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domingo, 25 de marzo de 2012

RUTA ENCENDIDA, entrevista a Sergio Nacif Cabrera


En esta nota conoceremos la figura de Sergio Nacif Cabrera, un verdadero laburante de la música y la vida. Guitarrista y compositor de profesión, Sergio tiene una gran habilidad para componer canciones que se quedan instaladas en tu mente y no podés dejar de cantar. ¿Himnos pop se dice? Himnos pop serán… Así fue lo suyo desde aquellos lejanos años ´80 cuando estaba en Alphonso S´ Entrega, una banda desalineada y empapada de ska, verdadera leyenda under de aquellos años; y, mas tarde, catapultados al éxito de la mano de temas como “El Manisero” o “Barrio Chino”. Luego, en los ´90, llegaría el turno de Los Romeos, otro gran momento musical en el que Nacif, junto a un jovencito Pablo Sbaraglia, daría vida a un proyecto súper interesante, repleto de canciones como “Sin Meditar”o “Basura” que conjugaban las típicas letras de amor con el uso de la ironía y, por que no, el humor. Romanticismo y sutileza, pero también muchísimo rock y pop. De todo eso y más hablamos en esta entrevista llevada a cabo en un café de Avellaneda. Aquí también recorreremos las vicisitudes vitales de un músico talentoso, quien, además, revela su pasión por su actividad como comerciante de frutos secos; así como -no pocas veces- tuvo que arremangarse para seguir adelante, esquivando los escollos que se encontró en todos estos años de lindas canciones de amor demente y encantador.

Por Emiliano Acevedo.-

INTRODUCTORIO

¿Empezamos hablando un poco de tus inicios, tus influencias musicales?
La influencia más importante para que yo me dedicara a esto fue la de mi vieja. Ella fue quien me enseñó a tocar la guitarra. Cuando tenía cerca de 10 años me compraron una y empecé tocando la zamba "El Indio Muerto”; después saqué “Hey Jude”. En esa época, me gustaba tocar folclore. Hasta que un día mi vieja trajo el disco Help!, y cuando escuché a Los Beatles fue como un ¡boom!... Lo mismo que les pasó a todos. Yo quería ser como ellos. Las armonías que hacían eran cómo un coro de ángeles para un pibe. Era algo nuevo. Y así empecé a buscar en el colegio primario algún nexo. Es decir, a alguien que le gustara lo mismo que a mí. Y en los actos escolares tocábamos temas de Los Gatos. Así empecé a interiorizarme de otras bandas de rock: Creedence Clearwater Revival, Los Stones. Hasta que llegué a séptimo grado en donde escuché por primera vez a Almendra haciendo “Muchacha Ojos de Papel” y me pasó lo mismo que cuando escuché por primera vez a Los Beatles. Otra vez, sentí que esa música era algo totalmente angelical y distinto. Además, era la primera vez que algo hecho acá me rompía la cabeza.

¿Fuiste autodidacta en tu formación como músico?
Siempre fue orejero. Pero después medio que me dediqué a otra cosa. Ya de chico me puse a trabajar en “El Gato Negro”, un negocio familiar, en donde conocí a numerosas personalidades. Me acuerdo de verlos ahí a Manuel Mújica Lainez, Pescarmona, y Virgilio Expósito, con quien siempre hablábamos de música. Mi viejo era médico en SADAIC, y amigo de Homero Expósito. Y como yo seguía haciendo canciones y tocando, entonces, un día vamos a lo de Homero con mi guitarra. Así, llegamos a un estudio donde estaban además otros músicos, otros tangueros importantes. Y Homero me dice: “A ver, tocá” Y como yo de tango no sabía mucho, me animé a tocar delante de ellos casi sin vergüenza. Después de eso me pusieron un profesor de guitarra, y el propio Homero me dijo que me iba a enseñar a hacer buenas canciones. Así, junto a otros alumnos, empecé a estudiar con él. Homero era un profesor único ya que, además de enseñarte cómo hacer una canción, te contaba miles de anécdotas. Una vez le llevé una canción a medio hacer, y él la terminó. Así que tengo una canción compuesta a medias con él. Me acuerdo que yo había llegado con estos versos: “Caminando sin cesar/ bajo la luna van ellos/ entre truenos y destellos/ buscando la libertad/ para ellos no hay edad/ ni época en que la encuentren…” pero hasta ahí llegué, y él me dijo: “Porque es preciso crear/ las cosas que más se sienten” Y me dejó impactado porque me definió una estrofa con una poesía genial, de una, en un abrir y cerrar de ojos. El siempre me decía: “Vos tenés que poner 16 versos, porque más de 16 versos la gente no se banca”. A no ser que hagas “Pedro Navaja”, ¿no? Homero era un grande, uno de los más grandes compositores de música popular que hubo en Argentina. Un día me preguntó que músicos me gustaban y yo le nombré a Spinetta; y Homero me contó que una vez –siendo jurado de SADAIC- lo había bochado al Flaco, cuando éste fue a dar un examen como compositor: “Pero después, cuando escuché la música que hacía, me arrepentí”. Toda una confesión la de Homero.

Y nada llamativa si pensamos que quizás “Naranjo en Flor” es casi un antecedente de la poesía spinettiana, si se quiere, por sus imágenes, su alto vuelo lírico…
Y sí, tal cual, algo de eso hay…

¿Estudiaste con él mucho tiempo?
No, sólo unos meses. Yo no quería ser músico de acompañamiento. A mi me interesaba poder hacer mis canciones y ni sé si quería trabajar de músico, en realidad. Prefería trabajar en el negocio familiar. Y cómo era sobrino del dueño iba ascendiendo rápidamente (se ríe) Terminé siendo Director, y viajando a Europa para conseguir las representaciones de las casas parisinas que les vendían alimentos a la realeza. Me divertía mucho porque para un pendejo eso era fascinante. Hasta que todo se empezó a pudrir en la empresa, societariamente. Entonces, como mis amigos siguieron haciendo música y siempre tocábamos temas de Los Beatles y los Stones medio en chiste, medio en serio, en la época de la guerra de Malvinas en Buenos Aires cuando se generó una movida de grupos nacionales, me dije: “Esto no me lo puedo perder”, e hicimos un grupo que se llamó Los Argies (Argie: Apócope despectivo de la palabra "argentino" utilizado por los militares ingleses hacia los soldados enemigos durante la guerra) y como empezaba a venir más la onda musical new wave, empezamos a escuchar a The Police, Elvis Costello, el ska; se empezó a mezclar la música.

Justo, con la vuelta de la democracia, se vivía un momento de plena ebullición para la movida del rock de acá…

¿Y qué te parece? En esa época, el grupo under que más me gustaba era Alphonso S'Entrega. Pero yo tocaba en Los Argies. Un día, estábamos tocando en Electric y viene (Roberto) Pettinato y nos dice: “¿Puedo tocar con Uds.?” Yo sabía que él estaba en Sumo pero estaba todo bien porque en esa época todos estábamos en la misma. Luca (Prodan), Pettinato, (Horacio) Fontova y Enrique Symns recorrían los pasillos del Café Einstein, y todos tocábamos en ese tipo de lugares. También estaba empezando Soda Stereo. Yo los vi por primera vez en el pub Zero, que habíamos inaugurado nosotros, Los Argies. Recuerdo que Daniel Melero nos había hecho los programas que se distribuían entre las mesas. Y en aquella oportunidad le pregunté al dueño quien tocaba y me dijo: “Soda Stereo, matan” Entonces me quedé y se llenó de gente. Fue impresionante. Cuando empezaron a sonar me levanté para ver cuántos eran, ¡y para mi sorpresa eran solo tres! Yo pensaba que eran cinco porque sonaban muy bien. Ese lugar no solo era nocturno, sino que también era un lugar de encuentro a cualquier hora del día. Yo tenía una canción que le había hecho al “Barrio Chino” que tocaba con mi grupo, pero les gustaba a los pibes de Alphonso. Y un día Daniel Morano (guitarra y voz del grupo), con alguien más, vino a verme al (Bar) Einstein, y me comentó que les faltaba un guitarrista porque el de ellos se les había ido y me ofreció tocar con ellos. Yo sin dudar le dije que sí. Con lo cual les tuve que decir a Los Argies que me iba con Alphonso y la verdad no les causó mucha gracia.


¿Y ellos siguieron tocando?
No.

LA PARED LUMINOSA

Entonces, en el ´83 empezás en Alphonso S´Entrega...
Sí, me encantaba tocar ahí sobre todo porque no tenía que estar al frente. Morano cantaba y yo tocaba la viola atrás. A pesar que eran delirantes estaban más profesionalizados. Durante ese año aprendí un montón. Nos fuimos de gira con Sumo. Hasta que el bajista se fue a la mierda tras haberle roto el auto a Daniel (Morano). Entonces, como no teníamos bajista y se venía un show en la semana, Daniel propuso a Rino (Rinaldo Rafanelli) y nos fuimos hasta su casa para pedirle que se uniera a nuestro grupo. Y él dijo que sí. Me acuerdo cuando Rino vino a vernos tocar y vio que éramos medios desastrosos, ni plomo teníamos. Los instrumentos y equipos los cargábamos e instalábamos nosotros mismos. Para Rino, acostumbrado a otro nivel de profesionalismo, eso no podía ser. Así que llamó a gente conocida de él y nos organizó el escenario. Lo cual fue muy bueno porque aprendimos un montón. Y ahí Alphonso pudo solidificarse en esa formación. Varias compañías nos llamaban para grabar pero Morano se resistía porque quería seguir siendo under. Tocábamos en Badía & Cía. y Tinelli nos hacía entrevistas. Aparte Daniel tenía un programa en Radio Rivadavia. Justamente, ese programa (“El tren fantasma”) sería el precursor de lo que se hace ahora en las radios de rock. Por esos años, en esa radio de los Morano, podían pasar temas que duraban 25 minutos como “Close to the Edge” (de Yes) sin problemas. Algo inimaginable hoy en día. Bueno, seguimos así hasta que en el ´86 terminamos grabando en Interdisc.

Una compañía discográfica que, en esos años, tenía a casi todos los números principales del rock nacional. Salvo Soda...
Sí, tenían un montón de artistas. Y se ve que les gustaba mucho “Barrio Chino” porque sacaron un simple que tenía esa canción de los dos lados. ¡Insólito! Yo les pregunté por qué y me dijeron: “Porque es el tema que más se escucha”. Ese primer disco tuvo la producción artística de Charly García, a quién yo pasaba a buscar con mi auto para ir a los Estudios Panda porque él no maneja. El viaje era un flash, me acuerdo que se me cruzaban los autos y le gritaban “¡Charly!” y las minas le mostraban las tetas. Charly estaba en un buen momento.

Sí, además estaba produciendo varios discos a la vez...
Claro, por eso a veces le agarraba la locura. Tal es así que no pudo seguir y dejó de producirnos. Por eso el disco al final lo terminó Carlos Villavicencio con Mario Breuer. Recuerdo mucho una anécdota de esas grabaciones, un día, cuando empecé a cantar “Barrio Chino” con mucha timidez, bastante nervioso, aunque la pecera del control estaba lejos; hasta que, de repente, cortan la música. Yo veía que Charly hablaba; y después viene (Marcelo) Pelater, que era el saxofonista, con mi guitarra y me dice: “Dice Charly que te cuelgues la guitarra” Lo hice, y entendí el mensaje. Después vino Charly, me palmeó y me dijo: “No te preocupes que a mí también me pasó” La verdad que conmigo tenía re buena onda. Me invitó a su casa. (Piensa) Homero Expósito me enseño a hacer canciones, Charly a cantar, y Spinetta me invitó a tocar en su casa después de haberlo atendido en “El Gato Negro”. La verdad que todo es como un sueño y no lo puedo creer. Hasta toqué en River con Los Romeos, como soporte de Madonna. Volviendo a lo de Alphonso, sin dudas, fue la banda más divertida que tuve en mi vida. Después grabamos el segundo disco (El Paso, 1988) que es mucho más elaborado que el primero, aunque no más exitoso; y ahí se fue Rino.

Y en la actualidad, ¿qué relación tenés con una canción como “El Manisero”, que sigue sonando tanto en la radio?
A mí me encanta. Esa canción la amo. La compuse con Morano.

Y tiene esa parte que parece sacada de un bolero, cuando dice “el manisero se va...
Sí, esa parte la sumó Pelater. La estábamos sacando, improvisando. Entonces, yo empiezo a cantar, Morano pone acordes melosos de guitarra y en el final pasa Marcelo, que tenía la voz finita, y dice (imitando el timbre de voz agudo) “el manisero se va...” (risas) Y así quedó. El era un tipo muy noble. Pensar que se comió dos años en cana por proteger a su hermano.

¿Por qué?
Lo habían acusado de venderle porro a un menor pero había sido el hermano, no él. Sin embargo él no dijo nada. Incluso, una vez lo llamaron de Soda Stereo a tocar y él no se fue. Entonces yo le pregunté por qué no había ido, y me dijo (imitando el timbre de voz agudo) “Y, porque no quería cagar a los pibes” (risas). Ahora toca en el subte. No hay mucha gente como él.

¿Y como sigue la historia de Alphonso?
Después, cuando se empezó a desmembrar todo, entró a la banda Pablo Sbaraglia, que solo tenía 17 años, a tocar teclados. El, con nosotros empezó a descubrir la onda new wave. Le gustaban mis canciones y a mí también me interesó su inclusión en el grupo porque, la verdad, tenía mucho vuelo el pibe. Por eso, luego, nos dijimos: “Vamos a hacer un grupo nuevo” Y ahí él tuvo la oportunidad de hacer sus propios temas, que tenían una onda algo más “optimista”. Empezamos a buscar diferentes músicos hasta dar con los que nos gustaban. Fuimos a la Bienal de Buenos Aires y llegamos a la final. Entonces, tuvimos que ponernos un nombre. Así nacieron Los Romeos. Más tarde, un día, yo me puse a tocar un tema en joda que era “Basura” y Pablo me dice: “Dale, toquemos eso que está buenísimo”. Después, estábamos en un boliche de Belgrano y cayó una mina de Costa Rica (Clea Torres) que tocaba el saxo, y Pablo me dice porque no íbamos a casa y hacíamos el demo con arreglos de saxo. Y nos quedamos como hasta las seis de la mañana pero, al final, pudimos terminar el demo de “Basura”. Más tarde, me llama una mina y me dice: “Yo quiero ser manager tuya” Y bueno, yo dije “está bien”. Entonces le dí unos casetes, y parece que la mina le dio uno a Bobby Flores. Él lo miró y lo tiró en una bolsa de repleta de casetes. Hasta que un día, cuenta Bobby, que estaba en un embotellamiento, re contra embolado, mete la mano en la bolsa, saca nuestro demo y empieza a escuchar: “Basura/ Miro tu mente y veo, basura...” Le sonaba a Alphonso pero sabía que no era. Bueno, cuestión que lo pasa por la Rock & Pop y dice: “Quiero saber quienes son estos pibes” Y ahí me empieza a sonar el teléfono para decirme que Bobby estaba pasando el tema por la Rock & Pop y quería saber quiénes eran los que tocaban. Entonces lo fuimos a ver. Y nos dijo hay que había que grabarlo. Finalmente, el demo llegó a los oídos de Daniel Grinbank. Luego, me llama Rino y me dice que nos había conseguido 100 horas en el Estudio Aguilar, una garcha de estudio que no tenía ni siquiera monitores, y en donde se grabada en 16 canales. Pero igual estaban grabando varios grupos ahí. Por ejemplo, estaba Melero produciendo a Los Brujos. Así que empezamos a grabar ahí hasta que vinieron de DG Discos y nos mudaron de estudio. Ahí nos vamos a grabar a Moebius, el lugar donde grababa Soda. Allí hubo un accidente con la cinta de 16 canales, que habíamos traído desde el Estudio Aguilar. Como había que pasarla a 24 (la cantidad de canales que había en Moebius), el ingeniero la puso en la grabadora pero se olvidó de ajustar el carrete y la cinta salió volando, y se enroscó en el suelo pero, por suerte, no le pasó nada. Así que le pusimos las voces y los caños a lo que ya teníamos grabado y volvieron a venir los enviados de Grinbank a decirnos que nos volvíamos a mudar de estudio, ahora a Panda. Era como que nos iban elevando el crédito, mudándonos, paulatinamente, de un estudio medio pelo a otros más equipados. Además, como la compañía estaba en expansión, tenían guita para gastar e invertían más plata en nuestra producción.

SIN MEDITAR: UN VIAJE DIRECTO A LAS ESTRELLAS

¿Ya los habían empezado a promocionar, o puesto a tocar en algún lado?
No, hasta ese momento, con Los Romeos, solo habíamos tocado en tres boliches. Cuando terminamos de grabar en Panda, sale el disco en diciembre; y nos ponen de teloneros de Simple Red en Obras. ¡Alucinante! Hasta jugamos al fútbol con el Colorado (Mick Hucknall), el cantante del grupo, que venía de Brasil y se había comprado toda la ropa del Flamengo. Para ese momento ya estaba tocando con nosotros Gringui Herrera, un capo que se toca todo en la guitarra. Luego, hicimos el video clip, nos llevaron al programa de Tinelli y nos hicieron firmar un contrato con Telefe; y tuvimos que tocar con Duran Duran en Córdoba, Tucumán y Rosario.

Todo pasó muy rápido…
Sí, tal cual. Pero Sbaraglia ya estaba medio resentido con el grupo. Como “Basura” había sido un súper hit, la compañía quería que el segundo corte del disco fuera “Sin Meditar”, otro tema mío; y Pablo no quería eso, quería que el segundo hit fuera algún tema de él. Tengamos en cuenta que yo había compuesto 4 o 5 temas, y él 8. Pero esa decisión no la manejábamos nosotros, había otros intereses en juego. Además, si yo tuviera que elegir que tema la va a pegar te puedo asegurar que nos fundimos, porque nunca le pego…

Pero esa situación desemboca en la salida de Pablo del grupo…

Sí, él decide irse del grupo, luego de los dos shows que teníamos que hacer en River junto a Madonna. En ese show, antes de nosotros, estuvo Luciano Jr. haciendo rap, y le tiraron de todo al escenario. Volaban latas de cerveza, monedas… Yo vi eso y me dije: “Mamma mía, lo que nos espera acá…” Teníamos que enfrentar la situación de estar tocando de noche para 50.000 monos. Así que nos juntamos todos los del grupo, tipo jugadores de fútbol americano, y encaramos directo al escenario. Que fuera lo que Dios quisiera. Empezamos, hicimos los dos primeros tonos de “Voy a Dar Pelea” -¡justamente!-, y la gente se volvió loca. Y ya el segundo fue “Basura”. Ahí, directamente, nos amaron. Explotó el estadio, no se podía creer… Tocamos durante 25 minutos, y fue un flash extravagante. Bueno, ese fue el pico más alto del grupo, después todo empezó a caer.


¿Por qué? ¿Tuvo que ver con la salida de Sbaraglia o también hubo otros factores?
Lo de Sbaraglia fue como si se desquebrajara la columna vertebral del grupo, y cuando eso pasa es muy difícil continuar. En fin. Igual, hubo otras situaciones en ese momento que eran casi surrealistas. Por ejemplo, llegar a la puerta de un colegio, luego de aparecer en el programa de Tinelli, y que las chicas me rodearan, pidiéndome que tocara “Basura”. Esa “popularidad” no me gustaba mucho, yo quería salir huyendo de eso. A mí me encantaba que mi grupo fuera famoso, pero yo no. Yo soy una persona muy tranquila. Es lindo que te reconozcan, es casi como una droga; pero yo siempre fui consiente de que tenía que seguir adelante, haciendo nuevo material, y que esa fama se iba a terminar en algún momento, porque todo forma parte de un ciclo natural.

¿Ganaste buena guita en ese momento?
Sí, pero debía seguir haciendo mi laburo con las nueces, con las pasas de uva. La gente no entendía porque seguía trabajando en eso luego de aparecer en la tele. Se creían que uno por aparecer en TV gana un montón de guita, y eso no es verdad. Pero, aunque así fuera; podés ganar mucha plata –un tiempo- pero después, ¿qué hacés? Porque todo eso se termina. En mi vida siempre estuve yendo y viniendo, nunca pude vivir largo tiempo solo de la música. A mí me gusta mi trabajo con la fruta seca –algo que hice toda mi vida, desde chico-; lo otro, la vida del músico, es muy estresante. Además, nadie me contrataría para tocar con otra gente, porque yo hago canciones. Canto un poco, toco la guitarra; pero no podés estar haciendo, todo el tiempo, un hit atrás de otro. Quizás, eso lo pueda hacer Calamaro pero no hay muchos más. Yo podía ser medio bohemio, o que sé yo, pero siempre por detrás estaban mi hija, mi familia. Siempre tenía que tener ingresos, estar en movimiento, no podía hacerme el loco y desentenderme de mis obligaciones. Eso lo tengo bien en claro.

¿Nunca se te ocurrió componer temas para otros artistas?
Nadie me propuso nada. Igual, hice algunas cosas. Compuse una canción para el programa Las Patas de la Mentira (junto al documentalista Miguel Rodríguez Arias), y ahora tengo que hacer otra para otro programa. Sin embargo, estos son trabajos que los hago más por placer que por plata, porque, además, ni siquiera te pagan mucho. No voy a comprar un auto con lo que saque de ahí, o una casa… Aparte, cuando gané buena guita con “Basura”, no la guardé, la reventé rápidamente porque, en otro momento, hubiera pagado para estar ahí, y por eso me parecía irreal que me pagaran esa plata a mí… Los grupos en que estuve siempre fueron un poco delirantes y no tuvieron toda la fortuna que tuvieron otros para mantenerse.

¿Cuál es tu explicación de porque no pasó eso?
Creo que tiene que ver con como encara uno las cosas. Yo tenía dos vetas: mi trabajo comercial y mi labor como músico. Y como dice el dicho: “El que mucho abarca, poco aprieta”. Fueron muchos factores. Si hubiera tenido solo la música como sostén creo que me hubiera movido más en ese ámbito, escarbando y buscando mi lugar. Es como que la necesidad te hace. No es fácil. Además, hay tipos más carismáticos que se mueven muy bien sobre el escenario y a mí no me gusta eso…

Pero la historia de Los Romeos no se terminó ahí…
No, luego grabamos un segundo disco, Tirame un Salvavidas, que está buenísimo, pero no tuvo éxito. Además se fundió DG Discos, y eso también, quiérase o no, influyó. Así que el disco no tuvo difusión y, por supuesto, ya sabíamos que no nos iban a grabar otro álbum. Por eso, aunque luego fuimos a MTV en Miami, yo ya sabía que eso eran los últimos coletazos, que era una situación próxima a terminar y que había que aprovecharla bien.

SATISFACIENDO MI ALMA

¿Y como sigue tu historia musical?
Luego de un tiempo empecé a tocar en un grupo de música electrónica llamado Electronido y luego me agarró una malaria económica tremenda en el 2000. En ese momento perdí todo, me fui al tacho, no tenía ni para el colectivo… Estaba muy mal, caído anímicamente. Entonces, hasta mis propios acreedores me decían: “¿Por qué, mejor, no te dedicas a la música; que es lo que mejor sabés hacer?”. Así volví…

¿Y cómo?
Porque ahí apareció Juan Rodríguez, el legendario baterista. Junto a él y los dos pibes que me habían acompañado en Electronido me junté a tocar y empezó a sonar muy bien lo que hacíamos. Cuando Juan se tuvo que ir a hacer otra cosa, nos dejó como reemplazante a (Oscar) Moro, ¡nada menos! Al principio, Moro no daba pie con bola porque estaba mal. Venía de estar enfermo, medicado; pero cuando comenzó a engancharse se armó una gran banda. Era alucinante, lo que pasaba es que Moro estaba re loco. En resumen, yo estaba loco, Moro estaba más loco, y, sin embargo, ¡la cosa funcionaba! Eso me inspiró a seguir. Debido a eso, por esa época empiezo a componer las canciones que luego formarían parte de Pasaporte (2006), el ultimo disco de Los Romeos.

¿Esa vuelta al disco como se dio?
Porque apareció en escena Sergio Scharaer, quien había sido el primer manager de Los Abuelos de la Nada. El se acercó a nuestro grupo porque aun estaba tocando Moro con nosotros, y le encantó lo que estábamos haciendo. Luego Moro se fue pero Sergio igual puso la plata para que nosotros grabáramos Pasaporte, en 2004; otra vez con Juan Rodríguez en batería y Carlos Gardellini en guitarra. Ese disco quedó buenísimo y creo que es uno de los que más me gusta de todos los que hice. Tiene una cosa medio “setentosa”. Pasaporte es un álbum con un sonido único, re personal. Eso, quizás, se deba a la forma de tocar la batería de Juan Rodríguez, quien nos inspiró a realizar esa música. Lamentablemente, como fue una producción independiente, tardó demasiado tiempo en salir. Después de hacer eso me contacté de vuelta con Gustavo Virgilio, que era el baterista original de Los Romeos. Así, él volvió al grupo y ahora tenemos un estudio juntos, en donde estamos grabando algunas cositas, además de tocar en un local que Gustavo puso que se llama “Lo de Virgilio”. En eso estoy ahora, por un lado sigo con mi actividad relacionada a los frutos secos, al frente de una distribuidora que se llama Marrakesh, y por otro estoy haciendo música. Esas dos actividades son mi vida y me encantan.

¿Y ahora mismo estás grabando un nuevo álbum?
Sí, estamos grabando el disco sucesor de Pasaporte. Por otro lado, también me estoy juntando a tocar, a ensayar con los chicos de Alphonso S´Entrega, con su formación original. Ojo, por ahí, volvemos… (risas) Tocar con ellos me encanta, me hace cagar de risa.

Hablando de eso, ¿a que músicos considerás tus amigos?
Sin dudas, primero a todos mis compañeros de Alphonso y Los Romeos; también a Rino, quien es como mi hermano mayor de la música, ya que estuvo un montón de años conmigo y me enseñó un montón de códigos, de yeites. También, Carlos Gardellini, Gady (Pampillón) –quien llegó a formar parte de Los Romeos, durante algún tiempo-, o Juan Rodríguez. Bueno, obvio, Hilda Lizarazu, a quien conozco de toda la vida porque es mi hermanastra. Nuestros viejos están casados: mi mamá con el padre de ella. Hilda cantó en Alphonso, hizo voces en Los Romeos; y yo también colaboré con ella. Justamente, Pasaporte nació de un trabajo que hice con ella, cuando fuimos con Los Romeos a acompañarla para grabar un par de temas suyos, que después formarian parte de su disco Gabinete de Curiosidades.

¿Qué música escuchás?
Me gusta mucho escuchar discos mientras estoy cocinando. Que sé yo, escucho de todo; desde Amy Winehouse a Steely Dan; pasando por los Conciertos Branderburgueses de Bach; blues, cosas de BB King, Rick Derringer; o algo de (John) Coltrane, jazz viejo de los ´60…

¿Del rock nacional actual te gusta algo?

No, la verdad que me aparto un poco, porque no me gusta mucho, no me conmueve nada. Yo me fijo mucho en las letras, y como ahora son medio facilongas no me llaman la atención. A lo mejor siempre fue así y no me daba cuenta, no sé. No encuentro nada que me interese, lamentablemente. Pero quizás sea porque ya estoy viejo… Una de las poquitas cosas que me gustan son Los Cafres, un grupo que ha mejorado un montón. Me encanta lo que están haciendo ahora.


¿Cuál es tu relación con las guitarras, tenés alguna preferida?
Soy muy fanático de las guitarras, me gustan mucho, tanto como los autos. Además, tuve un montón: Stratocaster, Telecaster, Les Paul, Gibson 347, Gibson Chet Atkins, Epiphone, Yahama, Hammer, Ibanez… Siempre fui cambiando y vendiendo mis guitarras; pero si tengo que elegir una como mi preferida, esa sería, sin dudas, la Fender Telecaster. Sin embargo, es la más difícil. Es medio salvaje la Telecaster; no es una guitarra fácil de tocar. Uno tiene que ir domándola, creándole un sonido; porque, a la vez, es una guitarra sin complicaciones, simple. Si vos, en cambio, agarrás una Les Paul y le metes un acorde, suena como si fuera un piano (sic). El touch que tiene la Les Paul es increíble, con su hermoso diapasón, ese diseño, las cuerdas… Sin dudas, es una guitarra inigualable, impacta. Pero, en cambio, como la Telecaster es más chica –aunque tenga un sonido más indomable- me viene bárbara a mí, porque yo tengo una contextura física chica.

¡La misma Telecaster que le dio nombre a uno de los temas del primer disco de Alphonso! Igual, supongo que componés con la criolla…
Tal cual, tengo una criolla con la que compuse casi todos mis temas. Es casi mi cabala componer con esa guitarra.

¿Qué componés primero, la música o la letra?
La música, primero. Cuando te sale primero la letra, ya es más difícil. A veces compongo en mi auto, muchas de mis canciones, las letras, las hice ahí. En resumen, primero agarro la guitarra y empiezo a sacar tonos nuevos, y con esos tonos hago la música que se va quedando grabada en mi cabeza. A esa música luego le pongo letra. Hay letras, como la de “Basura”, que las hice en 10 minutos. Esa la compuse medio en joda para mandársela, en un casete con otras, a un primo mío que estaba viviendo en Europa. Y la hicimos así, zapando toda la letra de una, basada en un bolero que en un momento de su letra decía “basura”.

¿Qué canción de otro te hubiese gustado haberla compuesto vos?
Que sé yo, varias… Alguna de Calamaro. (Tararea) Esa que dice lo de “tu pelo enredado” (se refiere a “Para No Olvidar”, del disco Palabras Más, Palabras Menos de Los Rodríguez, editado en 1995). Me encanta esa canción.

Lo que se llamaría: “La canción pop perfecta…”
Sí, tal cual. Ese tema está muy bien, y, dentro de mis posibilidades compositivas, es algo que yo podría haber hecho. Por supuesto, me hubiera gustado componer alguna canción de (Joaquín) Sabina, pero eso ya escapa de mis posibilidades… (risas)
Secuencia Inicial.-

CERATI/ MELERO – COLORES SANTOS, 20 AÑOS DESPUES

Se cumplen 20 años de la edición de Colores Santos el disco a dúo entre Gustavo Cerati y Daniel Melero, a comienzos de la década del noventa el rock nacional estaba mutando, absorbiendo como nunca las influencias de diferentes corrientes alternativas, el desembarco de la música electrónica de manera masiva con las ascendentes fiestas raves y su fusión con el rock, discos como Screamadelica de Primal Scream o Doubt de Jesus Jones nos mostraban esa formula de combinar el dance con las guitarras, aparecieron los samplers y el abanico para crear música no solo se reducía a la forma convencional de componer melodías con la guitarra o el piano sino que sobre fragmentos de otras canciones o repitiendo bases electrónicas se podían crear nuevas melodías, algo que el hip hop ya venía haciendo desde principios de la década del ochenta.
Colores Santos fue la unión del líder de Soda Stereo en su momento mas popular, veía de convocar 250.000 personas en la Av. 9 de Julio junto al músico de culto, elitista para algunos, el productor under por excelencia Daniel Melero, el rocker y el tecno juntos, pero su camino ya había comenzado diez años antes, Soda grabó Trátame Suavemente en su primer disco allá por 1984 tema que Melero había compuesto para su banda Los Encargados y en 1990 se sumo al trío para co producir Canción Animal.
El anhelo de hacer algo juntos se materializó con esta bomba musical, Colores Santos es un disco que tiene muchos condimentos de experimentación sonora, guitarras procesadas, voces susurradas, climas ambient, pero nunca deja de lado la estructura de canción pop.
El viaje empieza con “Vuelta por el Universo” base electrónica espacial, la voz de Cerati suena mas suave y relajada casi aterciopelada junto a los coros de Melero guitarras eléctricas y acústicas se unen sobre el final del tema dándole un toque mas rockero a esta gran canción de electro pop. “Marea de Venus” uno de los temas más tecnos del disco, la letra juega con diferentes nombres de chicas y sus esteriotipos, el riff de guitarra es soberbio y es la muestra perfecta de una canción dance rock. “Cozumel” trip hop nacional, base down tempo la voz de Melero al frente, una guitarra fantasmal y una melodía somnolienta. 

“Quatro” primer pasaje instrumental del álbum para bailar, “Pudo Ser” el temas mas seductor, la voz de Carola Bony sugerente y sensual. “Hoy ya no soy yo” segundo corte del disco es una canción melodiosa de base acústica y ritmo beat. “La Cuerda Planetaria” de la autoría exclusiva de Melero vuelve a las bases electro y los ambientes house. “Madre Tierra” segundo instrumental se destaca la trompeta de Flavio Etcheto.

“Tu Medicina” dedicada al padre de Cerati fallecido por aquella época, con guitarras al frente y una letra de alto vuelo emocional. Con “Alborada” llega el momento mas experimental, guitarras en trance, sonidos misteriosos es el tercer tema sin letra… toda una rareza para la época. El último tema es el que le da nombre al disco “Colores Santos” es quizás la canción mas Soda de todo el álbum. Las letras de Colores Santos rondan alrededor de la psicodelia cósmica, viajes universales, planetas y turbulencias. 
A los pocos meses de editado el disco, que nunca fue presentado en vivo, Soda Stereo editó Dynamo nuevamente con la co producción de Melero el cual es un eslabón mas en la evolución sonora del trío y de Cerati en particular, con un obsesivo trabajo en los sonidos de las guitarras y mucha electrónica hasta el punto de preguntarse si ¿la música estaba en los cables? ….
Colores Santos es un disco que suena moderno hasta el día de la fecha por mas que hayan pasado veinte años es la piedra fundacional del electro pop nacional , un disco en el que sus compositores se dedicaron a jugar y experimentar con el estudio como un instrumento mas de la composición. Se iniciaba en Argentina el denominado movimiento de rock sonico y bandas como Juana La Loca, Babasonicos, Martes Menta y Tía Newton darían sus primeros pasos con trabajos que realmente renovaría y daría una bocada de aire fresco al rock nacional.
Lean Ruano.-

jueves, 15 de marzo de 2012

AIR - LE VOYAGE DANS LA LUNE

Nuevo trabajo para el dúo francés conformado por Nicolas Godin y Jean-Benoit Dunckel, la música de Air siempre recorrió la senda entre el electro pop, el trip hop y las atmósferas ambient, cuando deslumbraron con su primer trabajo Moon Safari (1998) y su ultra hit “Sexy Boy” sonaba sin parar en todos los rincones chill out del mundo era el momento que para ser “cool” tenías que escuchar pop francés artistas como Phoenix, Daft Punk o Sebastien Tellier estaban en boca de todos. El furor pasó pero Air sobrevivió, aunque de todas formas nunca volvieron a igualar el éxito de su disco debut pero se las ingeniaron para hacer excelentes álbumes de electrónica (pop)ular como Talkie Walkie (2004) y Pocket Symphony (2007). Los climas musicales que tejen los Air en sus trabajos siempre tuvieron un dejo de soundtrack espacial ya en el debut cinematográfico de Sofia Coppola “The Virgin Suicides” (2000) el dúo francés había aportado magistrales pasajes instrumentales y una de sus canciones mas logradas “Playground Love”.
En este nuevo proyecto se encuentran ante el desafío de musicalizar una película restaurada del gran Georges Melies que data de 1902, el director de Lobster Films; Serge Bromberg fue quien le pidió a los Air que se hicieran responsables de ponerle sonido a este maravilloso proyecto, un poco más de media hora de música sirve para realizar este trip lunar los climas y las melodías se entrelazan a la perfección con el colorido de las imágenes del cortometraje restaurado, su presentación en el Festival de Cannes fue de gran acogida para público y prensa.

La belleza musical de Le Voyage Dans La Lune radica en cierta psicodélica espacial de temas como “Moon Fever” o “Sonic Armada”, aunque, también de tanto volar por la galaxia a veces conviene poner los pies sobre la tierra con canciones como “Seven Stars”, “Parade” le da el touch mas pop y “Astronomic Club” cierta solemnidad pomposa, cabe destacar el aporte vocal de Victoria Legrand de los ascendentes Beach House.

Estamos frente a un disco experimental y bello a la vez con todos los condimentos que Air le puede aportar lo cual no es poco, como toda banda de sonido sin su soporte visual carece de cierto sentido pero este nuevo trabajo de los franceses de todas maneras se deja disfrutar si es a la luz de la luna mejor.
Lean Ruano.-

martes, 6 de marzo de 2012

The Who - (Banda Sonora Documental) The Kids Are Alright (1979)

Ilustración de Ariel Tenorio -
www.arieltenoriodibujante. blogspot.com 

Fue una de las bandas más espectaculares de la historia, la crítica lo sabía, el público también; si hasta ellos mismos se lo creían y por eso eran insoportables, aplastantes en vivo, irónicos, graciosos, sardónicos y soberbios. En una palabra, adorables. Eran, son y serán The Who: un grupo como los que ya no hay. Grabaron una docena larga de discos, algunos mejores, otros peores; ninguno en verdad malo; muchos de ellos clásicos –en especial, las operas rock Tommy y Quadrophenia, Sell Out, A Quick One, The Who by Numbers, Who are You y Who´s Next; este último su obra cumbre-. Violentos y roqueros, a veces hasta se ponían tiernos cuando componían baladas o canciones sentimentales. Hablar de The Who también es referirse a Pete Townshend con su brazo haciendo el movimiento del molino para aporrear su guitarra, sus saltos alocados y sus inolvidables canciones –sin dudas, uno de los mejores compositores de la historia del rock-; Roger Daltrey, un cantante carismático, camorrero e impresionante; el gigantesco John Entwistle, un bajista increíble; y la locura desatada e imparable de Keith Moon, el demonio hecho baterista. Un grupo que, cual dream team, siempre se comía a los chicos crudos, noqueando a propios y extraños. Será por eso, quizás, que su propio fuego se los devoró, y que nunca se pudieron recuperar del todo de la irreparable muerte de Moon en 1978, por más que siguieran adelante reemplazándolo con el ex Small Faces Kenny Jones.
Ilustración de Ariel Tenorio -
www.arieltenoriodibujante. blogspot.com 
Justamente, el documental The Kids are Alright fue estrenado poco después de la muerte de Keith y funciona como biografía musical de la banda. Está compuesto por material en vivo del periodo 1965 – 1978, además de muchos extras desopilantes que recorren los derroteros de los integrantes del grupo, adentro y fuera de los estudios de grabación, en presentaciones televisivas o en su vida privada –es imperdible la escena en que Entwistle practica tiro al blanco disparando con una escopeta a sus discos de oro, por ejemplo; o la algarabía de Moon mientras ensayaban un cover descocado de “Barbara Ann”, el clásico de sus adorados Beach Boys-. Todo eso, y mucho más, encontramos también en esta banda sonora; aunque, lamentablemente, no esté aquí esa oda a la masturbación que es “Pictures of Lily”, si incluida en el documental, o la mencionada “Barbara Ann”, así como tampoco “Who Are You”. Sin embargo, estas ausencias no hacen mella en este racconto que retrata la evolución musical del grupo, desde su época primigenia hasta su llegada al estrellato y en donde no faltan temazos como el destructivo “My Generation” (sacado de una presentación del grupo en 1967 en el show televisivo de los Smothers Brothers); “I Can See for Miles”, de su época psicodélica y hippie; o varias rarezas en vivo, así como presentaciones históricas como la del paso del grupo por el Festival de Woodstock (presentando la opera Tommy con el instrumental “Sparks”, “Pinball Wizard” y “See Me, Feel Me”), además de varias interpretaciones incendiarias–grabadas en distintas épocas- de "Magic Bus", "Anyway, Anyhow, Anywhere” y "Young Man Blues”, por no hablar de la que quizás sea su mejor performance de "A Quick One, While He's Away," incluida en el especial de Los Rolling Stones Rock & Roll Circus (1968), un hito del rock que pasó a la historia porque permaneció inédito mucho tiempo, según la leyenda, en buena medida porque los Stones habrían sentido que The Who les habían pasado el trapo en vivo, robándose la atención, y obligando a Jagger y Cia a cajonear ese material por 27 años. También encontramos en esta banda sonora a los inmortales "My Wife" (irónico numero compuesto por Entwistle), "Baba O'Riley” y "Won't Get Fooled Again", este último uno de los más grandes himnos roqueros de la historia; así como un medley con "Join Together/Roadrunner/My Generation Blues", grabado en 1975; y esa declaración de principios hecha canción que se llama "Long Live Rock". En resumen, una antología imprescindible para descubrir y/o seguir maravillándonos con esta inmortal banda.
Emiliano Acevedo.-

TINDERSTICKS - THE SOMETHING RAIN

Surgidos de la escena Indie británica de comienzos de la década del noventa, Tindersticks nació como sexteto en la ciudad de Nottingham liderados por el vocalista y guitarrista Stuart Staples, por aquellos años cuando el mundo entero se arrodillaba ante las pegadizas melodías del brit pop, Tindersticks proponía una estética mas poética con un marcado perfil de oscuro romanticismo sus arreglos orquestales eran mas solemnes y la voz de Staples una mezcla entre Leonard Cohen y Scott Walker. Sus dos primeros álbumes Tindersticks (1993) y Tindersticks II (1995) mostraban el particular sonido del sexteto, a la voz de crooner de Staples se le sumaban exquisitos arreglos de cuerdas, vientos, vibráfonos etc. Tindersticks se mostraba como una verdadera orquesta de rock y desarrollaba una amplia paleta de colores en sus sonidos, pero su obra cumbre llegaría en 1997 con el álbum Curtains instalando el clásico "Ballad of Tindersticks”.
Tras la edición de su sexto álbum Waiting for the Moon (2003) las cosas cambiaron, sobrevino una crisis creativa interna que daria como resultado varios cambios de formación, Stuart Staples le dedico la mayor parte del tiempo a su carrera solista y luego de cinco años deciden volver a grabar The Hungry Saw (2008) y Falling Down a Mountain (2010) ambos trabajos no se caracterizaban por la fuerza y el temperamento de antaño mas bien sonaban lago sosos y hasta aburridos en algún punto, escuchar un disco entero de Tindersticks se había tornado en una tarea tediosa, se habían perdido los exquisitos arreglos orquestales y cierto dramatismo en sus composiciones para darle paso a canciones con estructuras mas directas.
Este nuevo trabajo The Something Rain y ya establecidos como cuarteto parece venir a poner las cosas en su lugar nuevamente, “Chocolate” es la encargada de abrir el fuego y se trata de nueve minutos de un spoken word que va increcendo hasta explotar al final con unos estridentes arreglos de vientos para ubicarla al lado de “My Sister” de su segundo trabajo , también muestra sonidos ya característicos de la banda como la cabaretera “Show me Everything” y el pop de salón de “This Fire of Autumn”. Lo mejor del álbum llega con la tranquila y nostalgiosa “A Nigth To Still” y la belleza melódica y psicodélica de “Come Inside”, los arreglos de saxo de “Slippin’ Shoes” también marcan un punto alto en este disco.
Creo que este álbum es un buen trabajo comparado con sus dos últimas entregas pero ni por asomo se acerca a los días de gloria de cuando Tinderstick era un sexteto y sus oscuras melodías sonaban creíbles y emocionantes algo que por ahora están lejos de volver a alcanzar.
Lean Ruano.-

Strawbs - Just a Collection of Antiques and Curios

Este álbum -grabado en vivo en el Queen Elizabeth Hall de Londres, el 11 de julio de 1970- fue todo un hito, no solo por ser el primer disco de los Strawbs editado en los Estados Unidos, sino también por lanzar a la consideración popular a uno de los mas grandes músicos que haya dado el rock progresivo: Rick Wakeman, un brujo de los teclados. Si bien aun nadie podía prever que Wakeman –hasta ese memento un joven y cotizado sesionista- se convertiría luego en una súper estrella del rock con peso propio; ya desde el vamos, este show fue muy promocionado, con anterioridad a su realización, lo que originó que haya sido presenciado por buena parte del mundillo musical del Londres de la época, entre ellos Chris Squire y Jon Anderson, núcleo central de Yes, quienes se entusiasmaron mucho con el rubio tecladista. Ya desde su llegada al grupo, Rick Wakeman le había dado toda su magia interpretativa a Straws, quienes hasta ahí no habían sido mucho mas que una banda de folk, con influencias varias desde iban desde Bob Dylan hasta los Fairport Convention. Por eso, sería recién en este disco en vivo, de impecable sonido (producido por Tony Visconti), en donde el grupo terminaría de redondear su viraje estilístico, volviéndose –ahora sí- más interesante su propuesta musical. En este show, Wakeman se luce, especialmente en una composición, basada en un solo de piano, intitulada "Temperament for a Mind”. Y sería dicho tema el que lanzaría en forma casi masiva el nombre del joven tecladista –entonces, de sólo 21 años- a la consideración de la prensa musical inglesa, que terminarían calificando a Wakeman como un músico "prometedor”. Sin embargo, Rick ya era bastante conocido –y requerido- dentro del mundo de la música, en base a sus actividades como sesionista. Por ejemplo, cuando había tocado el melotrón en el clásico "Space Oddity", del disco de David Bowie (1969), primer éxito del duke blanco. Volviendo a este disco en vivo, The Straws hace aquí un salto cualitativo, que va desde el “folk" (a secas) hasta el "folk-rock". El grupo aun tocaba –salvo Wakeman- con instrumentos acústicos, pero será, justamente, debido al suceso de este álbum que luego se endurecería el sonido de la banda, acercándolos más al rock; aunque Rick ya no era de la partida para entonces; pero seria a partir de “A Collection of Courius” en donde el Strawbs mas acústico de los primeros discos empezaría lentamente a divagar en un estilo musical bastante mas estridente. Esto se verá reflejado con creces en -su siguiente álbum en estudio- From the Witchwood, el útimo que contó con la participación de Wakeman. Curiosamente, sólo recién luego de la partida de Rick, la banda se volvería mucho más progresiva, inaugurando una etapa que duraría hasta mediados de la década de los '70.
 La edición remasterizada de Just a Collection of Antiques and Curios incluye también tres nuevos temas que aparecían en la edición original. Uno de los temas mas destacados de este disco es el épico de nueve minutos "Where Is the Dream of Your Youth", en el que Wakeman modificó casi por completo la versión original de estudio. Otro de los temas incluidos recién en la versión remasterizada en CD es el soberbio "Vision of the Lady of the Lake", que incluía una destacada labor de Cousins y Wakeman. Mientras que en "We'll Meet Again", Cousins -quién tiene una voz parecida a la Ritchie Havens y/o (por momentos) Cat Stevens- canta mejor que nunca. El disco cierra con "Forever", un tema que incluye arreglos sobregrabados en estudio. Otro de los mejores temas del disco es la hermosa balada de Cousins "Song of a Sad Little Girl", una canción que el cantante le dedico a su hija víctima de la fiebre, en donde se puede apreciar una emotiva labor de Wakeman en piano. Así que, a pesar de no ser un álbum 100 % de “rock sinfónico", es bastante interesante y tiene momentos muy atractivos y recomendables, entre ellos la labor de John Ford al bajo durante todo el disco.
Resumiendo, buen disco en vivo, que se deja escuchar, aunque sea solo para apreciar que podía plasmar -dentro del acotado ámbito de una banda "folk"-, desde su más tierna juventud, ese prodigio musical que se llama Rick Wakeman.
Emiliano Acevedo.-