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lunes, 16 de julio de 2012

ENRIQUE SYMNS: CERDOS & PECES, LO MEJOR

Cortesía del Diario El Atlántico, Fotógrafo: Francisco Mendes

Alguna vez, hubo una revista que rompió todos los esquemas, desafiando los rígidos patrones moralizadores de la sociedad argentina más careta. Hubo un momento y un lugar, con gente muy talentosa haciendo cosas maravillosas. Era la, luego llamada, “primavera democrática”, y en ese momento irrepetible, de plena ebullición, surgió la revista de la que vamos a hablar hoy: Cerdos & Peces, “la revista de este sitio inmundo”. Seguramente, pocas veces se ha visto una publicación como ésta, que se animaba a hablar de las cosas que nadie hablaba, destapando pozos de plena pestilencia para, de paso, mostrar la belleza en el barro. Cerdos & Peces fue una creación del genial e inimitable Enrique Symns, un tipo que no se sabía nada del periodismo “de academia”, pero que se animó a pasar de ser un simple monologista callejero a meterse en el oficio periodístico hasta casi terminar reinventando el propio género, durante aquellos afiebrados años ´80, con este proyecto que nació como suplemento del diario El Porteño (en 1982), y que alcanzaría el status de publicación independiente, en forma de revista, recién a comienzos de 1984. Eran los años del under, el Parakultural, Sumo, Los Redondos... ¿Y qué tenía Cerdos & Peces que la volvía una publicación única? Simplemente, esa “combinación entre rock, locura y hamponaje”, como la define el propio Symns
Una revista con notas que hablaban sobre sexo y drogas, cuestionando los rígidos dogmas de la iglesia y de una sociedad que venía de una época oscura (El Proceso), del que había sido “en parte cómplice, en parte víctima, una sociedad casi siempre muy moralista e hipócrita.” (Symns) El verdadero gen argentino. Punto. Pero la excusa que tenemos para hablar de Cerdos & Peces es que ha aparecido un libro inmenso (en tamaño y contenido) que recopila “lo mejor” de los textos escritos por Enrique Symns en esta publicación, además de reproducir algunos artículos originales e historietas, así como varias de esas tapas impresionantes e inimitables, en las que la Cerdos aprovechaba para meter el dedo bien adentro de la llaga. Portadas como, por ejemplo, aquella inolvidable del número 9 en donde se veían dos monjas lesbianas, y que fuera prohibida, debiendo aparecer con una capucha de nylon negra encima. Saddam Husein, un Maradona cuasi maricón, Fabiana Cantilo, Humberto Tortonese, Alejandro Urdampilleta, Fito Páez, Alejandra Fletchner; fueron algunos de los protagonistas de las tapas de la revista. Algunas de las cuáles incluían inefables e incendiarios fotomontajes que se animaban a cualquier cosa, sin filtro. Como aquel que mostraba a un Juan Pablo II medio afeminado, al que un trava le manda besitos, y que saldría publicado en el mismo momento de la visita del sumo pontífice a nuestro país, en abril del ´87... O, porque no, mostrar un beso profundo entre dos lesbianas (bisexuales); un culo al natural -pero no de vedette photoshopeada, sino un culo al natural, como el tuyo o el mío-; o a un chulo dragándose, un pelado pegándole un tiro al televisor, una nena en bolas, o una imagen que se mofaba de la policía... Todo estaba permitido en Cerdos & Peces. Sus páginas destilaban locura, sí, y también ese desenfreno bien mágico y despiadado que quería beberse la vida de un saque, a borbotones, aunque se nos cayera un poco mucho por la comisura de los labios, enchastrando todo. Nada importaba en la Cerdos. ¿Alguna vez se imaginaron una revista que auténticamente se cagara en todo? ¿Sí? OK, pero vayan sabiendo que ni la Hustler o la mejor Playboy se animaron a mostrar algunas de las cosas que aparecían en la Cerdos, la que hacía parecer como nenes de pecho a aquellas publicaciones. Punto de nuevo. 
A lo largo de su historia, Cerdos & Peces tuvo varias etapas, con clausuras incluidas, pero siempre volvía a aparecer, porque sus lectores y el propio Symns así lo requerían. Era necesario. La primera época duró tan sólo 4 números (hasta agosto de 1984), luego llegaría una etapa que duraría entre 1986 y 1987, la tercera época –con un viraje casi experimental y de surrealismo periodístico sobre su final- entre 1989 y principios del ´92, una cuarta “más ideológica” del ´96 hasta fines de los ´90, y el final, tan solo dos números en 2004, cuando Symns volvió de su estadía demencial y curiosa en Chile (para más datos leer su libro autobiográfico El Señor de los Venenos). 
La de Cerdos era una redacción en la que pasaba de todo (literalmente), y las palabras se quedan cortas... Además de tener un staff de redactores y colaboradores envidiable e irrepetible. Acá van algunos de los nombres que colaboraron con esta publicación: Indio Solari, Gumier Maier (diseñador de varias de sus mejores tapas); Alfredo Rosso, Claudio Kleiman y Marcelo Gobello (tres de los mejores periodistas de rock de la Argentina); el inolvidable Batato Barea, Gabriel Levinas, Néstor Perlongher, Helmostro Punk, B. Ode, Héctor Ledo, Tom Lupo... Todos, en mayor o menor medida, aportaron lo suyo, cimentando la leyenda de esta publicación. Pero nada hubiese sido lo mismo sin la aparición en escena de Vera Land, una jovensíma y talentosa jefa de redacción, que junto a Symns llegó a participar –en especial, durante la tercera época de la revista- de la elaboración de la mayor parte (casi el 60%) de los artículos de la Cerdos, a veces firmando ambos con múltiples seudónimos. Según cuenta la propia Land (en el prólogo del libro Crónicas del Fin del Mundo, de Gobello) esta revista fue “una sopa del underground donde confrotaban y coexistían grafiteros punk, posmodernos bolches, frívolos apologistas de la diversión, transformistas, poetas de la calle, rastas, erotómanos, filósofos, linyeras y delincuentes... Si bien la revista era una vidriera de esa ciudad paralela que brotaba en los prolíficos, eclécticos y agitados ochenta, jamas tuvo una actitud complaciente o propagandística hacia su sitio de permanencia: el ataque, el exceso, la desmesura y la crudeza conformaron la impronta cerdopeceana. La revista horadó, examinó y juzgó el universo alternativo. Y a ese bumerán lo atrajo al lector que contestó con el mismo nivel de exigencia y arrogancia”. Una parte sustancial e imprescindible de la Cerdos eran los editoriales de Symns, varios de los que aparecen en esta antología de colección, que a pesar de su desmesura, nos deja con ganas de más. Para los que tenemos menos de 40 años, sin dudas, este libro será un descubrimiento imprescindible y necesario. Y, de paso, nos daremos cuenta cuanto y como le afanarían varias revistas que aparecieron después, incluso ahora -fíjense en el puesto de diarios y sabrán a cuáles me refiero... -, y para los mayores, poder rememorar algo de lo mejor de esos viejos ejemplares, ahora muy cotizados y requeridos por varios coleccionistas que se los disputan.
Cerdos & Peces, lo mejor; un libro de Enrique Symns, para leer y releer. Al final nos quedan las palabras del propio Symns, que en su prólogo dice que, después de todo, de esta experiencia inolvidable le queda “la satisfacción de haber contaminado tantas almas con palabras puras e intenciones chamánicas (...) Entre la dicotomía entre vivir y existir, donde vivir es una esclavitud y existir la plenitud, Cerdos & Peces buscó, a través de sus notas, ser esa pulsión que te acerque a una verdadera existencia”. Nada más. Simplemente, gracias Enrique por tanto fuego, por intentar sacarnos de ese nido de mentiras en el que se basa nuestra propia identidad -como individuos y sociedad-, gracias por intentar acercarnos al éxtasis. En estas páginas viven aun algunas de esas claves...
Emiliano Acevedo.-

(Seleccionado por Juan Mendoza, publicado por editorial El Cuenco de Plata, 2011)

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