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sábado, 18 de febrero de 2012

BUSCANDOTE EN EL UMBRAL, recital de Pedro Aznar, al aire libre, en Costanera Sur (viernes, 10 de febrero de 2012)

Fue una curiosa y hermosa noche en donde se hizo presente la emoción y el recuerdo. De movida, la excusa era realizar un ciclo basado en el repertorio folklórico argentino, y para eso fueron convocados Pedro Aznar y Roxana Amed; encargados de abrir la primera jornada en el anfiteatro de Costanera Sur. Sin embargo, nadie se pudo sustraer al hecho que había conmocionado a nuestra cultura nacional, tan sólo 48 horas antes: el fallecimiento de Luis Alberto Spinetta. Por eso, a pesar de que el repertorio elegido por Aznar y Amed fue casi todo folklórico, también hubo tiempo para homenajear al gran Flaco. Recordemos que, inmediatamente después de darse a conocer la triste noticia que enlutó al rock argentino, Pedro escribió un texto muy sentido que daba cuenta de su conmoción ante tal suceso. Luego, durante su show en Costanera, consolaría al público, diciéndoles que, en realidad, lo del Flaco no era una perdida; ya que, más allá de su desaparición física, “habíamos ganado un amigo para toda la eternidad”, y que debíamos preservar su mensaje, su obra, para las futuras generaciones. Antes, Roxana Amed (una de las mejores cantantes argentinas) había concluido su set interpretando “Durazno Sangrando”; y después, sería el propio Pedro el que pediría al público un minuto de silencio en honor de la memoria de Luis –un pedido, cumplido respetuosamente por las 10.000 personas presentes allí, y que concluiría con un aplauso interminable-, antes de interpretar –a dúo con Amed- esa inmortal zamba spinettiana llamada “Barro Tal Vez”. Por eso, lágrimas, canto y emoción no faltaron a lo largo de las casi dos horas que duró este concierto, en que Pedro estuvo, como siempre, impecable, cantando como los dioses, mientras se acompañaba con la guitarra criolla, la acústica de doce cuerdas, su infaltable bajo eléctrico, el teclado o un tambor de cuero

Su generoso repertorio estuvo compuesto mayormente por zambas, con un cancionero que daba cuenta de todas las regiones de nuestro país: “El Cosechero”, “La Pomeña”, “La Volvedora”, “Los Hermanos”, “La Añera”, “El Senclanteño”, “Si Llega a ser Tucumana” y “Tan Alta Está la Luna”, entre otras. Tampoco faltaron los músicos invitados –de excepción-, como el gran percusionista Facundo Guevara, Franco Luciani –como siempre, brillante en la armónica-, y Víctor Heredia, quien cantó junto a Pedro el clásico “Todavía Cantamos”. Como si esto fuera poco, poco antes apareció Pedro –con su bajo con un destornillador para golpear las cuerdas- para interpretar “Muñequitos de Papel”. Además se dio el lujo de incluir tres clásicos de la gran Violeta Parra: “Maldigo del Alto Cielo”, “Volver a los 17” –cantado a dúo, de manera emocionante junto a Roxana-, y el infaltable “Y Arriba Quemando el Sol”. Y eso fue todo… ¿Eso fue todo? No, por supuesto que no; porque después de tres bises, de tantos aplausos, de tanto canto regado; aún quedaba tiempo para una canción más, la ultima… Qué, como no podía ser de otra manera, era de él, el gran ausente/presente, ese que nunca se va a ir de nuestros corazones y oídos… Así, Pedro se sentó con la acústica y nos regaló la ultima joya de la noche: “Ella también”, ese hermosísimo tema de Spinetta incluido en su clásico álbum Kamikaze, de 1982. Y justo ahí, en ese mismo instante final, una estrella fugaz pasó recorriendo el horizonte…

Emiliano Acevedo.-

sábado, 11 de febrero de 2012

MARK LANEGAN BAND - BLUES FUNERAL (2012)

Nuevo trabajo para la garganta más áspera del grunge, Mark Lanegan un verdadero sobreviviente de aquella explosión de rock estadounidense de la década del noventa, cuando lideraba a los Screaming Trees, ha sabido llevar adelante una carrera verdaderamente camaleónica ya sea participando de proyectos ajenos –Queen of the Stone Age-, como poniendo su aguardentosa voz a disposición de la princesita indie Isobel Campbell para plasmar tres magníficos discos a dúo, y si hablamos de sobrevivientes no podemos dejar de mencionar su proyecto The Gutter Twins junto a su amigo Greg Dulli (Afghan Whings), con el que editaron el hermoso álbum Saturnalia (2008). Mark Lanegan ha visto partir a muchos de sus amigos Kurt Cobain, Layne Stanley, Elliott Smith, ha tenido problemas con la ley y sobrevivido a un accidente que lo dejo al borde de la muerte pero, siempre se las arregló para ponerse de pie y seguir adelante.
Blues Funeral es su flamante trabajo solista pero a su vez es un disco de banda la Mark Lanegan Band compuesto por canciones decoradas con todas las influencias del gran Mark, hay guitarras distorsionadas, bases electrónicas (recordar su colaboración con el dúo electro Soulsavers), pero el protagonista principal es su voz y su magistral forma de cantar, sin dudas tiene todo para ser un digno heredero del enorme Tom Waits pero con su estupenda garganta no alcanza para sostener todo un álbum y queda claro.
“The Gravedigger’s Song” que fue el corte adelanto y creo mucha expectativa abre este nuevo trabajo con una percusión de ritmo constante y sostenido lo mejor del disco, para darle paso a “Bleeging Muddy Water” y “Phantasmagoria Blues” dos oscuras baladas bluseadas de teclados al frente y guitarras fantasmales para escuchar en penumbras, “Riot in my House” devuelve a Lanegan a las guitarras afiladas de riffs poderosos con cierto sabor de antaño grunge de lo mas enérgico de este nuevo trabajo.

Blues Funeral es un trabajo un tanto desparejo, ya que, va y viene entre canciones taciturnas y sombrías como “St Louis Elegy” y tibios acercamientos electrónicos como en “Ode To Sad Disco” y cuesta encontrarle el hilo conductor a todo el álbum.

“Quiver Syndrome” intenta ser un proto punk pero queda a mitad de camino con insulsos arreglos de teclados, “Harborview Hospital” otra balada de base electronica simple y aburrida “Leviathan”
“Deep Black Vanishing Train” es la balada country del disco y logra crear un clima íntimo y emotivo de los pocos en todo el disco.
Mark Lanegan un amante de las canciones tristes esta vez nos deja con un sabor agridulce, Blues Funeral era un trabajo muy esperado para este 2012 pero, termina siendo una obra despareja y sin aportar gran cosa a la obra de este gran artista.
Lean Ruano.-

THE CARS - MOVE LIKE THIS (2011)

The Cars está de vuelta, y con disco nuevo. ¿Qué? Sí, oyó bien; es la misma banda ochentosa liderada por Rick Ocasek, ese flaco feo y alto que se levantaba a la linda, el que cantaba “You Are the Girl (of My Dreams)”; y, también, el mismo grupo que grabó “Drive”, un clásico de las FM (y de los telos del conurbano…). Si bien –como le ocurre a muchos de los grupos que se reúnen- ellos también tienen un integrante muerto (Benjamin Orr, su histórico bajista y cantante, fallecido en el 2000), eso no impide que vuelvan a la ruta, como si nada, partiendo desde el punto exacto en que los dejó su última producción de hace 24 años. Como si emularan a ese personaje (“Walter”) encarnado por Daniel Hendler en un comercial de una telefónica, los integrantes de The Cars también parecen haber sido descongelados de su cámara criogénica, para reaparecer con su música de walkman en esta era del i-Pod. (…y quizás, a esta altura ya nos dimos cuenta de que al único que nunca descongelaron es a Walt Disney…) ¿Y a que viene toda demente introducción? Al hecho de que esta nueva producción de The Cars suena exactamente igual que el resto de su discografía anterior, es decir: un rock medio, oscuro pero melodioso como el pop, fácil de escuchar, que no irrita, con guitarras filosas y prolijitas, los típicos tecladitos, y ese ritmo mecánico de siempre. Y está bien que así sea, para que de paso podamos apreciar de donde robaron algunos de los grupos surgidos en la última década y media -como Weezer, The Strokes, Franz Ferdinand o Kaiser Chiefs-; porque The Cars era también eso: un grupo, medio de rock, medio de pop, sin demasiado compromiso, que hacía una música que mezclaba el sonido urbano de Television con el material más tranquilo de la Velvet Underground. Una new wave contenida. Y si te preguntás como suena el nuevo disco, te comento que nada mal; es decir, nada mal para un grupo cuyo mejor disco es su Greatest Hits de 1985 -junto a, quizás, Heartbeat City, su opus de 1984, que traía, además de la mencionada “Drive”, a los hits “You Might Think” y “Magic”-. Por eso, aunque este intachable y elegante Move Like This 

tampoco pasará a la historia, ni será recordado como un disco clásico, cumple con las expectativas de los nostálgicos, ya que está bien, pero hasta ahí; agrada sin empalagar, te gusta, pero es casi igual que escuchar FM Aspen, que como el agua mineral, no te hace ni bien ni mal… 

Empieza con la efectista “Blue Tip”, una muy linda canción, marca registrada de la casa, que contiene esos típicos deliciosos tecladitos (sintes Roland) de los que habíamos hablado antes; y quizás por eso, seguramente, éste y “Sad Song” sean los temas más destacados de este nuevo álbum. La increíble “Too Late” es impresionantemente retro y te convence de que estamos de vuelta en 1984, pero no, lamentablemente, eso no pasará amigos; así que tranquilos, y no salgan corriendo a comprar figuritas de Snoopy, las revistas Anteojito y Cosmik, los autitos Galgo o cartucheras de Kitty, porque ya no hay más… Siguiendo con este Move Like This, también tenemos a “Keep on Knocking”, un tema en clave rock que está muy bien; el oscuro “Take Another Look”, con su ritmo nostálgico de Casiotone –y un estribillo nacido para arrasar corazones-; “Drag on Forever”, que suena como si la Velvet volviera ahora con un sonido mucho más blandito pero igual de retorcido; “It`s Only”, un tema roquero americano de carretera ala Tom Petty; “Free” y “Hits Me”, dos canciones bastante previsibles, sin demasiado para destacar; y “Soon”, el himno gospel sintetizado que nunca se le hubiese ocurrido a U2… 
En resumen, un disco ideal para ser escuchado por personas nostálgicas de la década de los chupines, los raros peinados nuevos, el nevado y las calzas fluo… Si usted es uno de esos, vaya a comprar este Move Like This ya mismo. Hablar una palabra más acerca de este álbum sería totalmente al dope…
Emiliano Acevedo.-

jueves, 2 de febrero de 2012

SU PIANO COMO SANTO REMEDIO, entrevista a Adrián Iaies.


Decir que Adrián Iaies es uno de los más talentosos pianistas de la música popular argentina no es una novedad para casi nadie. Pero nos quedaríamos cortos si resumimos su actividad musical solo con esa mención, porque en la figura de Iaies se conjugan muchas variantes: músico virtuoso, sí, hábil arreglador, productor y compositor, también; pero, y no menos importante, un gran promotor y difusor del jazz (tanto por su labor como director del Festival de Jazz de Buenos Aires, así como su trayectoria al frente de un sello discográfico dedicado al género); y todo eso sin hacer referencia a su labor como director musical –compositor- de bandas sonoras de filmes –como ocurrió con la reciente “Mi Primera Boda”, protagonizada por Natalia Oreiro y Daniel Hendler, en donde el propio Iaies hace un breve cameo junto a su piano-… Un melómano, investigador, docente musical; pero, además, otra cosa que siempre hizo Iaies fue acercar al jazz a otros géneros de la música popular –llámese rock, tango, folklore o compositores populares-, haciendo versiones (en clave jazzera) de decenas de esas viejos clásicos, que conocemos todos, y con los que este músico creció, escuchándolos; como para reafirmar que el jazz no es una música de una elite, sino un genero tan accesible como cualquier otro. Y en eso está el hombre, en medio de sus jóvenes 51 años, con una actividad profesional febril, incansable, que no se detiene ni un minuto: grabando discos, tocando en vivo, produciendo eventos, enseñando en talleres de perfeccionamiento docente o dando clínicas; siempre adelante, con las mismas ganas y el tesón que tuvo desde ese primer momento en que, siendo niño, su madre lo sentó frente a las teclas de su piano…
Por Emiliano Acevedo.-

LA CASITA DE MIS VIEJOS

¿Cómo se da tu acercamiento a la música, y porque elegiste al piano como tu instrumento?
Elegí el piano porque mi vieja es pianista, por lo que era bastante natural que eligiera este instrumento ya que desde siempre hubo un piano en mi casa; y por eso tenía un contacto cotidiano –y hasta obligado- con la música. También, en mi casa había un ambiente muy musical: mi viejo era tanguero, y le mucho gustaba bailar tango, era bastante milonguero; y mi vieja tenía una formación de música clásica, había sido concertista, por lo cual no había ninguna posibilidad de que yo zafara del piano; y luego, la verdad, nunca hubo en mí ningún tipo de interés por otro instrumento que no fuera el mismo piano.

Y con relación a esto, ¿por qué afirmas que vos no elegiste la música, si no que ésta te eligió a vos?
Bueno, es una forma de decir. No elegí a la música porque, cuando me quise acordar, ya era músico. Yo nunca tuve dudas de eso, pero es porque a mí me sentaron desde muy chiquito al piano -cuando apenas tenía cuatro años-, y me obligaban a estudiar la única música que había para estudiar en ese momento que era la música clásica. De cualquier forma, yo creo que mi vieja hizo bien, porque la única manera en que se puede hacer que un chico estudie música –si se cree que tiene condiciones-, es obligándolo a hacerlo, e insistirle; porque sino va a ser muy difícil que un chico se siente voluntariamente al piano a estudiar, superando algo que, incluso, físicamente le cuesta, porque para la manito de un chico de cuatro años es toda una complicación pulsar las teclas.

Y a partir de esos tempranos tiempos de descubrimientos musicales hasta la actualidad, ¿cuáles son tus máximas influencias, tus referentes, los artistas que más admiras?
En su gran mayoría, son músicos de jazz, especialmente pianistas; no puedo dejar de mencionar a Bill Evans, quien –prácticamente- fue la primera música de jazz que yo escuché -más precisamente, un disco del trío de Bill Evans (At the Town Hall, 1966)-, que escuché, justamente, en la casa de mi maestro Manolo Juárez. Bueno, Manolo también ha sido una gran influencia para mí, porque es un músico que siempre tuvo el mismo tipo de compromiso con la música llamada académica (o erudita) que con la música popular. Admiro mucho también a John Lewis, que fue otro gran pianista –tocó en el Modern Jazz Quartet-, y lo considero una gran referencia musical; como así también, por supuesto, a Miles Davis, Bud Powell, Thelonious Monk, y, obviamente, (Duke) Ellington... La verdad, tuve muchos referentes musicales en el jazz, y luego, como mi adolescencia transcurrió en forma casi paralela con los primeros tiempos del rock nacional, yo fui muy fan de Charly García, de ir a sus conciertos, desde la primera época de Sui Generis y luego también con La Máquina de Hacer Pájaros, Serú Giran; y también tuve la suerte de ver varias veces tocar en vivo a Piazzolla, experiencias, ambas, que inevitablemente también me han marcado...

MELODIA NOCTURNA

¿Cuál es para vos la diferencia entre hacer una banda sonora y un disco original? ¿Cómo Pensás ambos proyectos?
Para mí, no tienen ninguna relación. En sí, los discos tienen una vida autónoma, tienen que funcionar por sí mismos, yo pienso (y trato) a mis discos como proyectos que deben tener una cierta homogeneidad, una idea conceptual, incluso en cuanto a las formaciones (instrumentales), ya que no suelo hacer discos en los que haya varias formaciones diferentes; por eso, a lo largo de cada uno de ellos hay una formación única, ya sea un disco de cuarteto, trío, un dúo, o solo piano, según la ocasión. La banda sonora es otra cosa, ya que es algo que tiene que funcionar como apoyo de algo que es prioritario: la imagen; o sea, que cada banda sonora tiene que ayudar o, incluso, potenciar lo visual; por eso, a veces, consiste en casi un silencio con algún sonido en algún lado. Lo que yo tengo bien en claro es que, en una banda sonora, la música no puede distraer al espectador de lo que está viendo, ¿no?

Y con relación a los covers, ¿de que manera pensás los que realizas, y cuál es la diferencia para vos entre componer un tema propio y realizar un arreglo para una canción de otro?

En realidad, yo no hago “covers”, lo que yo hago es tomar una canción e imprimirle mi propia identidad; en cambio, el cover es interpretar una música de la forma más parecida a la versión original. El cover es un concepto del rock, y no tiene demasiado que ver con el jazz. La diferencia entre componer mi propia música o de trabajar sobre una composición de otra persona es que cuando vos compones tu propia música estás tocando algo que nadie conoce hasta que vos lo tocás, es algo tuyo y no tiene otra versión alternativa más que la tuya, con lo cual, tenés una preocupación menos; en cambio, cuando vos tocás algo que no te pertenece, tiene sentido que toques esa música si crees que podés aportarle algo tuyo, si no es así es preferible dejarla. Por eso, por ejemplo, si yo voy a grabar, o a tocar, “Pannomica” (de Monk), o la “Zamba de Lozano” –como hicimos, en ambos casos, con Roxana-, o hacer “Cuando Ya me Empiece a Quedar Solo” –como hice en el disco de solo piano Esa Sonrisa es un Santo Remedio-, eso tiene sentido hacerlo si yo voy a hacer algo diferente a la versión original, a aportarle algo mío; sino no tiene sentido, sería como tirar agua en el mar...


Hablando de versiones, ¿qué canción de otro artista te hubiese gustado componer a vos?
La verdad, muchísimas: “Cuando Ya me Empiece a Quedar Solo” y “Viernes 3 AM”, ambas de (Charly García); “Upper Manhattan Medical Group”, un tema increíble de Billy Strayhorn -que es otro de mis compositores preferidos, y algo así como el alter ego de Ellington-; “Ruby My Dear” de Monk, toda la música de Duke Ellington... En fin, sería una lista interminable de temas. Toda la música que yo toco son temas que adoro y que me hubiese haberlos hecho yo...

¿Cuál es la diferencia que encontrás entre grabar versiones de Fito, Charly, Spinetta, Divididos o un tango de Cobian?
Ninguna diferencia, todas son músicas que me gustan; lo que sí, trato siempre de que mis versiones no se conviertan en una caricatura (del original). No se trata de tocar, por ejemplo, un tema de Divididos, o de Cobian, y llevarlos al ritmo de jazz; se trata de construir una historia diferente, y que muestre tu identidad como músico acerca de ese material que a vos te gusta. Hay que tener un gran respeto por los compositores originales, por eso yo nunca hago versiones de taquito, no es que agarro cualquier tema y lo grabo, es una labor que lo hago a conciencia, trabajo mucho cada tema, lo estudio, lo toco, lo escucho... Y, una vez que lo terminé, me fijo si realmente le estoy aportando algo o no; por eso, me ha pasado el tener que descartar muchísimos temas, en los cuales venía trabajando, ya les había escrito el arreglo, los estaba ensayando, e, incluso, ya había llegado a tocar en vivo, y ahí, en el vivo, recién me di cuenta de que no tenía ningún sentido insistir con eso...

¿Cómo fue para vos el desafío de grabar composiciones de Astor Piazzolla?
Con su música, la verdad es que yo no siento ningún desafío mayor al que siento cuando grabo otras músicas de otros compositores, porque básicamente elijo música que me gusta. Lo que sí he tenido en cuenta con Piazzolla es el hecho de que buena parte de la música que él escribió yo no creo que pueda ser compatible a mi idea de cómo trabajar una versión de manera diferente, porque me parece que mucha de su música, Piazzolla la pensó para ser tocada tal cual él la escribió; porque, en sí Piazzolla no era un compositor de música popular sino contemporánea, y un orquestador; por eso, su música necesita que, no sólo uno toque sus temas de la manera que él escribió la música, sino que también es necesario tocarlos con los arreglos que él puso ahí.

SOLO Y BIEN ACOMPAÑADO

¿Cómo se origina tu dúo con Roxana Amed, y cual es tu balance del mismo?
Con Roxana somos amigos y nos conocemos hace bastante. En sí, este proyecto arranca cuando ella me invitó a grabar en su disco Entre Mundos. Ahí, grabamos como dúo en el tema que da nombre al álbum. Ese tema lo grabamos en la casa de Pedro Aznar, quien era el productor de Entre Mundos; y luego, yo la invité a ella a grabar en un disco –que hasta ahora nunca salió - con Horacio Fumero; allí ella cantó “La Colina de la Vida”, el tema de León Gieco, en ese álbum, que quizás salga este año. Así, comenzaron a sucederse invitaciones entre nosotros dos, ella me invitó a acompañarla en vivo en algunos conciertos suyos; luego, yo la invité cuando presenté mi disco Esa Sonrisa es un Santo Remedio, y también para que me acompañe en Café Vinilo –ahí, todos los años yo hago un ciclo de jazz, porque siempre me dan unas fechas para que haga lo que quiera-, y como ese dúo que hicimos en Café Vinilo funcionó, de ahí sale la idea de hacer un disco. El balance que puedo hacer de esta experiencia es muy bueno, como pasa siempre que te juntas con alguien talentoso, que tiene algo para decir, y también una persona interesante y que es solidaria en el escenario, como es el caso de Roxana. Por eso, es una experiencia súper buena el tocar con ella, y algo que disfruté, disfruto, y disfrutare cuando ocurra, ya sea en concierto o en disco, o, incluso, escuchando el disco, una vez grabado...

¿Cómo fue la experiencia de grabar, en vivo, Cuando la Lluvia Dejó de Ser Sagrada?
Bueno, en realidad, este no es el primer disco que grabo en vivo. Ya hice varios discos en vivo, porque me gusta muchísimo tocar en vivo, soy un tipo muy poco fóbico en el escenario, disfruto mucho tocar, me gusta el contacto con la gente, me gusta tocar en lugares chicos donde la gente puede tomar algo mientras escucha mi música; por lo tanto, grabar en vivo siempre es una muy buena experiencia para mí. también, así como me gusta grabarlos, también me gusta mucho escuchar discos en vivo, soy un gran consumidor de álbumes de este tipo, que, por otro lado, en el jazz constituyen una tradición mayor a la de cualquier otro género musical, ya que, obviamente, en el jazz la música sucede en el escenario de un modo muy diferente a lo que ocurre en un estudio, porque el contacto con el publico -para los artistas de jazz- siempre constituye una gran influencia. Este último disco, al que te referís, la experiencia fue buenísima, y, además, lo hicimos en forma conjunta con la gente del Café Vinilo, quienes son amigos y muy buenos productores discográficos. Por ejemplo, el trabajo de Cheche Ordóñez –el dueño del Café-, fue sensacional, ya que se ocupó de todo lo referente a la producción del disco de manera brillante, y así yo pude tocar tranquilo sin tener que preocuparme por nada; la verdad, lo suyo fue un merito, porque, por el contrario, en las grabaciones de mis discos yo soy mi propio productor. En verdad, he trabajado con otros productores, sólo en algunos discos, y Cheche, sin dudas, está a la altura de cualquiera de ellos, incluso los mejores, con los que grabé en el extranjero.

¿Cuál es la historia detrás del vals que le dedicaste a Beatriz Sarlo?
Bueno, yo admiro mucho a Beatriz Sarlo, leo todo lo que ella escribe, y coincido con sus opiniones. Obviamente, mis lecturas sobre su obra vienen de hace tiempo, y no de ahora, cuando se ha armado –recientemente- tal revuelo mediático sobre su figura con el tema de 6, 7,8, y demás; y, por otro lado, Beatriz es una melómana y una jazzera, le gusta mucho el jazz, le gustan muchos pianistas de jazz; en sí, conoce bastante sobre el género –tanto ella como su marido, el cineasta Rafael Filipelli-. Por eso, una vez que me vino a escuchar, hablamos, y yo le dije: “Te voy a escribir un tema”; entonces, me contesta “bueno, dedícame algo que sea como “Waltz for Debbie” (un famoso vals de Bill Evans)” Y así fue que me salió este “Waltz for Beatriz”, que quedó precioso, y que a ella -cuando lo escuchó- la hizo emocionar hasta la lágrimas... Así que, bueno, seguramente lo grabaré a fin de año, con mi grupo, para el próximo disco.

SAGRADA MUSICA POPULAR

¿Cómo es la experiencia de estar al frente de un sello discográfico y organizar festivales de jazz?
Para mí el organizar un festival siempre es una experiencia muy enriquecedora, porque yo soy una persona a la que siempre le gusta hacer cosas de producción además del trabajo más artesanal relacionado al hecho de componer música. Siempre me ha interesado producir discos, organizar eventos, incluso, he sido manager de mi propia carrera durante bastante tiempo, o sea que conozco un poco como funciona el negocio. Es un lindo desafío, pero también son cosas diferentes. En lo que respecta a lo del sello discográfico, que es lo que hice en EMI Odeon, con el subsello S´ Jazz -que era un proyecto mío-, llegué a ese proyecto cuando ya era artista de la compañía; bueno, esa actividad es muy distinta a la de organizar un festival, que es un festival público –organizado por el Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad-, que se hace con dinero del estado, y en donde uno tiene que tener ciertos cuidados en el sentido que necesariamente –más allá de que, al igual que en el sello discográfico, uno como director artístico tiene la de seleccionar aquellos artistas que están OK como para estar en el escenario- yo tengo que ocuparme de que todos los músicos se enteren que existe esta posibilidad de tocar, que tienen que enviar su material; y además, como este es un festival tan complejo, con variados escenarios temáticos, eso también implica un cierto cuidado, un cierto diseño. En sí, es una experiencia buenísima. Ya voy a empezar mi quinto año como director del festival, y siento que aprendí muchísimo en todo este tiempo.

Con respecto a esto, ¿Cuál es tu opinión de la difusión que se le da al jazz en nuestro país?

El jazz acá no se difunde ni más ni menos que lo que ocurre en otros países. Este es un género que no es masivo en ningún lugar del mundo, y siempre depende de canales alternativos. Obviamente, si vos vas a Nueva York, ahí hay un montón de radios que se dedican a difundir jazz, son emisoras que pasan solo esta música pero ese debe que también hay un sistema de radios, en forma de redes, que es mucho más extenso al que existe acá. Sin embargo, hoy en día que existe la posibilidad de hacer radio por Internet creo que la difusión va en camino de ampliarse –no sólo acá sino en cualquier lado-; además, los medios gráficos también le dan mucha más difusión al jazz que la que le daban hace 10 o 15 años, por eso es común que hablen del Festival cuando lo hacemos, también veo que hay críticas que comentan mis discos cuando son editados –como también lo hacen con muchos otros artistas de este género-. Podría haber más, pero también podría haber mucho menos, y uno siempre tiene que ser conciente de que está tocando una música que no es masiva, también se podría hacer mejor, pero tampoco hay tanta gente preparada, tantos periodistas que entiendan sobre el asunto como para hablar con detenimiento, ¿no? Es como que falta formar gente...


¿Cuál es tu opinión acerca del nuevo paradigma existente, a la hora de difundir música, con la caída de las discográficas y el auge de las descargas vía Internet?
No tengo una opinión muy clara, lo que sé es que el disco (el CD) se muere como formato, en la medida que se muere todo aquel formato que pasa a ser posible de ser copiado, o ser consumido gratis. Grabar un disco, de música alternativa, independiente, no masiva, hace rato que ya no es un buen negocio; ya que no hay posibilidades de no perder dinero porque los discos cada vez se venden menos. Me parece que estamos a las puertas de algo nuevo, los artistas en algún momento van a tener que encontrar algún método para poder seguir recibiendo una compensación económica por su trabajo –me refiero a regalías, derecho de autor, etc.-, pero seguramente lo que tendrá que cambiar es el formato. La buena noticia de este nuevo panorama es que se caen las discográficas, ya que, ellas en buena parte son culpables del ocaso de los discos y el fracaso del formato. En general, los ejecutivos de las discográficas son personas a las que no les gusta la música, seres incapaces que van rotando de discográfica en discográfica, y aunque cada vez se venden menos discos, ellos se enriquecen más... Por eso esta bueno que se caigan las discográficas para que estos personajes busquen alguna otra ocupación para la que sí sean idóneos, ¿no? Más allá de eso, no tengo ninguna otra opinión.
Secuencia Inicial.-

LEONARD COHEN - OLD IDEAS (2012)

A los 77 años Leonard Cohen nos entrega un nuevo trabajo en estudio, diez nuevas páginas impregnadas de oscura lucidez que resuenan en su voz mas cavernosa que nunca. El gran poeta canadiense eligió el camino de la música allá por 1966 cuando ya había editado seis libros con buenas críticas sobre todo “Beautiful Losers”; también por esos días se dio cuenta que, el dinero que le daba la literatura no era el suficiente como para vivir y se dedicó a escribir canciones. A los 18 años había tocado la guitarra en un grupo de country & western sin demasiadas pretensiones pero, en 1966 afirmó que se convertiría en el Bob Dylan canadiense. Nada pronosticaba que el joven Cohen de dedicaría de lleno a la música, su fuerte era la poesía, sin embargo, sus primeros tres discos ya son parte fundamental de la canción de autor: Songs of Leonard Cohen (1968), Songs from a Room (1969) y Songs of Love & Hate (1971) forman una impecable trilogía trasformando a Cohen en el “poeta” del rock, y su temática giraba alrededor del dolor del desamor, la religión y la soledad. Cuando el canadiense debutó en el mundo de la música ya tenía 33 años y cierto prestigio como escritor en Canadá y algunos lugares de EE.UU.
En 1993 después de finalizar la gira de presentación de su disco The Future (1992) Cohen decide retirarse a un monasterio Zen para profundizar su práctica de meditación, que ya lleva realizando hace mas de veinticinco años. Luego vino la estafa por más de cinco millones de dólares por parte de su manager Kelley Lynch y por mas que las sentencias judiciales fallaron a favor del músico, Cohen nunca volvió a ver un centavo de ese dinero y se declaró en banca rota, lo cual lo obligo a volver a la ruta. Editó Ten New Songs (2001) y Dear Heather (2004) además del doble en vivo Live in London (2009).

Old Ideas comienza con “Going Home” la voz profunda pero frágil a la vez de Cohen declara ser “un bastardo perezoso que vive en un traje, queriendo escribir una canción de amor, un himno de perdón”, tratando de resumir su propia existencia Coehn intenta llevar adelante esta charla con Dios para que lo deposite en un lugar mejor que esté sin tristeza ni dolor. Luego le sigue “Amen” un karma, una plegaria de 7.35 minutos clima nocturno jazzy, batería acariciada por escobillas y coros femeninos acompañan al músico canadiense en una de las mejores canciones de este nuevo trabajo, “Darkness” un blues taciturno “No tengo futuro Sé que mis días son pocos El presente no es tan placentero Apenas un montón de cosas que hacer . Creí que el pasado me iba a durar. Pero la oscuridad también se apoderó de eso” pasado, presente y futuro en la lírica de un poeta resignado a la oscuridad sabiendo que se encuentra en el último pasaje de su existencia excelente trabajo de órgano Hammond en el solo. 
La música de Old Ideas es de características nocturnas, ritmos lentos y cansinos acompañan la preciosa prosa de este gran poeta devenido en cantautor, todos sabemos que Leonard Cohen ha vuelto al mercado de la música para recomponer su situación financiera, pero ha sabido reinventarse como artista dando shows de casi tres horas de duración repasando toda su extensa carrera. Hace unos años el propio Cohen declaraba “darle sentido a la vida no es algo definido, es una actividad sin fin”. Discos como Old Ideas siguen definiendo sentimental y musicalmente a este enorme poeta y compositor.
Lean Ruano.-

SUPERTRAMP - Even in the Quietest Moments (1977)


Even in the Quietest Moments es uno de los álbumes mas inspirados y complejos realizados por esta banda británica. Fue grabado en Colorado (EEUU) y terminaría siendo el punto intermedio entre la labor británica del grupo y el espaldarazo definitivo de Supertramp hacia el mercado discográfico norteamericano, algo que conseguirían con el éxito masivo de Breakfast In America (1979) y (el álbum en vivo) Paris (1980); antes de que Hogdson y Davies, sus dos líderes creativos, se empezaran a tirar de todo por la cabeza, en una de las batallas de egos más grandes que se hayan visto en el rock, desde la de Lennon y McCartney. Pero, antes de que ocurriera eso, el tamdem Hogdson-Davies tendría tiempo de dar forma al extraordinario repertorio incluido aquí. Repasémoslo:
Even in the Quietest Moments arrancaba con “Give a Little Bit”, un gran clásico de la banda, un tema de lujo con características acústicas, en donde Hogdson se luce con una perfomance perfecta en la que, sin dudas, era la canción ideal para empezar este álbum. “Lover Boy”, por el contrario, era un tema irónico, pero muy querible; una grandísima perfomance de Davies, quien nos regala una creación con fuerza, humor y calidad. “Even in the Quietest Moments” era otra soberbia creación de Hodgson, quien parecía seguir batiéndose a duelo creativo con Davies, en un "face to face" impresionante, en el que -cada uno por su lado- creaban una canción mejor que otra.

Es sumamente curioso el caso de estos dos personajes, tan centrales en la trayectoria de Supertramp, porque nunca compusieron juntos, pero se tiraban ideas, arreglos, etcPor eso, aquí, en este tema que le da nombre al disco, Hodgson se mandaba otra perfomance inspirada, genial, con climas cambiantes y emotivos. Pero, aun faltaba lo mejor... Por ejemplo, “Downstream”, una hermosísima canción, plena de melancolía, que hablaba de los primeros tiempos de enamoramiento de dos personas que están empezando una relación, y tienen un poco de miedo, pero también mucha esperanza; Davies la cantaba solo en el piano, creando el perfecto clima que la historia de su canción reclamaba. En “Babaji” -otro gran tema de la dupla- el ritmo y la música empiezan lentos y toman ritmo al final. Sin embargo, nada es comparable a la extraordinaria complejidad musical desarrollada en la pare final del disco; primero con “From Now On”, en donde -como si no fuera suficiente con lo ya producido a lo largo del disco- Supertramp nos entrega otra canción impresionante que contiene una letra no recomendable para aquellas almas sensibles que se depriman en los atardeceres dominicales –ante la inminencia del lunes y las obligaciones laborales-; aquí, el solo de saxo de Halliwell es inolvidable. Y así llegamos a un final con tutti con “Fool's Overture” , la canción que quizás sea, junto con “School", una de las mas épicas que haya grabado Supertramp; además de contener elementos musicales que la convierten casi en una mini suite;y la mejor forma de cerrar este disco superlativo.
Emiliano Acevedo.-