pilatos de la novela “El Maestro y Margarita” del escritor soviético Mijail Bulgakov. Desde su renacer musical en 1995 Patti Smith, viene siendo recurrente con su temática en las letras de sus canciones continuamente navegando alrededor de los homenajes a sus seres queridos difuntos o a otros artistas que la hayan marcado e influenciando a lo largo de su carrera. En esta ocasión la cosa no es menos, hay tributos a Amy Winehouse en la canción “This is The Girl”, en“Maria”a la actriz Maria Schneider reconocida por su labor en la película “El Último Tango en París” (1972) junto al genial Marlon Brando y fallecida el año pasado, así también al cineasta ruso Andrei Tarkovski en “Tarkovski (The Second Stop is Jupiter)” inspirada en una idea original del músico vanguardista Sun Ra. 
Este nuevo trabajo es mas reposado por sus arreglos de cuerdas, sus guitarras acústicas y canciones con tonadas mas pop como “April Fool” acompañada por la guitarra de Tom Verlaine, también se destaca el tema “Banga” de lo mas filoso que podemos encontrar en el álbum con Johnny Depp en guitarra y batería, y como no podía faltar algún cover el disco cierra con “After The Gold Rush” el clásico de Neil Young uno de los compositores preferidos de la Smith. Quien por mas que siga escribiendo sobre la muerte esta mas viva que nunca. 
Lean Ruano.-

lunes, 20 de agosto de 2012

IMPRESIONES JAZZERAS, entrevista con Ricardo Nolé.

El espacio DAIN Usina Cultural, ubicado en el barrio de Palermo, es un lugar ideal para deleitarse con un buen show de jazz mientras se cena con amigos, o con la pareja, o mientras se ojea algún ejemplar del impresionante catalogo de su librería. Así, entre amigos, tragos y lecturas, se puede disfrutar de momentos mágicos en donde se dan cita uno o más músicos de excepción, a dar alguna clínica de instrumento o a juntarse en una magistral perfomance. Eso fue lo que ocurrió el viernes 11 de mayo de 2012, cuando Ricardo Nolé (piano), Alejandro Herrera (bajo) y Horacio López (batería) deleitaron a la audiencia con un exquisito repertorio que incluyó gloriosos temas propios, así como impecables versiones del material de Coltrane, Herbie Hancock o Los Beatles. Ahí también estuvo presente Secuencia Inicial, por eso, luego de finalizada su actuación –mientras la gente se iba retirando, los músicos desarmaban y guardaban sus equipos, y los mozos acomodaban las sillas y mesas- compartimos una interesante charla con uno de los protagonistas de la velada: Ricardo Nolé. Un músico con un impresionante curriculum y una dilatada trayectoria en el universo jazzistico. Obvio, tocó con todos. Un poco de eso, del pasado, pero también mucho del presente musical de este género, así como de su trayectoria personal, hablamos con este artista, quién nos dejó estas interesantísimas impresiones que hoy les brindamos en esta apasionante entrevista.

Por Emiliano Acevedo.-
¿Cómo te iniciaste en la música? 
A los seis años me sentaron en el piano y me obligaron a estudiar, sino no hubiera estudiado nunca. Así de simple. Lo que pasa es que yo vengo de una familia de músicos. Mi padre (Panchito Nolé) es músico, mi abuelo tambien lo fue, mi tío y mis primos tambien son músicos...

¿Y cuáles fueron los primeros músicos que te impactaron, de chico? 
Yo quería ser pianista clásico, por eso empecé estudiando música clásica. Esa idea mía de ser pianista de música clásica duró hasta que, a los 14, 15 años, escuché por primera vea al Quinteto de Miles (Davis), en el que estaban (John) Coltrane, Red Garland, Paul Chambers y Philly Joe Jones; y a un trío brasileño que hacía bosanova. Bueno, estos fueron los grupos que me marcaron y me hicieron tomar la orientación musical que sigo hasta el día de hoy.

¿Ya ahí empezaste a entusiasmarte con la fusión? 
Sí, porque me encantaba como tocaban los brasileños, como fusionaban la samba con el jazz. Yo después empecé a hacer lo mismo con el cambombe, fusionándolo con el jazz.

En la actualidad, ¿qué espacio ocupa la música clásica en tu vida? 
Un lugar muy importante. Es más, debido a eso ahora tengo un dúo de música de cámara con una chica que toca trompeta y piano. Amo la música de Chopin, me gusta Beethoven... Bueno, me gustan todos...

Hace poco, en una entrevista que le hicimos a Ricardo Lew, él recordaba con mucho cariño la época en que formaron parte de la banda de Rubén Rada, ¿qué recordás vos de aquellos tiempos? 
Sí, los diez años que estuve tocando con Rada fueron impresionantes. Antes de eso, yo estaba viviendo en Europa. En resumen, volví acá de paseo, porque no tenía pensado quedarme. Sin embargo, llegué en enero del ´82, y a los pocos días, (en febrero de ese mismo año) ya me enganché con la banda de Rada; y me quedé viviendo acá hasta hoy... Lo que pasó es que (Rubén) justo estaba armando su banda nueva. Ahí me sumo yo, como pianista y arreglador; y también entró (Osvaldo) Fattoruso (batería). También estaban Beto Satragni (bajo) y Lew (guitarra). Ese sería el grupo que acompañaría al Negro durante años. Esa fue una experiencia en la que nos divertíamos mucho. Era otra época, también. Había más trabajo... Era otro momento, otra era... (risas) 

Además, Rada, en su momento de mayor auge, les daba lugar para que ustedes se lucieran... 
Sí, porque en esa época tocábamos mucho en pubs, y además de hacer los temas que estaban de moda, también hacíamos el otro repertorio de Rada que tenía más que ver con el cambombe-jazz fusión. Alternábamos los temas más comerciales con ese otro material.

¿Pero porque decías antes que aquellos tiempos de la banda de Rada era “otra época”? 
Porque ahora Rada está muy comercial. Claro, le ha ido bien, ha ganado mucho dinero; pero la diferencia es que -aunque en esa época también hacíamos cosas comerciales- también hacíamos esa otra música suya, más cercana al tipo de material que se podría presentar en un festival de jazz, a diferencia de un material más popular, digamos...

Claro, pero yo pensé que cuando vos te referías a que esa era otra época, en los ´80, quería decir que el circuito del género jazzistico en esos años era otro... 
No, yo qué sé, era distinto. Cada época tiene sus pro y sus contras. Ahora hay una movida jazzistica muy grande que en aquellos años no había, y eso es algo que juega a favor. Lo que pasa es que en aquella época la situación del músico estaba un poco mejor, había más trabajo, se cobraba más... La diferencia con lo que pasa en la actualidad es que ahora hay oferta a granel, y todo el mundo graba discos. Antes, eso no era tan fácil...

¿Cuál es la diferencia entre trabajar en temas propios, trabajar arreglando temas de otros, versionar? 
A veces, arreglar temas de otros puede ser más fácil que componer temas propios, porque estás trabajando en un tema que ya está hecho, y al que agarrás y arreglas a tu estilo. Cuando componés estás haciendo los dos cosas: componer y arreglar.

¿Cómo ves en la actualidad todo lo referente al candombe y la fusión? 
En verdad, en el medio jazzistico en el que yo me manejo, la fusión no está pasando por un buen momento. Lamentablemente, yo soy el único que toca jazz-camdombe. Estaría buenísimo que hubiera más grupos tocando eso, pero no hay; porque la estética de jazz está dedicada toda hacia un estilo determinado, y todos los músicos están orientados hacía eso. Eso no es ni mejor ni peor. Simplemente, es una estética que está orientada hacía un punto determinado y no se mueve demasiado de eso.

¿Qué pianistas argentinos te gustan? 
Me gusta mucho lo que hace Hernán Jacinto, también Guillermo Romero, y los tangueros me gustan todos. Hay varios pianistas de tango que son impresionantes, por ejemplo Nicolás Ledesma. También hay una señora que toca folklore, Hilda Herrera, que tiene como ochenta y pico de años, que es increíble. ¡Qué tremendo lo que hace esta señora, no se puede creer lo que toca! 

¿Qué tema de otro te hubiese gustado componer a vos? 
Uno que tocamos hoy: “Actual Proof”. Este es uno de mis temas preferidos, es de Herbie Hancock.

En lo que referente a la docencia, ¿qué es lo que más le inculcás a tus alumnos?
Básicamente, que estudien bien el instrumento: darles técnica, que traten de tocar una obra clásica. Siempre les recuerdo a mis alumnos que todos los pianistas que a ellos les gustan tienen una buena formación, que han estudiado clásico. Lo que pasa es que el pianista de jazz de nuestro medio es muy renuente a eso. En cambio, el pianista de tango no. Por eso tienen mejor formación que los pianistas de jazz. Todos los pianistas de tango tocan muy bien música clásica...

¿Y por qué pasa eso? 
Porque en el jazz pasa que cualquier tipo que tiene condiciones para improvisar ya sale a tocar, y en el tango, a diferencia, la mayor parte de las veces tenés que tocar partituras ya escritas. Para mí, la base de un buen pianista pasa por la formación clásica. Esa es mi opinión.

¿Cuáles son tus proyectos actuales? 
Tengo mi sexteto de jazz-camdombe, tengo proyectos como este, con amigos como Herrera y López, y toco mucho, en todos los lugares donde puedo hacerlo. También tengo pensado grabar un disco con mi sexteto a principios del año que viene.


Secuencia Inicial.-

SMASHING PUMPKINS - OCEANIA

En varias oportunidades ya hemos hablado de cómo les ha costado sobrevivir a las grandes bandas de la década del noventa el inicio de un nuevo milenio, y son pocas las que han sabido mantenerse y no claudicar en la monotonía sonora, o vivir de reunión en reunión permanente. El grupo liderado por Billy Corgan no podía ser la excepción.
Con grandes discos en su haber, sobre todo la trilogía inicial de la banda que es sencillamente demoledora Gish (1991), Siamese Dream (1993) y sobre todo el doble Mellon Collie and the Infinite Sadness (1995), marcaron a una generación de jóvenes con la melancolía y la depresión pre emo a flor de piel. Himnos de la pluma de Corgan como “Disarm”, “Today” y “Tonight, Tonight” fueron los soundtrancks ideales para estas almas desangeladas. Ya han pasado doce años desde que la formación original de la banda se disolvió y tras varios intentos fallidos, ya sea como solista The Future Embrace (2005) o con su proyecto Zwan Mary Star of the Sea (2003), la carrera de Billy Corgan parecía que no volvería a ser lo que alguna vez fue; y si a esto le sumamos el tibio regreso con formación nueva de Smashing Pumpkins en el 2007, con el flojísimo álbum Zeitgeits, la cosa parecía no tener retorno para el bueno de Billy
Quien como el ave fenix ha sabido renacer de las cenizas y nos entrega su mejor obra en años, Oceania el nuevo trabajo de los Samshing Pumpkins, del cual es el único miembro original, es un álbum que regresa a las fuentes con demoledores riffs de guitarras en temas como “Quasar”, “Panopticon” o “The chimer”. También tienen lugar las canciones acústicas y orquestadas para acompañar esas nostálgicas melodías que ya son un sello de Corgan en “The Celestials” o “Pinwheels”. Hay un mayor uso de los teclados, los sintetizadores y algunos coqueteos de loops electrónicos pero, lo mas destacable es que es un álbum con muy buenas canciones “Glissandra” y “Pale Horse” dan sobrada cuenta de esto, por mas que las estructuras y ciertos arreglos nos hacen acordar a los días de gloria de la banda, esto no huele a naftalina sino a un nuevo comienzo a un renacer en la carrera de Smashing Pumkins, o sea, de Billy Corgan y eso sí es una buena noticia. 
Lean Ruano.-

JOHN LENNON - IMAGINE (1971)

Imagine (publicado en septiembre de 1971) fue el segundo álbum de John Lennon, y a la postre su trabajo más popular. Un disco repleto de canciones maravillosas, varias de las cuales contenían espectaculares arreglos de cuerda. Fue un álbum grabado, casi en su totalidad, en el estudio personal que el ex beatle había construido en su mansión de Tittenhurst Park, la misma en donde Los Beatles realizaron su última sesión fotográfica juntos, y que después John le vendería a Ringo
Seguramente, gran parte del éxito del álbum se deba a su tema homónimo, “Imagine”, que se convertiría en un himno a nivel mundial, así como una de las canciones más reconocibles y paradigmáticas de la carrera de Lennon... ¿Qué otra cosa podríamos agregar de este tema que no se haya dicho aun? Usted no sabe, yo tampoco; así que sigamos…
Alguna vez, en el programa de televisión Play Time, Gustavo Cerati eligió a “Jealous Guy” entre sus canciones preferidas, diciendo que era una melodía pop perfecta, casi imbatible. Y algo, o mucho, de eso hay ya que “Jealous Guy” es una canción hermosa, inigualable. Una historia con la que se pueden sentir identificados millones de muchachos celosos alrededor del mundo… Tantas inseguridades, tantos temores –muchas veces en vano- descriptos en forma certera en estas líricas… Y es que John Lennon, a pesar de ser la figura de la estampita, del póster; era tan dolorosamente humano como usted, yo, y el de enfrente: un tipo inseguro, neurótico, violento, paranoico, a veces arrepentido, triste, sensible, celoso... La letra de “Jealous Guy” también estaba vinculada a un momento particular de Lennon. Hacia apenas un año que se habían separado los Beatles y todavía se sentían los temblores del movimiento sísmico, a escala mundial, que significó tamaño evento. Por otra parte, John estaba muy influenciado por la terapia del Grito Primal del doctor Janov, que lo llevaba a combatir sus demonios, sus inseguridades –esos miedos, ahogados, pero que nos siguen acompañando desde la más tierna infancia- dejándolos al descubierto, en un ahogado grito desgarrador literal. Bastante de eso hubo en su primer opus solista e intimista, (Plastic Ono Band, 1970); un disco que reflejaba los sentimientos más profundos de un ser angustiado. Esa obra, a pesar de no ser un éxito masivo de ventas, a la larga se transformaría en una de las producciones más inspiradoras, e imitadas, de la historia del rock. Sino pregúntenles a los Strokes o a Lenny Kravitz (por nombrar sólo a dos artistas) que se ve que lo escucharon largo y tendido… Plastic Ono Band sería un disco que se adelantó a su tiempo y por eso no pudo ser digerido fácilmente por un público aun aturdido por la separación de la banda más amada de la historia, un público que aun no se había acostumbrado a pensar que los ´60 no existían más… 
En Imagine la historia sería distinta, desde el vamos, por la participación de Phil Spector, en carácter de co-productor. Por él, y por su ímpetu por convertir a Lennon en un solista ex beatle exitoso, algo que ya había logrado con la producción del triple All Thing Must Pass de Harrison, en 1970. John se encontraba en un excelso momento compositivo, y Spector –con su wall of sound- parecía ser el tipo más indicado para agregarle un toquecito pop, si se quiere, ideal para endulzar un poquitito esas dolorosas canciones lennonianas. “Jealous Guy” es un precioso ejemplo de eso, la comunión perfecta entre la canción lennoniana y las ambiciones wagnerianas de Spector por hacer “sinfonías para adolescentes”. El tema empieza con el piano, tocado a dúo por Lennon y el gran Nicky Hopkins, y la primera estrofa es la que desemboca en ese inmortal estribillo: “I didn`t mean to hurt you / I`m sorry that I made you cry / I didn`t want to hurt you / I´m just a jealous guy” (“No pretendí herirte / Siento que te hiciera llorar / No quise herirte / Sólo soy un muchacho celoso”). Cuantas veces nos habrá pasado esto, ¿no? Los arreglos de cuerdas son hermosos, así como hermosa es la forma en que Lennon silba la melodía de la canción, antes de la parte final de este tema sublime. Lo que quizá muchos no sepan, es que el tema había sido compuesto bastante antes de ser incluido en Imagine. Más precisamente durante la estadía de los fab four en la India en 1968, durante su retiro espiritual junto al Maharashi, y que tenía otra letra y nombre: “Child of Nature”. Con esa denominación se lo puede encontrar a esta misma melodía –en una versión cantada por Lennon solo acompañado por una guitarra acústica- en varios discos piratas de los Beatles, incluidos los piratas de los ensayos de (la película) Let It Be. Luego, en 1982, Roxy Music haría un bello cover de “Jealous Guy” para su disco Avalon, y, en 1988, se estrenaría un impactante video clip del tema original que recopilaba lo mejor del esplendido documental “Imagine: John Lennon”. 
Otros momentos importantes del álbum Imagine eran los temas "Oh My Love", una dulce canción compuesta para Yoko Ono (por favor, chequeen la hermosa versión de este tema realizada por Luis Alberto Spinetta en el disco de Los Durabeats, en 2005), y la contemplativa "How?", en donde Lennon reflexionaba sobre los vericuetos existenciales propios del doloroso devenir humano, seguramente, en una visión muy influenciada por sus experiencias vividas durante su estadía, realizada en 1970, en el centro terapéutico de Janov. En sí, "How?" relevaba varias de las preguntas que Lennon se formulaba durante los cambios producidos en el tiempo que realizó la terapia de Janov. Pero no solamente canciones tiernas y reflexivas poblaban este disco, porque Imagine también daba cuenta del amor de John por los ritmos frenéticos, así como de sus raíces rockeras, en temas como "Crippled Inside"(alevosamente dedicado a Paul McCartney) y "It's So Hard", así como en la provocativamente encantadora "Gimme Some Truth", en donde John se descolgaba con uno de sus más brillantes y potentes temas solistas. Por su parte, "I Dont't Wanna Be A Soldier" cerraba el viejo lado A detonando una pancarta activista en contra de la militarización y el reclutamiento forzado, en tiempos en donde aun no se había resuelto el problema de Vietnam (y quedaban aun tantas otras guerras futuras por venir…). Otro de los momentos más recordados de Imagine era la canción "How Do You Sleep?", en donde Lennon aprovechaba para mofarse a fondo, y sin ninguna sutileza o eufemismo, de Macca, tomándose “revancha” de la letra del tema de Paul “Too Many People”, que Lennon creía que su ex compañero le había dedicado, en especial por ese fragmento que se preguntaba que se podía hacer por “un muchacho que había arruinado todas sus oportunidades”. Lennon suponía que ese “pobre muchacho” era él, y reaccionaria con furia ante su ex compinche. Por este motivo, y fogoneado por su manager Allen Klein (enemigo acérrimo de McCartney), se cebaría componiendo una canción que era una brutal bola de bilis. Sin embargo, se dice, que varias de las letras hirientes hacia McCartney, deliradas por Lennon y Klein, fueron dejadas de lado debido al consejo de Ringo Starr –otro de los participantes en la grabación del disco- quién veía en esta actitud de Lennon mucho infantilismo agresivo al pedo. Por eso, en medio de la grabación del tema, el baterista solamente se limitaría a decirle a su amigo: “Basta John”. También, en esta canción, así como en “Crippled Inside” y "Gimme Some Truth" (¡ese slide!), se destaca George Harrison como músico invitado –entonces, del lado de Lennon en lo que respectaba al pleito beatle-, realizando un brillante trabajo, con sus punzantes solos guitarreros. Por fin, la alegre “Oh Yoko” mostraba a Lennon, de nuevo como en sus primeros tiempos en Los Beatles, dando cátedra en la armónica. Un punto final bien up para un disco espectacular que alcanzaría el puesto número 3 en las listas de la Billboard, y el 1 en el mercado discográfico británico.
Emiliano Acevedo.-



domingo, 5 de agosto de 2012

¡¡¡LONDRES ME MATA!!!

Pienso, releo. Está toda la imaginería allí: la niebla, el Big Ben, Buckinham Palace, el Picadilly Circus, Jack El Destripador, Sherlock Holmes, Scotland Yard... Son años y años desperdigados en relatos de suspenso y terror. También, “La Capital de los Piratas”, como podría titular Crónica, o, simplemente, la actual sede de los Juegos Olímpicos 2012. Pero no, no, nada de eso; a mí solamente me interesa hablar de rock. Y claro, la leyenda roquera de Londres viene de lejos. No sólo por ser la cuna de una docena larga de artistas de importancia magna en la historia del género como Los Rolling Stones, Sex Pistols, The Clash, y Queen, entre varios etcétera; Si no también por su importante influencia estética y visual en la cultura joven, a través de las últimas décadas. Quizás, esta historia haya comenzado, hace casi cincuenta años, con eso que se dio a conocer como Swingin´ London; una explosión cultural que puso patas para arriba al incipiente movimiento juvenil. En ese momento, Londres desplazó a otras metrópolis como París o Nueva York, para pasar a ser el lugar más cool del mundo. La ciudad en la que todos querían estar. Fueron los años del boom mundial de los grupos ingleses, empezando por Los Beatles –quiénes habían tenido que mudarse desde su natal Liverpool hasta la capital inglesa-, The Rolling Stones, The Kinks, Small Faces y el blues psicodélico de The Yardbirds; éste último un grupo legendario que sería la escuela formativa de tres violeros de excepción: Eric Clapton, Jimmy Page y Jeff Beck. En esa época, las canciones de todos estos artistas, sus vestimentas, peinados y actitudes serían copiadas en todos los rincones del mundo. Fueron años locos. Cada grupo tenía sus propios trucos para llamar la atención: Los Kinks vistiéndose como jinetes que parecía que querían cazar a un zorro; Los Who aplicando el pop art. para así inventar el –después llamado- “rock teatral”, en sus presentaciones y atuendos; Los Move destrozando televisores en el escenario; o Los Stones con su calculada desprolijidad... “¿Usted dejaría que su hija (o hermana) se casara con un Rolling Stone?”, era la pregunta habitual en aquellos años en los que el romance entre Mick Jagger y Marianne Faithfull (la pareja reina de la vida social de la movida) era la comidilla de los medios sensacionalistas, por sus desplantes, extravagancias y escándalos. En sí, el Swingin London era sinónimo de todo lo “hip”, lo moderno. Con su mezcla de optimismo y hedonismo, éste movimiento se originó en la época de plena recuperación de la economía británica, tras la posguerra, y convertiría a Londres en la capital mundial de la cultura y la moda juvenil. También, fue la época de Mary Quant y su invento: la minifalda, popularizada por la top model Twiggy. Conquistado el mercado norteamericano por los grupos ingleses, Londres pasaba a ser la meca del pop, y Carnaby Street su centro. La moda pasaba por ahí. ¡Si hasta Bob Dylan fue a ese lugar para actualizar su guardarropa! También estaban las radios piratas (como Radio Carolina, que empezó a emitir desde un barco en 1964) y los programas de televisión como parte del complot, difundiendo las nuevas consignas de inconformismo e independencia. Si quieren saber como era Londres en esa época vean Help! (1965), la segunda película de Los Beatles, o Blow Up (1966) de Antonioni, un filme basado en el cuento Las Babas del Diablo de Julio Cortázar, en donde Los Yardbirds, incluso, tenían una aparición breve pero demoledora e incendiaria. 
Durante aquellos años se vivió también el surgimiento y auge de una movida que calaría hondo entre los jóvenes: los mods (como sinónimo de Modernistas), una moda que incluía música, esteticismo en la vestimenta, el uso de las motocicletas italianas Vespa y las anfetaminas. Muchos recordaran, seguramente, la película Quadrophenia (basada en una opera rock de mismo nombre editada por Los Who), cuya trama transcurría en aquellos tiempos en los que eran frecuentes las aventuras de los mods, que gustaban de enfrentarse a su grupo antagónico (los rocks) en esas habituales trifulcas de las playas de Brighton, que eran reflejadas por los azorados medios periodísticos conservadores de la época, quiénes veían en estos hechos la evidente “decadencia juvenil”. 


POP ART 
En ese Londres hiper modernista aterrizaría Jimi Hendrix a fines del ´66, traído por Chas Chandler (ex bajista de The Animals), y así explotaría a la fama este genial violero zurdo, el primer artista negro pop. También fueron los años de la inolvidable serie de televisión Los Vengadores, y de la realización de las mejores películas de James Bond, con Sean Connery como protagonista. Dicen que esta supremacía británica de los ´60, que tenía como centro el Swingin´ London, tuvo su cenit en julio de 1966, cuando el seleccionado inglés de fútbol ganó la Copa del Mundo, superando a Alemania por 4 a 2 en la final jugada en el mítico estadio de Wembley. Luego llegaría el declive, en donde esta movida sería opacada por el naciente, informal y desaliñado movimiento hippie -que ya empezaba a vislumbrarse en California-, totalmente en las antípodas del esteticismo pop. Pero no importaba, porque la leyenda de Londres como ciudad pop quedaría grabada para siempre en la memoria popular, debido a toda la imaginería desarrollada en aquellos luminosos años, justo en la mitad de los ´60, cuando, por un momento, parecía que nunca iba a dejar de brillar el sol, sobre los siempre nublados cielos londinenses.

¡VIVA LA PEPA! 
Con la llegada de Hendrix a Londres se ahondaría la veta blusera iniciada por pioneros como John Mayall y Alexis Korner (son legendarios los conciertos dados por éste último en el club Marquee, del Soho londinense, en donde invitaba a zapar a unos jovencísimos Jagger o Clapton, entre otros). No por nada, la segunda mitad de los ´60 vería el surgimiento del llamado blues rock, un estilo que luego sería liderado por importantísimos grupos como Cream o el primer Fleetwood Mac del guitarrista Peter Green. Por otro lado, a partir de 1967, con el desembarco de los Bee Gees –ingleses emigrados e ídolos populares en Australia- surge una movida pop melódica que también contaría entre sus filas a nombres como Cat Stevens, The Herd o los Walker Brothers. Mucho más interesante sería el camino emprendido por Pink Floyd, un grupo original de Cambridge, que, a partir de 1967, comenzaría a tocar en los boliches psicodélicos de la capital inglesa, iniciando una trayectoria que los proyectaría hacia la cumbre, hasta posicionarse como uno de los grupos más importantes de la historia. Más tarde, en 1969, Los Beatles –cerca de su separación- tocarían en la terraza de Apple, en la calle comercial Saville Row, y realizarían en agosto el cruce de calle más famoso de la historia en Abbey Road. El show de la terraza sería un espectáculo sólo disfrutado por un par de afortunados oficinistas, allegados a la banda, y colados; mientras que el resto de los sorprendidos mortales lo escuchaba desde abajo. Duraría hasta que los bobbies legalistas (los famosos policías londinenses, con casco azul y cachiporra), debido a las quejas de varios de los jefes de los comercios y empresas vecinas, procederían a pedirles a los Fab Four que “bajaran el volumen”, desconectando los amplificadores de Lennon y Harrison. Ese sería el curioso final del último show del grupo más grande de la historia, un frío 29 de enero del ´69. En ese mismo año, Eric Clapton y Steve Winwood se unían, formando junto a Ginger Baker, Blind Faith; efímero super grupo que editaría un único álbum, antes de presentarse en un abarrotado Hyde Park, dando un concierto al aire libre. Más famoso sería el show-homenaje de Los Stones al recientemente fallecido Brian Jones, también en el Hyde Park (el 5 de julio de 1969), en donde un Mick Jagger vestido de mujer leería el poema “Adonais” de Shelley, dedicándoselo al recuerdo de su ex compañero, antes de soltar cientos de mariposas blancas (varias de las cuales ya habían muerto asfixiadas antes de ser liberadas...): “!Cálmense! El no está muerto, no duerme. / Despertó de ese sueño que es la vida... ¡Muere!, si con ello puedes ser lo que anhelas!” Lágrimas de cocodrilo para Jagger y Richards, quiénes, en realidad, antes del infausto final, lo habían echado a patadas del grupo al blondo multi instrumentista porque hacía rato que no se lo bancaban más...

HAVE A NICE DAY! 
Ese día, como teloneros de los Stones, debutaría un joven grupo sorprendente, punta de lanza de una nueva movida artística: King Crimson. Ya estábamos entrando en los ´70 y en la urbe londinenses empezaban a proliferar grupos que querían realizar un rock elaborado, conceptual y pretencioso. Dentro de este estilo, luego llamado prog rock, escribirían páginas brillantes grupos virtuosos como los mencionados King Crimson, así como Emerson, Like & Palmer, Genesis y Yes. También en esos primeros ´70 surgirían el glam rock y el rock pesado. El hard rock, antecedente de lo que ahora conocemos como heavy metal, aparece encabezado por figuras como Led Zeppelin –sin dudas, uno de los grupos más espectaculares de la historia-, el Jeff Beck Group y Humble Pie (una banda devastadora formada por Steve Marriott y Peter Frampton, dos arrepentidos del pop, ex integrantes de Small Faces y The Herd, respectivamente). Otros grupos punteros del hard rock serían Deep Purple (luego de su primera etapa psicodélica), UFO, Free (brillante antecedente de Bad Company) y Uriah Heep. El glam estaba liderado por artistas como Marc Bolan de T-Rex, David Bowie, Sweet, Slade y los primeros Queen; que reivindicaban un gusto por el espectáculo más rutilante, vendiendo fantasías, desenfado y brillantina a un público ávido de audacias. Simplemente, “rock con lápiz de labios”; como lo definiría John Lennon.

PATEANDO TACHOS 
Luego, llegaría el momento del punk rock, un estilo rupturista que se propuso sepultar todo lo anterior, abominando de casi todo el rock realizado en los ´70 -los llamados “dinosaurios”-, y reivindicando una actitud más visceral y primaria, casi, una vuelta a las bases. Ninguna tendencia musical había reaccionado contra sus predecesores con la virulencia que caracterizó al punk. Eran los primeros años del impopular gobierno de Margaret Thatcher, caracterizado por sus políticas neo liberales y conservadoras generadoras de un inédito desempleo, achique del aparato estatal y ajuste económico. En esos años de incipiente “no future”, a partir de 1976, comienzan a vislubrarse en las calles londinenses hordas de muchachos, tan rabiosos como aburridos, que meterían sus manos en la maquinaria del rock, provocando un cortocircuito que momentáneamente dejaría a oscuras los palacios de las superestrellas, corriendolos del centro de la atención pública. Dentro del punk, los nombres principales serían los Sex Pistols y The Clash. ¿London Calling?, justamente sería The Clash, luego de surgir, a principios de 1976, en la zona oeste de Londres -en donde deleitaban a los asistentes a una parroquia tocando un rhythm and blues salvaje-, el primer grupo punk que ampliaría su vocabulario musical, conformando un abanico que incluiría sonidos de otras latitudes además de un discurso combativo anti stablishment. Sin dudas, el cenit del punk sería aquel acto de osadía protagonizado por los Pistols –mientras tocaban “God Save the Queen”, sobre un yate que recorría ilegalmente el Támesis-, para burlarse del jubileo de la reina Isabel, a instancias de otra ocurrencia sacada de la galera por ese ser malévolo y genial llamado Malcolm McLaren
Del punk pasaríamos, sin escalas, a la new wave; un movimiento que, por el contrario, no pretendía sepultar a los grupos clásicos sino que se presentaba como una vuelta de tuerca algo más lúdica, si se quiere, que conectaba directamente con los sonidos de los ´60, en un estilo en el que primaban la jovialidad y la nostalgia. Esta “nueva ola” sería protagonizada por figuras de trascendencia internacional como The Police, The Pretenders, Madness, y Elvis Costello. También, a fines de los ´70 y comienzos de los ´80, hubo otra new wave, pero en el heavy metal británico, con nombres como Saxon o los indestructibles Iron Maiden.

ELEGANTE DECADENCIA
Si bien en la última década surgiría un grupo de gran suceso como Coldplay (con un sonido deudor de U2); sin dudas, la última gran banda londinense de importancia fue The Libertines. Dicha formación -liderada por una dupla creativa explosiva conformada por Pete Doherty y Carl Barat-, a partir de su meteórica aparición en 1998, sería una de las mayores sorpresas de la primera década del siglo XXI, ya que con sólo dos discos editados les alcanzaría para entrar en la historia, antes de explosionar en 2004 (aunque siempre quede la esperanza intacta de que vuelvan...). Los Libertines fueron el símbolo del llamado post punk revival, un movimiento que combinaba la fuerza y ruido de The Clash con los estribillos pop y cancioneros de Los Beatles; uniendo dos mundos, en apariencia, opuestos; y sintetizando algo de lo mejor de la herencia musical de tantos antecesores consagrados.

CHICHE ROTO, COMO NUEVO 
Pero, ¿cómo? ¿Ya terminó? Sí, ya sé. Seguramente se están preguntando: “¿Cómo no nombró a Electric Light Orquestra, los autores de “Last Train to London”, en esta recorrida histórica?” Bueno, lo que pasa es que, a pesar de este título, el grupo liderado por Jeff Lynne era de Birmingham...

Seguramente, tendremos en el futuro mucho más rock londinense para disfrutar. Tradición y presente de una ciudad que siempre dio, y dará, mucho que hablar e innumerables artistas para escuchar...
Emiliano Acevedo.-

THE CULT- CHOICE OF WEAPON


Sin pecar de exagerado creo que estamos frente al mejor trabajo de la banda británica desde el excelente y exitoso disco Electric de 1987. The Cult hoy por hoy y como su nombre lo indica se ha transformado en una banda de culto ya no convoca masivamente, ni llena estadios como lo hacia a fines de la década del ochenta. Mucha agua ha corrido bajo el puente que construyeron el guitarrista Billy Duffy y el vocalista Ian Astbury, excesos de todo tipo, duelos de egos idas y venidas por doquier, pero desde la edición de Beyond Good and Evil en el 2001 cuando decidieron volver a grabar juntos después de siete años de silencio, ambos líderes parecen haber concentrado sus fuerzas en lo más importante: la música y sobre todo tocar mucho en vivo. Luego vino el aceptable Born Into This (2007), pero la pregunta a esta altura seria ¿Qué esperamos de un disco nuevo de The Cult tras casi treinta años de carrera? La respuesta es simple y solo de cuatro letras: rock, escuchar esa guitarra desgarradora y asesina de Duffy y la característica garganta de Mr. Astbury.
Bueno sus dos primeros cortes, “For The Animals” y “Lucifer” ya dejan en claro que este nuevo álbum de The Cult nos va hacer sacudir la cabeza, también hay lugar para la típica balada épica y oscura, que hay en casi todos los trabajos de la banda en esta ocasión es el tema “Life > Death”. Es importante destacar que es la primera vez que la banda graba dos álbumes con la misma formación la cual se completa con el baterista John Tempesta (ex Testament y White Zombies) y el bajista Chris Wyse (ex Ozzy Osbourne), promediando el álbum nos encontramos con “Amnesia” una de las canciones mas potentes con todo el espíritu punk rock, como también sucede con la enérgica “Honey From a Knife” la encargada de abrir Choice of Weapon el cual vuelve a estar producido por un viejo conocido de la banda Bob Rock (Metallica/ Mötley Crue). Este 2012 nos muestra a unos The Cult que han puesto toda la carne del rock sobre el asador.
Lean Ruano.-


ANDRES CALAMARO - NADIE SALE VIVO DE AQUÍ (1989)


¿No están hartos de ver a Andrés Calamaro haciendo papelones en impresentables programas de televisión? Parece que hubiesen pasado siglos desde que este músico creó un repertorio que se convirtió –o al menos buena parte de él- en la banda sonora de tres generaciones de argentinos. Porque esa cualidad tenían, justamente, canciones como “Pasemos a Otro Tema”, incluida en el impresionante álbum Nadie Sale Vivo de Aquí (1989), tercera producción solista de Calamaro, quizás, (¿por qué no?), el mejor disco de toda su carrera (aunque no sea, ni por las tapas, el más popular). Un álbum que coincidió con el derrumbe del gobierno alfonsinista y la hiperinflación, anticipo del inminente auto exilio de Andrés, quién decidiría a fines de ese año radicarse, por varias temporadas, en España. 
Atiborrado de canciones brillantes, Nadie Sale Vivo de Aquí, con ese título derivado de una frase de Jim Morrison, nos mostraba una faceta de Calamaro bien songwriter, más cercana a un Tom Waits porteño, acompañado de músicos bien roqueros y polifacéticos como Ariel Rot (guitarra, coros) –quién luego lideraría Los Rodríguez, junto a Andrés-, Gringui Herrera (guitarra coros), Ricky González (batería), el “AlemánAlejandro Schanzenbach (bajo) y Jordi Polanuer (saxo). Así nos podíamos encontrar en este álbum con temas grandiosos como el explosivo rock de 1.31 minutos “Nadie Sale Vivo de Aquí”, o “Pero Sin Sangre”, “Con la Soga al Cuello” (con Vicentico de invitado), las rancheras “No Tengo Tiempo” y “Adiós, Amigos, Adiós”, el rockabilly “Señoritas” (con Gabriel Carámbula en guitarra, Vicentico y Luciano Jr haciendo coros), “Ni Hablar”, “No me Vuelvas la Espalda por Eso” o la inefable “Dos Romeos”, con un recitado a la Lou Reed. Dos puntos altos del disco eran “Vietnam”, un temazo dividido en dos partes que incluía la participación de Gustavo Cerati en voz y guitarra, más Fito Páez en piano; y “Señal que te he Perdido”, casi un hit oculto dentro de la carrera calamaresca. Pero, sin dudas, la canción que más perduraría en la memoria popular sería la mencionada “Pasemos a Otro Tema”. Lo curioso de este título eran sus características sui generis que la convertían en una canción de desamor alegre. Algo que nos hacía intuir que este tema continuaba la aquella tradición iniciada por Los Beatles, de hacer temas alegres con letras tristes: “¿O acaso no era así “I´m Down”, una canción en donde la letra era un bajón total, pero, (mientras tanto) las cabezas de estropajo no dejaban de agitarse?”, como, una vez, señaló, en forma acertada, Alex Kapranos, el cantante de Franz Ferdinand
Así es “Pasemos a Otro Tema”: una melodía imposible de dejar de cantar, ya sea que estemos en una tribuna, bajo la ducha, acomodando mercaderías en un depósito o enfrente de este monitor, mientras escribo esta nota que vos estas leyendo ahora. Una canción redonda que con en 2.23 minutos te cautiva, dejándote con ganas de más. Su letra mágica empieza, de una, con el inolvidable “Pasemos a otro tema, no quiero hablar de eso /La casa está vacía y fría / La ropa en el pasillo me da la razón/ Ella me abandonó... ” Para seguir: “Está todo guardado / Hay cosas con candado /Hay cosas que abandono para siempre / Y hay un lugar vacío / Es el que había pensado / Sólo para los dos”. Luego de escuchar estos versos, ¿cómo no pensar en todas las rupturas amorosas del artista que los escribió o, mejor, en cada uno de los desgarramientos que sufre cualquier mortal ante esta situación: El fin de un proyecto en común y/o una relación? : “Ella es tan formal / Que nunca me va a perdonar...” Increíblemente, con el correr de los años, parece, que esta parte se reactualiza todo el tiempo en la vida de Calamaro. Sino piensen es su reciente escándalo mediático, post ruptura matrimonial con Julieta Cardinali. Pero como no sólo de chismes ala Paparazzi vivimos... Mejor, no hablar de eso, y sigamos recorriendo la irresistible letra de este tema, en el que Calamaro -pasando de la primera a la segunda persona-, en el puente, hasta se anima a incluir referencias a la Formula 1 (“Fue por el Efecto Suelo...”) y a su admirado Miguel (“... y una frase del Abuelo / El lugar se cubrió de pedazos de cristal”), y a toda su inmensa poesía, esa que hablaba de aquellos “pedazos rotos del gran espejo interior”. No queda mucho más que decir de esta canción, tan solo recomendarles que la escuchen, si aún no lo hicieron. Fíjense que no tiene introducción ni solo de guitarra. ¡Y ni falta que hace! Tan solo lo justo y necesario, más hubiese sido al dope. 
Así son casi todos los temas de Nadie Sale Vivo de Aquí, un repertorio inspirado y único que ojalá algún día vuelva a incluir Calamaro en sus conciertos. ¿O, acaso, ustedes no están un poco cansados de escuchar, una y otra vez, hasta el cansancio “Paloma”, “Cuando te Conocí” o “Flaca?”
Ahora sí, aprieten EJECT, por favor...
Emiliano Acevedo.-