Seguinos vía Facebook

Buscanos en Facebook como Secuencia Inicial y agreganos a tu perfil, compartimos videos y novedades.

lunes, 26 de diciembre de 2011

LOS METODOS MUSICALES DE JORGE MINISSALE, entrevista

A lo largo de todo este año que ya termina hemos tenido la fortuna de entrevistar, en esta sección llamada Conversaciones Iniciales, a un buen número de seres apasionados por la música, personajes que hacen del acto de componer y/o interpretar canciones su arte, su experiencia vital única y definitiva. Otro de estos referentes es Jorge Omar Minissale. Guitarrista, cantante y compositor; Jorge es un tipo que puede pasarse horas hablando sobre grupos y solistas, sobre canciones y discos varios. En su riquísimo anecdotario entran nombres propios y ajenos. Y así trascurrimos esta charla que se extendió más allá de lo esperado en un café de Colegiales, a pasitos de Lacroze y Cabildo. Con Jorge hablamos de todo, desde sus inicios musicales en su seno familiar, así como de su época adolescente cuando tocaba folklore acompañando a Aldo Monje y su consagración en Suéter, la histórica banda de los ´80. De ahí a Radio Shakeaspere, pasando por Los Twist, la TV, otra segunda vuelta por Suéter (en pleno siglo XXI) y su riquísima experiencia –llena de rock & pop- en su grupo Mamporro. Interprete, estudioso, investigador y docente, Minissale es un laburante de la música, que hizo de todo en pos de su amor por este arte; y no por nada esta entrevista termina dando cuenta del arte de la composición –y sus consecuencias-, en donde este músico revela un poco del delicado (y dedicado) proceso que le da vida a una canción, nada menos…
Por Emiliano Acevedo.-

ES BUENO PARA VOS, ESTA BIEN PARA MÍ

¿Cómo arranca tu carrera como músico?
Me dediqué a la música por mi padre, él fue músico toda la vida, tocaba el acordeón; incluso, yo llegué a tocar con él –primero la batería, después, un poco, la guitarra-. Mi padre vivió, y mantuvo a toda nuestra familia tocando mucho en una época en que la gente bailaba con las orquestas, no con los discos, y siempre había peñas (o fiestas) con 3 o 4 orquestas que hacían, cada una, un estilo especifico; la de mi viejo era la llamada “orquesta característica”, es decir aquella que hacía muchos ritmos, desde pasodobles hasta los hits de ese momento… Y, bueno, yo me crié en ese ambiente, aparte, mi viejo daba clases de música en mi casa. Además, mi hermano –que es mayor que yo y toca la batería- empezó a tener sus grupos y a ensayar en mi casa.; y yo me volvía loco, maravillado, escuchando el sonido de la guitarra eléctrica. Yo sólo tenía 10, 11 años en ese momento y, obviamente, me echaban de todos los ensayos, pero siempre me las arreglaba para poder estar. A la vez de esto, mi hermano también estaba rodeado de gente que tenía discos, y así empiezo a escuchar la música de Los Who, Cream, Jimi Hendrix, imaginate, ¡cuando esos discos recién salían...! Así, me curtí escuchando música que -en ese momento- era para elegidos, porque no cualquiera podía escucharla; hasta que escuché Pappo´s Blues 1, y ahí dije: “Tengo que tocar la guitarra…

¿Así de una, lo decidís luego de conocer la música del Carpo?
Sí, por ese y por el primer disco de La Pesada (el grupo de Billy Bond)... Y también por el primero de Aquelarre. Ya había escuchado a Almendra, Manal y todos los otros grupos iniciales, pero el primer disco de Aquelarre me pegó de una manera muy especial, y el de La Pesada, directamente, me volvió loco…

Discos en donde tocaban violeros muy grosos: Héctor Starc, Pappo, Claudio Gabis…
Sí, si, tal cual; lo de Héctor en Aquelarre era increíble, o lo de David (Lebon), viste… Bueno, David es mi ídolo absoluto. Bueno, ahí es como que arranco como guitarrista, sin saber nada, y un poco a los tropezones me compro mi primera guitarra eléctrica, un mamotreto intocable, que ni marca tenía; y me juntaba con un chico que vivía a la vuelta de mi casa e intentaba tocar el bajo, con él y otro pibe que tocaba la batería hacemos un primer trío. Después, mi viejo me compró mi primera guitarra –más o menos decente- que era una Faim, con distorsionador. Luego, en la secundaria, más decidido a querer dedicarme a ser músico, empiezo a comprarme mejores instrumentos, equipos, y, creo, durante mi segundo año de secundaria, me meto en el Conservatorio de Morón –porque, yo vivía en Ramos Mejía-, y estuve 2 o 3 años estudiando ahí, pero no era lo que yo estaba buscando. Si bien yo tenía facilidad y todo eso, lo que yo quería era tocar como Jimi Hendrix. En esa época, en la zona oeste, donde yo vivía, los máximos exponentes eran Mam, el grupo de Ricardo y Omar Mollo; y yo me hago muy amigo de ellos. Ricardo ya tocaba como lo hace ahora…. Así que era increíble verlo, ya era un dios de la guitarra…

Ya estabas metido con todo en el rock…
Sí, porque al mismo tiempo, medio de casualidad, comienzo a relacionarme con gente –de otros barrios- que también se dedicaba a esto, y conozco a unos chicos que hacían una especie de rock sinfónico… Ahí, es cuando empiezo también a escuchar a Yes, Genesis, eso me cambió absolutamente la forma de ver la música. Creo que Close to the Edge (de Yes, 1972) fue un antes y después en mi vida, un descubrimiento increíble. Estos pibes del grupo eran un trío, en la onda de Emerson, Lake & Palmer, en donde el Pollo Raffo tocaba el órgano, junto a Marquitos Pusineri (bateria) y un bajista. Entonces, ese trío que se llamaba Trigémino por lo de “tri”, igual, siguió con esa denominación, ya siendo cuarteto, cuando me incluyeron a mí, en guitarra. En ese grupo, ensayábamos mucho, haciendo música muy compleja…

¿Qué edad tenías ahí?
16, 17 años, pero, claro, yo era un queso, viste… En cambio, Raffo ya era un genio, un verdadero niño prodigio, un chico muy educado, muy buen pibe. Ahí nos hicimos como hermanos, y aun hoy sigue siendo uno de mis más grandes amigos. Incluso -a pesar que no nos vemos muy seguido-, estamos siempre en contacto, y hace 3 o 4 años volvimos a grabar toda la obra de Trigémino, porque (en su momento) nunca habíamos podido grabarla, y el único registro que había estaba hecho con un grabador mono, al aire; porque en esa época no existían aun los pads, entonces, la única forma de tocar era armando nuestros propios shows. Por eso siempre digo que la movida “independiente” viene de hace miles de años… En esos años también estaba MIA, el grupo de Litto Vitale, Juan (Del Barrio), y ellos también estaban en eso de la “autogestión” Es que, claro, las grandes compañías no nos contrataban, era imposible grabar un disco, los que grababan eran tipos como Charly García o Luis Alberto Spinetta

Todavía era muy under la movida…
Nosotros, lo que hacíamos, era contratar un teatro –en esa época, habían muchos teatros de obras sociales, de sindicatos, salas hermosas para 300 espectadores-, y lo alquilábamos (con un arreglo de 60-40%), saliendo a pegar nosotros mismos los afiches, etc. Así fue que (con Trigémino) tocamos mucho, y nos empezamos a foguear; hasta que Juan (Raffo) se empieza a copar con el jazz y se va. Nosotros seguimos, incluso, aparece Andrés (Calamaro) para tocar en nuestro grupo. Andy venía de tocar en Raíces, luego él se va, seguimos un tiempo más, y ahí se corta lo de Trigémino. Eso ocurre en un momento en que yo estaba medio perdido, porque ya tenía la edad para hacerlo pero aun no había encontrado la forma de ser un músico profesional y poder vivir de esa que era mi profesión.

¿Tenías que trabajar de otra cosa?
Yo trabajaba de cadete con Juan Acosta, un amigo mío de siempre. Juan quería ser actor, yo músico, y laburabamos en la misma empresa… Así, él un día entra, con una valijita, al (Teatro) Maipo y se presenta en una audición de Gasalla, y yo, otro día, me presento a un ensayo, junto al baterista de Trigémino, y ahí conozco a Miguel (Zavaleta)

ESCEPTICOS MANIFESTANTES

¿Miguel ya tenía pensado armar una banda?
No, la cosa es así, yo me enteré de este ensayo por medio de Marquitos Pusineri, con el que ya habíamos dejado de tocar juntos en Trigémino. Si bien, sabía que Miguel era el cantante de Bubu, yo lo conocía por (las revistas) El Expreso Imaginario, Pelo… No más que eso, viste. Todo era muy sectario, nosotros vivíamos en provincia y no íbamos a Capital, no teníamos contacto con músicos profesionales. Como estaban armando a un grupo para acompañar a un cantante, (Miguel) me pregunta si quería participar. En ese momento, él sólo tocaba el piano, no cantaba, y venia de estar divagando por Europa. Me acuerdo que ensayábamos en una sala que estaba a una cuadra de acá, en Federico Lacroze, en un lugar en donde también ensayaban Los Redondos –que aun no eran nadie…-, y en frente ensayaba (Raúl) Porchetto, que ya era un tipo groso, con todo el éxito que tuvo con el disco Metegol, grabado junto al trío que luego sería GIT. Bueno, de esa idea inicial de acompañar a un cantante, un tipo muy loco en una onda Frank Zappa, luego de hacer un par de ensayos, a Marquitos se le ocurre una idea y le dice a Miguel: “¿Por qué no hacemos un grupo nosotros, en vez de estar acompañando a un cantante?

Y se mandaron, nomás…

En ese momento, Miguel ya tenía compuesto casi todos los temas que luego estuvieron en nuestro primer disco (de 1982): “Como en un Barco Lleno de Lauchas”, “Sin Porteros”, “Su Unica Diferencia”… Yo me acuerdo que escuchaba, como cantaba y tocaba el piano, y me parecía que era como Elton John; nunca había visto una cosa así… Como yo venía de mi época sinfónica en Trigémino, no estaba acostumbrado a tocar otras cosas, a pesar de que ya se venia con todo la onda new wave con The Police, y demás… Por eso creo que el primer disco de Suéter tiene que ver con mezclar, eclécticamente, el aporte de todos, de mezclar un montón de músicas, donde, por ejemplo, yo aporto “Métodos”, un tema muy experimental, loco, armónicamente muy deforme. Esa variedad era la impronta de la banda, eso era Suéter. Creo que el Suéter del primer disco es el más autentico… En fin, antes, con el grupo debutamos en un festival denominado “Homenaje a John Lennon”, hecho en conmemoración del primer aniversario de su muerte, en el (teatro) Kraft; ahí debutamos con otra formación, también con Rogatti en la otra guitarra, sin teclados. Ahí estaba (Daniel) Grinbank, quien nos propone hacer un demo –que terminamos grabando en El Cielito-, con tres temas. Después, se van Rogatti y Marquitos Pusineri y aparece Juan Del Barrio tocando teclados. Luego de hacer el demo -y como a Grinbank le gustaba mucho el grupo- grabamos nuestro primer disco, con Colombres en la batería, El Fleque Folino en bajo –luego, reemplazado por Gustavo Dónes, en la misma grabación-, Juan Del Barrio, Miguel y yo. Previamente a grabar el álbum, habíamos hecho (durante 3 o 4 meses) una comedia musical, una versión muy bizarra de Romeo y Julieta en el Teatro Coliseo –en plena Guerra de Malvinas-, en donde nosotros éramos la banda de acompañamiento, con música compuesta por Carlos Cutaia. Ahí hacíamos esa partitura muy compleja y difícil, mientras que continuábamos siendo una especie de niños malcriados, muy locos, una autentica jauría humana… Fue una época muy linda, efervescente y creativa.


¿El nombre del grupo a quien se le ocurrió?
A Miguel. Estuvimos todo un día pensando que nombre ponerle y no salía nada, y cuando nos vamos, nos dice, sentado atrás del (Piano) Rhodes: “¿Y si le ponemos Suéter?”, y nos gustó…

Contabas que habían empezado con Grinbank, de manager…
Sí, y medio con el pie izquierdo, porque hubo un mal entendido… Es como muchos dicen: “La leyenda cuenta que todos odiaban a Suéter” En realidad, no era que lo odiaran sino que no lo entendían. Nadie entendía que un pibe con bigotes, como Miguel, que no se hacia el langa, ni era un sex symbol –aunque lo intentaba…-, tocara una canción como “El Fugitivo”, y se pusiera un (piloto) Perramus, o saliera con toda la cara tapada… Y para mucha gente, que estaba saliendo de la dictadura, éramos el blanco perfecto de toda esa catarsis, y por eso nos tiraban de todo… Decí que no había venta libre de armas, que sino no hubiésemos sobrevivido… (risas) Y lo mismo le pasó a otros grupos como Los Twist, Virus… Era otra visión, bueno, la new wave era eso, un delirio pero acompañado por algo, porque los tipos tocaban muy bien y eran grosos, lo mismo que Los Abuelos de la Nada

¿El periodismo especializado los odiaba, también?
No sé si éramos odiados, creo que al periodismo les caiabamos simpáticos porque hacíamos lo que ellos no podían hacer. Cuando sacamos el primer disco, no pasó nada, después, como Charly también era representado por Grinbank, nos proponen tocar con él en Ferro, en la presentación del disco “Yendo de la Cama al Living” (diciembre de 1982). Y ahí hubo un malentendido porque, a la vez que nuestra propuesta no era entendida, toda esa gente estaba re podrida y lo único que quería era ver a Charly, y por eso fueron tan agresivos con nosotros. A partir de ahí, comenzamos a hacer nuestros propios shows, todos los domingos, en un boliche que se llamaba Entreactos, en Belgrano, en forma independiente porque, claro, ¿a quién le podía vender, en ese momento, Grinbank un show nuestro? A pesar de eso, cada tanto, íbamos a tocar al sur, tocábamos en todos los lugares de acá: en Stud, La Esquina del Sol... Fuimos un grupo que se hizo de abajo, pero teníamos mucha convicción, porque nuestros shows sonaban mal, pero tenían actitud, y así nos empezó a seguir más gente…

¿Y que pasa cuando alcanzan el éxito con “Amanece en la Ruta”?
“Amanece en la Ruta” no era ningún éxito. De movida, la canción más importante del segundo disco (“Lluvia de Gallinas”, 1984) era “Vivo de Noche”, “Amanece…” también era importante, pero (aun) no era “aquella canción emblemática”, viste; y no sé cuando empezó a serlo. Es más, al principio no la queríamos poner en el disco. Me acuerdo de que habíamos empezado a grabar con (el ingeniero de sonido) Mario Breuer, pero como él estaba haciendo 3 discos a la vez (Del ´63 de Fito Páez, Hotel Calamaro y el segundo nuestro), terminó quemado… Entonces, como Mario no puede terminarlo, lo agarra Amilcar Gilabert -un tipo grande que venía de trabajar con Serú Giran-, y éste también toma el rol de productor, porque lo nuestro (en la producción) era caótico; y ya teníamos “Amanece en la Ruta”, porque lo veníamos tocando hacía mucho, pero no nos gustaba porque nos parecía una canción melosa. Sin embargo, Amilcar nos dice que tenía que estar, sí o sí, en el disco porque iba a ser un éxito, y nos terminó convenciendo… Es más, de ese álbum, el tema que elegimos para hacer un video clip fue “Mamá Planchame la Camisa”. Ese fue uno de los primeros clips que se hicieron acá, y lo hicimos aunque no había casi ningún lugar en la tele en donde pasarlo… Pero, de a poco, seguimos creciendo. Por ejemplo, el segundo disco fue grabado en 16 canales –en los estudios Panda-, y para el tercero grabamos en 24, en ION, que era como llegar a la cima, grabar en un estudio que era como el “Abbey Road argentino”.

¿Cómo fue la grabación del tercer disco (20 Caras Bonitas, 1985)?
En ese álbum yo traté de cantar 2 o 3 temas, para abrir un poco el foco musical. Entonces, entramos a grabar, grabamos ese material, y terminamos el disco. Pero, luego, nuestra compañía (Interdisc, de Pelo Aprile) recomienda que (Charly) García revise el álbum, y éste deja todo el material de Miguel, pero saca mis temas, algo que para mí fue un golpe durísimo porque yo había trabajado un montón para componer eso. A partir de ahí, ya nada fue igual. Hay que tener en cuenta de que Suéter, más que grupo, fue un colectivo musical, porque por sus filas pasaron millones de músicos, viste…

Pero, la diferencia es que vos venias desde el principio…
Claro, yo soy el que fundó la banda con Miguel, pero ya las cosas no eran las mismas, que se yo… Me acuerdo de la frase de García: “Estos temas tuyos son para otro disco…” entonces dije: “Bueno, tendré que hacerlo, nomás…” Así que empecé a armar Radio Shakespeare, y cuando empezaba a pegar Suéter, a aparecer hasta en la revista Antena, a tocar jueves, viernes sábados y domingos; justo en ese momento, yo me fui, me bajé –con esa mentalidad “oportunista” que me caracteriza-, dije adiós, y quedé como un héroe (sin un sope), pero nadie me puede decir nada…

¿Qué hiciste ahí?
Armé Radio Shakespeare y a meterle para adelante… Me dediqué con mucha furia a lo del grupo, pero quizás no era el momento, o yo no estaba del todo preparado para sacarlo adelante. Radio tuvo su momento pero cuando llegamos a tener casi un contrato para grabar con El Cielito Records hubo una vuelta atrás, justo nos agarró la hiper inflación, y dijimos basta. Justo en ese momento comienzo a engancharme con Samalea y el Zorrito –a quienes conozco de chicos-; ellos estaban tocando junto a Charly –que estaba pasando por uno de sus mejores momentos-, justo se va el Negro García López del grupo de Charly y los pibes le empiezan a insistir para que yo sea su reemplazante; y así comenzamos a tocar, recorriendo todos los boliches de Buenos Aires. También, en esa época, junto a Fabián comenzamos a laburar en la tele con Petinatto. Cuando termina este proyecto televisivo yo ya estaba metido en lo que luego sería Mamporro. Paralelamente a todo esto, siempre me mantuve estuve tocando en Los Twist, desde el ´93.

Y muchos años después volvés a Suéter… ¿Cómo fue?
Sí, en el año 2000 nos empezamos a juntar, con la formación original, pero volvieron a ocurrir los mismas cosas de siempre, después de 20 años; así que ya está. Volvimos, tocamos, durante un par de años, mucho por el interior, en casinos, y la banda sonaba realmente muy bien y nos divertíamos mucho, hasta que llegó el momento de querer grabar un disco, y ahí siempre empezaron de vuelta los problemas. Además, luego de la muerte de Gustavo (Donés) ya nada fue lo mismo. Así que todo terminó ahí, fue un periodo que llegó hasta 2007, y no se logró nuestro objetivo de hacer un nuevo disco. Igual, yo considero que era muy difícil volver a recrear lo anterior, cuando aquel momento ya había pasado.

NO MIRES ATRAS

Antes y después de este regreso de Suéter estuviste en Mamporro. ¿Qué balance hacés de esa experiencia?

Hicimos un primer disco (Amplificador, 1996) muy roquero y crudo, en power trío, tipo Hendrix o Cream. Después, el segundo álbum (Palabras Armadas, 2000) fue muy experimental, porque le empezamos a meter muchos instrumentos exóticos –como el sitar-, cuerdas, etc., pero sin redondear la canción, por eso fue un disco “no radiable”; y, en cambio, el tercer disco (Nada es Demasiado, 2008) es una producción para pasar en la radio, y creo que tiene canciones de calidad y es popular a la vez.


¿Y porque no sigue Mamporro?
No sigue porque es muy difícil tener un grupo con gente grande, cuando los objetivos comienzan a ser distintos. Era muy difícil. No todos viven de la música, no es lo mismo que armar un grupo cuando sos chico, cuando sos pibe podés darte el lujo de un montón de cosas, pero con más años encima, la vida te cambia y empezás a ver las cosas de otra manera. Además tuvimos un par de problemas con el management y ahí medio que se empieza a desbarrancar todo…

¿Cómo te metiste en la enseñanza?
Yo, hace muchos años, decidí no acompañar cantantes porque no me banco los años sabáticos, digamos, y como (por suerte) no tengo que acompañar a nadie por necesidad, puse toda mi energía en dedicarme a lo mío. Doy clases a full –que, me encanta-, es mi trabajo; no es que me aboqué a la enseñanza, lo hago porque es mi oficio. Yo soy músico desde que me levanto hasta la noche, no hago otra cosa, estoy 7 u 8 horas tocando la guitarra, todos los días, todo el año. En sí, yo empecé seriamente en la docencia, luego que termina Radio Shakespeare, y me invitan de Berkley, cuando ellos establecen una cabecera acá -que después se conoció como la Escuela de música Contemporánea-, a fines de los ´90. Ellos me llamaron para dar una cátedra de rock y blues y otra de ensamble; una experiencia buenísima. Trabajé 4 años ahí, muy intensamente, y cuando dejé de trabajar ahí, seguí por mi cuenta. El enseñar me mantiene en la veta, componiendo, estudiando siempre; me gusta muchísimo estudiar. Se me da más por escribir que ponerme a tocar la viola, no me va eso de ser un guitarrista exhibicionista. En sí, en mi música me interesa más el tema de la composición y cantar; y mi labor de guitarrista la dejo para cuando toco en la banda de Pablo (Sbaraglia), ahí sí me mando a hacer solos bien roqueros y eso…

¿Qué estás haciendo ahora?
Ahora, luego de terminar lo de Mamporro, estoy en un momento bastante particular, en camino a largarme, con mi nombre, en un proyecto solista, y esta es una experiencia nueva, más distendida porque no tengo la obligación de tocar con un grupo de gente determinada, ni componer una música o tocar instrumentos específicos…

¿Y a este proyecto solista, como lo imaginás, más rock o pop?
A mí me interesa cruzar las cosas. El rock es aquello con lo que me crié, me sale fácil, pero vamos a ver, porque el hecho de tocar con otra gente también te genera otra impronta y, entonces, aquel tema que tenías compuesto pasa a ser otra cosa. En verdad, no estoy acostumbrado a trabajar solo, por eso el hecho de pasar a ser solista es todo un desafío. Yo siempre pienso que la música tiene que estar hecha para que la disfrute la gente, y no ser un producto solo para elegidos, la música tiene que ser popular, veremos si podemos hacer música que sea popular y también de calidad. Hacer una música que hable sobre cosas que le pasa a la gente y tratar de hacer un disco que no caiga en los lugares comunes, digamos, y tener como referencia a todos esos grandes artistas que me apasionaron.

DE UN CORAZON DIRECTO AL OTRO

¿Qué te inspira a la hora de componer?
Yo todo el tiempo estoy componiendo. Son esas cosas, viste. A lo mejor estoy jugando con una secuencia de acordes y me pregunto: “¿Adonde vamos?”; y cuando me digo esto empiezo a tener un menú de opciones. Como verás, no soy de los compositores que hacen diez temas en una noche, no creo en eso. Dirigir una película tiene mucho que ver con componer una canción, porque uno va como armando una historia; y el núcleo de lo que uno quiere decir lo dice en un momento determinado de la obra. Es muy interesante, el ponerse a componer es un momento íntimo, impagable, viste. Yo me doy cuenta cuando estoy listo para decir algo, para sentarme a componer. Uno se siente como efervescente y te ponés a escribir algunas frases en un cuaderno y eso te dispara a otro lugar. Una vez le preguntaron a Spinetta que hacía primero, si la música o la letra, y él dijo que se dejaba llevar por la melodía, que a lo mejor tenía una secuencia de acordes, tarareaba algo, y después trataba de encapsular palabras en eso; que es un poco lo que yo siempre hice. Después están los otros, por ejemplo Sabina, que es un tipo que primero escribe la letra y después le pone música. Por eso, si vos te ponés a escuchar las canciones de Sabina, en su música no vas a encontrar una riqueza, sino a un tipo que dice, que te cuenta una historia…

Claro, será por eso que algunos –entre los que me incluyo-, somos más enamorados del sonido más que de la letra, y no nos podemos enganchar con compositores como Sabina…
Ahí va. Y yo no sé si eso no le abrió la jaula a un montón de gente que no hace cosas de calidad, porque, si bien, escribir es difícil; hacer música es muy difícil. Escribir tiene que ver con algo que uno hace diariamente, y está relacionado con la comunicación. Por supuesto, no todos podemos ser poetas; pero dominar un instrumento musical no es para cualquiera. Yo tampoco tengo la ultima palabra, ¿eh? No quiero sonar como que lo que digo sea la verdad absoluta, es lo que me parece a mí, nada más. A lo mejor, hay algún punto de contacto con otro que piensa lo mismo. Muchas veces escucho que me dicen (de alguna canción): “No, pero mirá las cosas que dice, está buenísima la letra…” A esos les diría, que si les interesa tanto eso – de privilegiar la letra por sobre la música- porque no se compran un libro, mejor. O, acaso, ¿no leen, no se forjaron leyendo? De ser así, entonces, no pueden escuchar a Los Beatles, Los Rolling Stones, ni nada… Porque si los pusiera a escuchar a Los Beatles, con esas letras que decían –en especial, en sus primeras tiempos-, “hey, hey, te amo, te amo”, “hola, adiós”, o lo que sea; que podrían decir, que es una pelotudez… Pero, claro, -por eso yo siempre escuché música en ingles- porque para mí la voz, en esos temas, era un instrumento más. Por eso, también, Bob Dylan hizo tanto revuelo cuando apareció. Porque antes de él, las canciones decían, simplemente, “quiero tener tu mano”… Pero, a pesar de eso, cuando uno se pone a escuchar a Dylan -y aunque reconozca que es un patriarca, que puso patas para arriba al rock-, musicalmente, armónicamente, lo suyo no es un gran hallazgo… Dylan es un decidor, un profeta, o lo que vos quieras; pero no un gran compositor (de melodías)...

Como Leonard Cohen, Tom Waits, y demás…
Bueno, sí, la lista sería enorme. Yo hablo de la música… Ahora bien, por otro lado, también tenés compositores como Charly

En él se conjugan las dos cosas…
Y sí, ¿pero porque no tenés 10 o 20 tipos como él en el rock actual? No los hay, porque tenés que pasarte mucho tiempo estudiando y nadie quiere hacerlo. Porque es muy fácil tocar rock, pero no cualquiera es Chuck Berry. Si querés copiamos sus acordes y los tocamos, pero a ninguno de nosotros se nos ocurrió inventar eso, sino a él…

¿Y como ves el panorama del rock a futuro?
Me parece que ahora es todo lo mismo, suena todo igual. Puede haber algún grupo como Muse que trata de hacer algo distinto, pero también es un embole… Con todo respeto lo digo, me aburren, lo mismo que Mars Volta, que está buenísimo pero los escuchan diez locos nomás… Insisto, es muy fácil hacerte el sabio, y crear una música “experimental”; yo, ahora mismo, me pongo a golpear esta taza con una cuchara, hago un loop sobre esto, le pongo un montón de voces hablando encima, y diez locos como yo te van a decir que esto es “genial”. ¿Y el otro extremo cual es? Agarrar un do mayor, el la menor y hacer un tema; luego, agarrar una secuencia parecida, y hacer otro tema…

Así van saliendo como si fuera una fabrica de chorizos…

Es como me dijo alguien alguna vez: “Tenés que saber, pero no se tiene que notar”. Por ejemplo, agarrás un tema de McCartney, y el tipo sabe lo que está haciendo, pero no se nota. Lo mismo pasa en con las canciones de Elvis Costello, Billy Joel… Todos ellos saben como hacerlo, pero no se nota. Si se nota es porque que sos un rebuscado. Yo, a veces, a la gente le pregunto que diferencia encuentran entre una zamba sencilla, divina, y un tango. ¿Y que te dicen? “Ah, el tango es muy complicado…” ¿Pero, porque es complicado? Porque no cualquiera puede hacerlo, ya que tenés que saber… Tenés que saber, no hay otra. Y antes la música era hecha por gente que sabía. En la Argentina, a partir de los ´90, se empezó a amplificar ese lema punk del que “cualquiera puede hacerlo”; pero este lema no llegaba asociado al punk directamente, sino a un rock llamado rolinga, chabón, barrial, etc.… Entonces, como “cualquiera podía hacerlo”, se le empezó a perder el respeto a la música, al arte de hacer música; entonces cualquiera hace cualquier cosa y, como eso tiene un poder de convocatoria, se sostiene. Entonces, las nuevas generaciones que aparecen dicen: “Ah, pero mirá toda la gente que va a verlo. Hagamos esto…” Sin embargo, por otro lado, hay un montón de chicos que estudian, que se preocupan, que son músicos interesantes, tienen un montón de información, y están formados… Y, bueno, estarán esperando su momento…


¿Vos crees que podremos llegar a escuchar estas otras propuestas?
Yo creo que el rock va a quedar para la gente que es del palo…

¿Cómo que va a haber como dos corrientes, una de rock masivo y otra dedicada a propuestas más arriesgadas que rompan con el paradigma actual?
No lo sé. Sin embargo, ya hay muchos lugares under adonde la gente va para sentirse diferente; pero, bueno, eso siempre fue así. La diferencia es que antes buscábamos diferenciarnos de “lo comercial”, pero ahora ya no existe más “lo comercial”, y eso fue reemplazado por lo llamado “barrial”, si querés… No sé, quizás eso sea lo que tenga que ser; porque tampoco me interesa ser la palabra autorizada de nada, ni que me vean como un patriarca por decir esto…

¿Cuál es tu relación con las guitarras?
No soy un tipo que se casa con una guitarra y no usa otras. Mi guitarra de siempre, la que tengo en el ropero, es la Fender Stratocaster, es la misma con la que grabé todos los discos de Suéter, pero hace un par de años que no la estoy usando. Ahora estoy tocando mucho un modelo Telecaster muy rara, que ni siquiera es una primera marca sino una Squire, con un sonido más de caja, sin llegar a una 335 (que es una guitarra muy versátil). Esa Telecaster es una guitarra maravillosa, tiene un timbre muy cristalino y no es súper pesada, pero podés apretarla y te da una respuesta. Yo tengo una forma agresiva de tocar la guitarra. La Les Paul me resulta demasiado gorda por momentos, por eso ahora estoy tratando de conseguir una Les Paul pero con micrófonos de 90, que son más simples. En resumen, siempre elijo las marcas clásicas: Fender o Gibson, no me gustan ni PRS o Ibanez... Nunca podría tocar esas otras marcas de guitarra porque no me representan. Lo demás es pura cháchara, puro ejercicio, obviamente, pero no es para mí. Como guitarrista, no me siento identificado ni con la velocidad ni con la pirotecnia… ¿Sabés que pasa? Tocar la guitarra o el piano, es como hablar. Es como si vos escucharas a alguien que habla rapidísimo todo el tiempo, al principio te causa gracia, pero luego te cansa; y con la música pasa lo mismo. No me interesa el exhibicionismo al pedo, por eso yo siempre elijo y en donde otros ponen 10 notas, ponele, yo pongo solo una…
Secuencia Inicial.-

COLDPLAY - MYLO XYLOTO (2011)

Hay varias bandas en el rock que suscitan opiniones contradictorias; y uno de esos nombres es Coldplay. Y es que estos ingleses son pulcros, prolijos diseñadores de canciones asépticas, productos artesanales de laboratorio, píldoras adelgazantes devenidas melodías, y aunque su música no haga ni bien ni mal, a muchos oyentes los irrita, mientras otros la vean como un resabio del mejor U2 de segunda división… Eso se lo dejamos para los detractores, el resto de los mortales –sus fans-, seguirán pensando que esta es la mejor banda del mundo. Aquí y ahora, estos son los 2 o 3 bandos de opiniones irreconciliables que encuentran en este Mylo Xyloto un nuevo eslabón de una polémica insoportable.
Pero, en sí, ¿a quien le importaría hoy discutir a Coldplay? Su música es lo que es, y punto; por eso, en plan de entender este quinto disco de estudio de su historia, nos adentraremos en los entretelones o, mejor, los hilos que sostienen la escenografita de esta producción recién salida del horno. De movida, Mylo Xyloto está basado en un concepto anejo, algunas veces vapuleado -o hasta caricaturizado- a lo largo de estos 57 primeros años de cultura rock: ser un álbum conceptual. Sí, sí, señores, aunque parezca mentira aquí tenemos al grupo de Chris Martin –en medio de la crisis existencial de sus treinta y pico- dando vida a una historia de amor, en la que sus dos protagonistas, Mylo y Xyloto, quienes viven en medio de un ambiente urbano opresivo y violento, se conocen y enamoran. Un concepto bastante trillado, que viene desde la época de Romeo y Julieta o, más acá en el tiempo, se emparenta también con el clásico drama teatral -musical y fílmico- Amor sin Barreras (de Leonard Bernstein y Stephen Sondhein); aunque, a diferencia de aquellos, este utópico romance de Mylo y Xyloto tenga, sí, un final feliz.
En lo que a música respecta, este es una producción que encaja muy bien en la tradición sonica de Coldplay, ya que contiene un sonido muy volado, con texturas varias de teclados, guitarras y ritmos calmos que a veces estallan. Seguramente, a diferencia de Viva la Vida or Death and All His Friends (su opus de 2008) este es un disco mucho más acústico. Y esta es una cualidad que se nota mucho en "Us Against the World" (un tema con un extraño comienzo que recuerda a “Where the Strees Have no Name”…), “Major Minus” o “UFO”; todas, canciones repletas de guitarras acústicas. Como no podía ser de otra manera, la herencia de U2 se hace presente varias veces a lo largo de todo el disco –no por nada su productor es el genial Brian Eno, el mismo de los irlandeses-, pero está claro que Coldplay tiene mucho mas paño y oficio como para diferenciarse de esa segunda línea de grupos a la U2, como alguna vez se categorizó a Keane o Muse, por citar sólo a dos. Por eso, aunque Mylo Xyloto no sea un disco histórico, y ni siquiera el mejor de Coldplay, tiene algunos momentos disfrutables como la inefable "Every Teardrop Is a Waterfall", el single que anticipó al álbum, y que contiene ese increíble comienzo con el fragmento de "I Go to Rio", un tema escrito por Peter Allen y Adrienne Anderson que hace 20 años había también “inspirado” el clásico hit “Ritmo de la Noche” de nuestros The Sacados... Otros temas destacados –y cancioneros- de Mylo Xyloto son “Hurts like Heaven”, “Charlie Brown”, “Up in Flames” o el hermoso corte de difusión “Paradise”; todas éstas, canciones en las que el grupo suena atildado en la composición –sin hacer ni una de más- y muy seguro en lo instrumental.
Esta también es una de las cualidades de Mylo Xyloto, en donde la música suena más relajada que en otros discos de Coldplay, con un entramado rítmico en la batería mucho más potente y omnipresentes guitarrazos fuertes –cortesía de Jon Buckland, un claro heredero de The Edge-; aunque tampoco falten momentos plenos de introspección musical como los desarrollados en los cortos temas instrumentales (“Mylo Xyloto”, “M.M.I.X” y “A Hopeful Transmission”) que funcionan como meros intermezzos de la historia, con una fuerte influencia de Brian Eno y sus clásicas enoxificaciones. Así mismo, Mylo Xyloto incluye cortes como el electrónico "Princess of China", casi un tema trance, cantado a dúo con Rihanna, el efectista “Don´t Let it Break Your Heart” o su final lírico con la intima y bella "Up with the Birds", una canción que empieza mal –de forma reiterativa y hasta aburrida- pero que gana intensidad al final, poniéndole la frutilla del postre a esta producción.
En resumen, este es un correcto álbum de 7 puntos, que conformará a los fans acérrimos, mientras que al resto del público rockero los seguirá aburriendo, pero que tampoco servirá al oyente neófito, ese que quiere acercarse por primera vez a la música de este grupo ingles. Quizás, lo mejor en ese caso siga siendo escuchar sus dos primeras –y, hasta el momento, inigualables- producciones: Parachutes y A Rush of Blood to the Head, los cuales aun continúan formando el principal legado musical de los benditos Coldplay.
Emiliano Acevedo.-

jueves, 15 de diciembre de 2011

DESDE EL ALMA: LA VOZ Y EL ARTE DE DEBORAH DIXON


Aunque parezca que llegó a la música casi sin quererlo, el canto fue siempre lo suyo. De ahí que tenga esa voz que la hace inconfundible. Ya sea cantando sola o acompañando a otros artistas, lo de la Dixon es siempre sinónimo de calidad y amor por brindar lo mejor que tiene. Haciendo versiones de jazz, blues -alma soulera también-, Deborah da cátedra de sobriedad, pasión y buen gusto, cada vez que canta, y por eso se convirtió en una de las mejores interpretes de nuestro país, e, inevitablemente, una de las vocalistas más codiciadas y reconocidas por muchos colegas, que siempre la invitan a participar de sus trabajos. Esta es la historia de una profesora de francés, que un día se vino desde su Costa Rica natal, a vivir con su esposo argentino a nuestro país, y ya forma parte de nuestra cultura, de lo mejor de nuestra música popular. Desde aquellos primeros años en la década del ´90, cuando comenzó, formando parte de las inolvidables Blacanblus –junto a Viviana Scaliza, Cristina Dall y Mona Freiman-, hasta la actualidad, en donde sigue a full, cantando y dando clases, enseñando un poco de su arte musical. Tuvimos el placer de conocer a Deborah, no hace mucho, un lunes al mediodía, y nos fuimos a tomar un café con ella, a un barcito de Palermo, su barrio, y así charlar distendidamente sobre su carrera, sus sueños ya concretados y los que vendrán…Pasado, presente y futuro de esta artista única, resumidos en esta nota.

Por Lean Ruano y Emiliano Acevedo.-

SIEMPRE CANTAR, COMO RESPIRAR

¿De chiquita ya te gustaba la música, y cantar?
Sí, pero no tenía una clara definición acerca de que eso era lo que iba a hacer más adelante. En mi casa siempre se escuchó mucha música, de todo un poco, jazz, etc.… Yo soy de Costa Rica, y ahí se escucha mucha música norteamericana, pero a su vez, también, música latina, a eso sumale los gustos particulares de mis padres; así que era una linda mezcla. Obviamente, luego empecé a comprarme mis primeros discos, y empecé con Jimi Hendrix. Después, me puse a cantar en guitarreadas en el colegio, pero nunca pensando en hacerlo profesionalmente, sino tipo hobby. Es más, empecé cantando canciones de protesta latinoamericanas, cualquier cosa… Pero cuando vine a la Argentina, me dieron ganas de hacer algo con eso, porque la gente que me conocía siempre me había alentado a que cantara, pero (hasta ahí) nunca les había dado bola…

¿Y en que momento te animas a largarte a cantar?
Como mi marido es argentino, me vine a vivir a Argentina en 1984, y en el ´90 decidí tomar clases de canto negro, y ahí conocí a las chicas con las que más adelante formaríamos las Blacanblus.

El grupo se formó rápidamente…
Así es, el debut como grupo fue en el ´92 –si no recuerdo mal-, con Luis Robinson, en un boliche –que ya no existe más- que estaba en Córdoba y 9 de Julio y se llamaba The Loft. Ese fue nuestro primer concierto como Blacanblus; antes, habíamos incursionado haciendo (a fines del ´91) un par de experiencias musicales con varios de los músicos de La Missisippi, tocando en un sótano en donde normalmente se hacían conciertos de tango. Así que La Missisippi –por medio de Luis Robinson- fueron nuestros padrinos musicales ya que con ellos, por primera vez, tocamos en frente a un público, haciendo un par de temas gospels, que no sabíamos como iban a ser recibidos pero por suerte a la gente le encantó. Luego, nos escuchó Pappo, le gustamos, y nos llevó a Obras…

¿Cómo fue eso?
Pappo era un divino, aparte estaba loco… (risas) Nos quería mucho, nos trató siempre bárbaro, y nosotras adorábamos trabajar junto a él. A mí me dolió muchísimo su muerte, me acuerdo que me avisó mi hija, contándome lo que había pasado, mientras yo estaba de vacaciones. Ahí una empieza a acordarse de cosas que vivió con él. Siempre me acuerdo mucho de una anécdota, de las primeras épocas que tocamos juntos, un día, que fuimos a ensayar, y él estaba acostado, con gripe; y, mientras la mamá le llevaba un tecito, las cuatro –alrededor de él- nos quedamos sentadas en la cama, ensayando, trabajando nuevos temas para hacer juntos. Pappo era amoroso, por eso momentos como ese no me los voy a olvidar nunca… Que se yo, tengo millones de anécdotas, como lo de Obras, cuando nos presentó por primera vez. Pappo después nos contó, como fue que se enteró de nosotras, por medio de una novia que tenía que siempre le rompía las pelotas, insistiéndole acerca de unas chicas que cantaban, hasta que logró que escuchara nuestro disco, y le encantó, por eso nos llamó. En ese primer Obras, junto a él, hicimos 2 o 3 spirituals. Me acuerdo de que, antes de eso, paró el concierto, y le dijo a la gente: “Bueno, ahora voy a presentar a unas chicas, que me hicieron llorar” Como diciéndoles, presten atención, y nadie se vaya a zarpar porque los mato… (más risas)

DE TONO NEGRO Y AZUL



Ahí llegan a la grabación del primer disco (Cuatro Mujeres y un Maldito Piano, 1994)…
Sí, también se dio muy rápido, y ahí nos ayudó mucho la Negra Poli (de los Redonditos), ella nos había visto en un recital de La Missisippi, y le gustó mucho lo que hacíamos, así que –rápidamente- se convirtió en nuestra consejera y nos presenta a Gustavo Gauvry (de El Cielito Records). Con él hicimos nuestro primer disco, con una mitad del material en castellano y la otra en inglés, y fue un boom; esto fue así porque, primero, no había un grupo así en Argentina, y segundo, le dieron muchísima manija todos en la Rock & Pop: Bobby Flores, el Ruso Verea… Bobby, incluso, nos puso en la cortina de (su programa) Guardias a Mí.

También coincidieron con el boom del blues
Tal cual, tuvimos esa suerte, también. Se conjugaron las dos cosas: por un lado, lo novedoso de nuestra propuesta, sumado a un entorno que favorecía nuestro desarrollo musical.

Después llega el segundo disco del grupo (Rituales, 1997), ya saliendo de ese auge del blues. ¿Cómo lo vivieron?
Bueno, ese segundo disco –con la producción de Alfredo Toth- salió con bombos y platillos, ya que la compañía gastó muchísimo dinero en esa grabación, y yo creo que es un álbum espectacular, pero no tuvo tanta repercusión. Me parece que se debió a que coincidió con una época de crisis del país y, además, nuestro grupo no era una cosa dedicada a un determinado target, no era un producto marketinero, para nada. Lo nuestro siempre se basó en el boca en boca, incluso, nosotras pegamos los carteles, los afiches en la calle… Creo que la compañía no le dio el suficiente apoyo (a este segundo disco), a nivel publicidad, y la crisis económica –que ya se avizoraba- nos tiró para abajo. Tampoco pudimos acceder a poder difundir lo nuestro internacionalmente. Después hicimos un disco en vivo (en 1998), pero no alcanzó… Así que, en fin, a pesar de grabar, luego, otro disco que está buenísimo (Suena en Mi, 2005) –como trío, después de que se fue Mona-, creo que toda la suerte que tuvimos al principio, después se diluyó. Quizás hubiésemos precisado tener algún manager groso, porque nosotras hacíamos todo a pulmón, hicimos lo que podíamos –y nos fue bastante bien-, pero, en esto siempre necesitas la mano de alguien que esté todo el tiempo craneando que hacer, donde y como. Bueno, viste que ahora está la moda de los grupos que vuelven, por eso hasta en Facebook se forman grupos de fans pidiéndonos que nos juntemos. Creo que la gente jamás se olvidó de nosotras, y en especial de nuestro primer disco que gustó muchísimo; y por eso piden que volvamos. A mí me encantaba, y me sigue gustando, lo que hacíamos, por eso, si algún día se da una reunión del grupo, seguro que sería una gran emoción para todas nosotras, pero eso no es algo acerca de lo que estemos pensando ni tampoco especulando

Se podría dar, con el tiempo, de una manera natural…
Y… Eso nunca se sabe, nosotras nos llevamos muy bien, ahora que cada una está en lo suyo. Aparte, en su momento, cuando nos separamos –luego de estar como 15 años juntas- hubo como una necesidad de respirar y hacer, cada una, algo diferente. Yo siempre fui de salir del grupo y hacer colaboraciones, etc.; pero quizás La Negra (que es la autora de la mayoría de las canciones), por ahí, veía un poquito reducida su parte creativa, compositiva, porque ella estaba circunscripta a lo que era el material de nuestro grupo y su estilo.

Componía en base al grupo…
Claro, ella venía y te decía: “Este tema lo hice pensando en vos, es para vos…” Obvio, que después lo trabajábamos entre todas, pero creo que ella necesitaba su propio espectro musical para explotar su creatividad sola. Creo que ahora ella ya está amigada con eso y sabe que puede hacer lo que quiera; porque es una diosa, una divina muy grosa. Y las demás, cada una de nosotras, estamos buscando nuestro camino… Nadie reniega de lo que hicimos, porque, claro, todos nos conocen por lo que hicimos en Las Blancablus.

TODO DE MÍ

¿Cómo es colaborar con otros músicos?
Como te decía, eso se me empezó a dar estando aun en el grupo. Desde ese momento, ya elegíamos con que artista colaborar, porque sino corríamos el riesgo de convertirnos en “el coro de todo el mundo”, y eso no nos interesaba. Yo siempre tuve la suerte de que me llamara mucha gente para participar de sus discos –no solo haciendo coros, sino también como artista invitada-, en trabajos muy variadas en lo estilístico, y eso es algo que me gusta mucho porque no me gusta encasillarme. Por ejemplo, grabar con el Indio Solari, porque me encanta lo que hace y tiene muy buena onda, por eso es muy groso conocerlo y participar en lo que hace. Así como mucha gente –con la que colaboro-, de la que nunca olvidaré que alguna vez me ayudó, y por eso está muy bueno ser agradecida con ellos…

¿Cómo fue esa colaboración con el Indio?

De movida, él te dice exactamente lo que quiere que hagas. Una vez que sacó lo que esperaba, ahí sí te dice: “Hacé lo que quieras”. En un tema como “La Piba del Blockbuster”, él elige las tomas que le parecen mejores, o las mezclas que quiere hacer; y en lo que tiene que ver con los coros puntuales, te hace laburar hasta que obtiene la sonoridad que está buscando. El Indio es un tipo que la tiene clarísima, y el trabajar así (como lo hace él) está buenísimo, porque, aunque a mí me encanta improvisar -y lo hago siempre-, me encanta que me dirijan para hacer un trabajo especifico, porque sino pasa lo que ocurre en un montón de grabaciones, en las cuales termina sonando todo igual…


Ahora estás trabajando con Patán Vidal…
Entre un montón de proyectos… Sí, con Patán, nos presentamos a dúo o con una banda que armamos, en la que incluimos batería, guitarra. A veces, tocan con nosotros Baltasar Comotto en guitarra y Gustavo Camara en saxo; prácticamente siempre está Mauro Cevielo en bajo, y a veces nos acompaña mi hijo Alejandro en batería, o El Bolsa (Gustavo González). Con este grupo tocamos en el Festival de jazz que se hizo en La Recoleta (en donde fuimos el único grupo que hizo blues), y estuvo buenísimo. También trabajo con Willy Crook, en su banda; y suelo colaborar bastante con Dancing Mood y con un pianista de jazz muy groso que se llama Ángel Sucheras. Me invitan de muchos lados. Aparte doy clases de canto, así que tengo mucha actividad, por suerte…

¿Qué cantantes femeninas te gustan?
De acá, amo a Celeste Carballo, Claudita Puyó... En tango, a la única que conozco y me gusta es Adriana Varela; y también hay en el folklore mucha gente que hace cosas buenísimas, aunque no conozco sus nombres porque no soy una especialista en ese género. Hay una chica rosarina que se llama Sandra Corizo, y es una talentosisima pianista y cantante. En el jazz, me encanta Barbie Martínez, una pendejita que se canta la vida; y me gusta mucho Paula Shocron, también. Y amo a Roxana Amed. Ella tiene un estilo distinto, hace de todo y todo bien; Roxana tiene una voz y una onda increíble. De afuera me gusta Amy Winehouse –a pesar de sus problemas de adicciones, en donde también era casi una copia de Billy Holiday-, me encantaba todo lo que hacía, tenía una onda buenísima para hacer soul. Joss Stone me gustaba mucho –en especial en su primer disco- pero luego medio que me aburrió. Por otro lado, me gustan mucho Erykah Badu, Beyoncé; y, obvio, Aretha Franklin… Y también Diana Krall que, aunque no posee una voz enorme, tiene un swing para tocar el piano y cantar de una forma mortal; y Alicia Keys y Sandra Wilson también me fascinan…

¿Cuáles son tus proyectos actuales?
Tengo varias posibilidades hacia donde dirigirme artísticamente, puedo hacer un disco de blues, de jazz, un disco con temas en castellano… Todo el mundo me insiste en que haga tal cosa o tal otra, pero ahora me calmé un poco porque si me la paso dándole bola a todos los que me aconsejan me pongo loca. Me pasa que mucha gente se me acerca en los shows y me preguntan si tengo editado un disco mío, y no hay nada. Por eso sé que tengo que hacer un disco solista, y también lo deseo, porque no quiero pasar y no dejar una huella, un registro mío; aunque el disco como formato se haya devaluado tanto en los últimos tiempos. Creo que seguramente sería una producción que incluya blues, soul, alguna cosa del jazz, funk; toda esa mezcla, y después que salga lo que quiera…

¿Te gustaría hacerlo sola o con banda?
Me gustaría hacerlo con banda, aunque hay algunas cosas que me gustaría hacer, a dúo, con Patán, solos.

Siempre versiones…
Sí, porque yo no tengo temas míos, y Patán tampoco. A veces, él se sienta al piano y toca algunas cosas propias buenísimas, y yo le digo “grababas, por favor…” Yo he compuesto en Las Blancanblus algunas cosas, un par de temitas, pero eso no era lo mío, por ahí, musicalmente, me gusta componer, pero no sé como escribir letras, si me sale algo se da porque sí. Por eso, de grabar algo, tendrían que ser versiones de temas de otros, esa es mi idea.
Secuencia Inicial.-

KASABIAN - VELOCIRAPTOR!


Estamos en presencia del mejor trabajo del cuarteto ingles desde su debut homónimo en 2004, cuando Kasabian irrumpió en el mundo del rock de la mano de los hitazos “Processes Beat” y “L.S.F (Lost Soul Forever)” ambos golpearon instantáneamente eran canciones con bases bailables que nos recordaban a los mejores Happy Mondays, a los Primal Scream de Screamadelica (1991) y a los Stone Roses era sin dudas un debút prometedor para despabilar al rock Británico que después del cimbronazo Brtipop no había aportado demasiado y estaba un tanto dormido, su segundo trabajo Empire (2006) un disco desparejo nos hacía pensar que dicha promesa se diluía y el trono de los salvadores del rock anglosajón quedaba a disputarse entre los Arctic Monkeys y Franz Ferdinand.

Con West Ryder Pauper Lunatic Asylum del 2009 los de Leicester parecían levantar la puntería nuevamente premonición que si se confirma con este flamante Velociraptor! La banda liderada por el vocalista Sergio Pizzorno deposita nuevamente la confianza en Dan The Automator (miembro de Gorillaz) para llevar adelante la producción de este álbum y la cosa llega a buen puerto, la mezcla de influencias es muy variada y se nota a medida que pasan los once tracks que componen Velociraptor! 

Desde sonidos étnicos, pasando por baterías electrónicas y arreglos de cuerdas conforman un trabajo de lo mas ecléctico, el disco más psicodélico de la banda sin dejar de lado el electro rock que ya es marca registrada de la casa como sucede en el primer corte “Days Are Forgotten” clásico tema para corear a grito pelado en algún estadio, “La Fee Verte” expone sus influencias más Beatle época Magical Mistery Tour (1967) arreglos de vientos se entrecruzan con las cuerdas y guitarras acústicas una de las mejores canciones del álbum , “Let’s Roll Just Like We Used To” es la encargada de abrir el disco y una de las mas psicodélicas junto a “I Hear Voices”, “Goodbye Kiss” una balada bien llevada por la particular vos de Pizzorno y las guitarras acústicas, el tema que le da título al disco es otro claro ejemplo de que esta gente es amante del rock y el baile por igual claramente influenciado por el Blur de la ultima época. 

Para los seguidores del rock ingles este disco tiene todos los ingredientes que lo hicieron grande psicodélica, buenas melodías y algo de baile, un gran trabajo de los Kasabian que los devuelve a los primeros planos.
Lean Ruano.-

SUPERHEAVY - SUPERHEAVY (2011)


Sin lugar a dudas, de todos los últimos súper grupos, no hubo otro más promocionado que este SuperHeavy –con nombre inspirado en la figura de Muhammad Ali-, formado por una amalgama de estrellas de la talla de Mick Jagger, Joss Stone, (el hijo de Bob) Damian Marley, (el ex Eurythmic) Dave Stewart y el compositor indio A.R. Rahman. Pero, a pesar de que Jagger sea, debido a su leyenda, el que más notas acapara, demostrando que sigue siendo un viejito piola que no se queda quieto nunca; ni él (que es el principal compositor del disco) ni la hermosa Stone son los verdaderos líderes de este proyecto, el cual es, en verdad, dirigido creativamente por Dave Stewart, uno de los músicos pop más destacados de las ultimas tres décadas. 

Stewart, como conocedor de las posibilidades artísticas de un grupo súper cultural, compuesto de diversos matices, entusiasmó a su amigo Jagger para que formara parte de este disco. Entonces, de esta manera, en SuperHeavy tenemos la magia del rock personificada en la figura de Mick, sumada a la tradición reggae traída por Damian Marley, el tono tercermundista y exótico de Rahman (talentoso compositor de bandas sonoras de ese boom fílmico que es Bollywood) y la dulzura soulera de Stone; mientras que en su papel de loco científico musical, y explorador de los estudios y las consolas, Stewart se la pasa durante todo el disco creando, y recreando, hasta el cansancio diferentes texturas –a veces, con más fortuna que otras- hasta lograr una de las producciones más variadas de los últimos tiempos. Por eso, resumiendo, sí, el disco está bueno, tiene una producción excelente, y por momentos la amalgama musical funciona muy bien, aunque también contenga temas que suenan medio forzados, eso sí. Pero, bueno, ¿cuántos casos de primeros discos de súper grupos exitosos, de principio a fin, conocieron, desde los lejanos tiempos de Cream, ELP o Power Station? Por eso, de cualquier forma, el disco de SuperHeavy no decepcionará a los oyentes ocasionales, y a más de uno lo sorprenderá. Quizá lo mejor de este álbum sea volver a darse cuenta de que haya vida mas allá de los Stones para Jagger. Y es que el señor de los morros gigantescos sigue dando magistrales clases de canto, desparramando muchísimo carisma a lo largo de todo el disco; lo mismo que hizo en cada uno de sus álbumes solistas (en especial, Wandering Spirit y Goddess in the Doorway, editados en 1993 y 2001 respectivamente). 

Por eso, sí hace años que te cansaste de los discos de estudio de los Stones, vení a escuchar esta nueva producción para disfrutar de uno de los más grandes cantantes –e entertaiments- que ha dado la música popular universal en los últimos 100 años. Mientras que, por su lado, Joss también canta como una diosa en temas como “I Can´t Take It No More” y especialmente en “I Don´t Mind”. Si repasamos todas las canciones incluidas en esta producción, nos encontraremos con “SuperHeavy” (tema que abre el disco), un momento ideal para entender de que se trata este experimento que intenta unir sonidos de distintas culturas (“desde Argentina a Zanzíbar…”); cantada por Mick, Marley y Stone, esta canción de Jagger y Rahman está bárbara, sin dudas. Por su parte, “Unbelievable” es el clásico reggae electrónico, algo menos elaborado pero que se deja escuchar. “Miracle Worker” es otro reggae, sin demasiados condimentos, pero lindo, y que cuenta con uno de los mejores momentos del tandem vocal formado por Mick y Joss. “Energy” es un tema raro, que por momentos suena como un tibio experimento electrónico hasta que desemboca en un impresionante estribillo roquero y explosivo en donde la dejan chiquita Jagger y Stone (…y con Mick, que se anima a rapear y todo!), más otra brillante perfomance en armónica, cortesía del señor “labios de caucho”. Nada que ver con “Satyameva Jayathe” –en donde Jagger canta en sánscrito…-, quizá uno de los temas menos destacados del disco, a pesar de las buenas intenciones de Rahman, que no puede evitar que suene descolgado dentro de este repertorio, más allá de las impresionantes perfomances vocales (una vez más) de Jagger y Stone. “One Day One Night”, con su rítmica cansina globalizada, aburre, mientras que, por el contrario, “Never Gonna Change” es una hermosa balada acústica (a la Rolling Stones) cantada por un Jagger encantador. En “Beautiful People”, la cosa se vuelve ganchera, con estribillos para cantar en la tribuna, en un tema que seguro estaba destinado a ir de cabeza como corte de difusión, y así fue… “Rock Me Gently” es –como su nombre lo indica- el tema más cachondo del disco, ideal para poner en un la habitación de un telo de lujo o en las mejores película de soft porno que puedas conseguir… Mientras que “Warring People” es un tema 100% Jagger solista, y que nos hace acordar al material incluido en su excelente disco solista de 1987 Primitive Cool; la exótica “Mahiva” se queda a mitad de camino, y se termina convirtiendo en un momento descartable de este SuperHeavy

Como decíamos, en “I Can't Take It No More” se luce Joss Stone, gritando como una perra en celo, mientras que Jagger la descose haciendo un rocazo espectacular que no vas a encontrar en ninguna de las ultimas producciones de los Rolling, nobleza obliga… “Eh, Captain” está bien, a pesar de lo raro que suena esa fusión indo-electrónica, motorizada por Rahman y Stewart, a partir del filtro Jagger-Marley-Stone; y “Common Ground” aburre, a pesar de su dinámica rítmica… Nada que ver con “I Don't Mind”, otra linda página musical en la que se luce el dúo Jagger y Stone; y que nos prepara para el final del disco con “World Keeps Turning", un tema no demasiado destacable, pero que cumple con su función de ser el “himno”, o momento emotivo que cierra este álbum. Una producción con altibajos entendibles, pero que esperamos que no sea la única, y por eso brindamos por más discos de SupeHeavy. En resumen, el crédito sigue abierto para este súper grupo, ya que, sin dudas, SuperHeavy es una propuesta divertida y un circo multicolorido que se mantiene en sus términos, haciendo una música curiosa, conectada a todos los sonidos de la música joven de la actualidad, pero que a la vez genera su propio micro clima, más allá del resto de los pobres mortales…
Emiliano Acevedo.-

martes, 6 de diciembre de 2011

JOE HENRY - REVERIE (2011)

Joe Henry es un músico que transita su carrera “al costado del camino”, sin apuros , sin la necesidad de ubicarse bajo grandes reflectores, su talento se va incrementando a medida que pasan los años como los buenos vinos, siempre de bajísimo perfil y grandísima creatividad lleva una docena de discos editados desde mediados de los años ochenta cuando le dio el punta pie inicial a su carrera como cantautor con Talk of Heaven (1986) trabajo que paso prácticamente desapercibido, su exquisito buen gusto para combinar jazz, folk, blues y pop son indiscutibles. Pero fue recién a principios de la década del noventa cuando Henry se mudó a Los Angeles y edito dos discos increíbles que están dentro de lo mejor de toda su discografía Short Man’s Room en 1992 y Kindness of the World en 1993 que la prensa especializada comenzó a darle cierta relevancia, la carrera de Henry no solo es prolífica como compositor, sino también, como productor estuvo al mando de obras de grandes artistas como Solomon Burke, Bettye LaVette, también tuvo el honor de producir el disco de uno de sus ídolos Allen Toussaint The River in Reverse (2006) editado junto a Elvis Costello y la lista es interminable.
Sus dos últimos trabajos de estudio Civilians (2007) y Blood From Stars (2009) muestran a un artista maduro de gran evolución compositiva, creando climas más densos y arreglos con una atmosfera más profunda y evocadora.
Ahora llega el turno de Reverie su nueva creación, son catorce canciones netamente acústicas, bluseadas con cierto perfume gospel, a Joe Henry le gusta hacer las cosas a la vieja usanza sin demasiados artificios, guitarra acústica en mano, excelentes arreglos de piano, un contrabajo que acompaña, alguna percusión marcando el ritmo muy sutilmente y su voz así transita casi todo el disco desde el comienzo con “Heaven‘s Escape” hasta el ocaso con “The World & All I Know” Reverie es una clase maestra de cómo hacer música de raíces americanas, folk nocturno, pop de salones trasnochados. Joe Henry es un Tom Waits refinado esa sería la mejor forma de definir a este tremendo músico.
Una vez mas Joe Henry nos enseña una obra con mayúsculas a la altura de sus maestros Bob Dylan, Gram Parsons y Neil Young, sin dudas Reverie va a estar dentro de los cinco discos preferidos de este 2011 que ya se nos escurre de las manos, dato de color Henry esta casado con Melanie Ciccone si , la hermana de Madonna.
Lean Ruano.-

LOU REED/ METALLICA - LULU (2011)

Antes que nada, Lulu es otro disco (solista) de Lou Reed ya que, si bien Metallica funciona como una banda de acompañamiento de lujo, es precisamente el cantautor neoyorquino el motor principal de este curioso proyecto. Partiendo de esta premisa, no hace falta decir que este es un álbum difícil, arduo, hermético; como la mayor parte de las obras de la larga trayectoria de Lou. Por eso, cada una de las 10 canciones incluidas en esta producción compuesta de 2 CDS son durísimas paginas musicales lacerantes, que expresan todo el dolor implícito en esta historia basada en la pieza del dramaturgo alemán Frank Wedekind, que relata las desventuras de una bailarina abusada. Son canciones poderosas que sacuden al oyente, sin darle respiro ni concesiones, y cuentan como Lulu –cuál si fuera una muñeca rota- es corrompida por sus experiencias con los hombres que va conociendo. Debido a esto, demás está decir que difícilmente los fanáticos más convencionales de Metallica puedan llegar a interesarse y gustar de esta obra; ya que Lulu no tiene mucho que ver con la tradición musical de esta banda, más allá que el sonido del disco sea inevitablemente el de Metallica. En sí, este disco es una muestra de la aceitada colaboración –tanto musical, como lírica y compositiva- de Reed con la banda, pero, a la vez, dejando en claro que –como no podía ser de otro modo- ésta no es una obra hecha para agradar a las masas, ni una colección de canciones para cantar bajo la ducha; todo lo contrario, es un álbum que sigue la tradición de Berlin (1973), el tercer opus solista de Reed: pura desesperación lúgubre y dolorosa. No por nada, escuchando la historia de Lulu, se puede recordar la crudeza del clásico “The Kids”, por ejemplo. De acuerdo a declaraciones de Reed, lo mejor de esta colaboración musical con Metallica radica en la satisfacción que le brindó el resultado final del disco, cuando estuvo finalizado, ya que considera que ésta es una de las mejores obras que jamás realizó, y que lo llevó al mejor lugar en el que había estado. Realmente, fue un sueño para Lou el colaborar con un grupo tan poderoso como Metallica, y su resultado musical, maravilloso. 
La idea del proyecto, en sí, surgió de Robert Wilson, uno de los colaboradores habituales de Reed, quien lo convenció de crear una nueva adaptación de la obra de Wedekind, elaborando un corpus de canciones –varias de las cuales superan los 10 minutos de duración- que relataran las tremendas vicisitudes de Lulu. El resultado final es una bomba sonora incendiaria, un disco agrio y dificultoso, que no da concesiones y se mantiene en sus propios términos, como si fuera una superficie inundada de sonidos iracundos y líricas desesperadas y urgentes. Debido a estas características, Lulu no es, ni será nunca, un disco pensado para oyentes ocasionales, ya que necesita de sucesivas e exhaustivas escuchas para ser desentrañado y –medianamente- entendido, aunque jamás digerido. Por momentos, a lo largo de sus 87 minutos, esta es una obra que te pasa por arriba como un Scania, aplastándote con eficiencia, desafiando la paciencia del oyente hasta el máximo; Reed hace lo que se le canta y -como casi siempre- se caga en todo, en virtud de su arte; y él es así… Ahora a los 69 años, sigue igual –en su actitud artística- a lo que hacía durante su juventud en la legendaria Velvet Underground, y por siempre será ese mismo salvaje trovador callejero y vicioso, el irresistible poeta de las cloacas al que se lo ama u odia, sin términos medios… Metallica, por su lado, funciona como la vía adecuada para tal demencia sonica, construyendo un muro irreducible de guitarras, por cortesía de James Hetfield y Kirk Hammett, que suena tan afilado como de costumbre, en especial en temas como "Dragon", "Frustration" o "Mistress Dread". Y era así nomás, ya que Reed había buscado a Metallica como banda de apoyo, en especial, debido a su histórica fuerza desmedida, su poder y vitalidad musical. En este punto se destaca también la base formada por Trujillo y Ulrich, en bajo y batería respectivamente, así como el acompañamiento vocal de Hetfield, que hasta suena por momentos “blandito” comparado a la labor de Reed, aunque lo apuntale en forma brillante a lo largo de todo el disco. Sin embargo, lo más flojo de esta producción quizás sean las partes en que existe una aparente desconexión entre la música y las letras, defecto que parece una consecuencia inevitable del atrevido experimento derivado de esta colaboración musical llevado a cabo por artistas que de movida no tienen pasados musicales hermanados entre sí. Sin embargo, a grandes rasgos, esta es una propuesta artística muy respetable y para recomendar. 

Sus temas son variados y nos dejan pasmados, en el mejor sentido, desde los primeros compases de “Brandenburg Gate” –primer corte del CD 1-, una canción que empieza acústica, con una impronta 100 % Reed, hasta que llega el estallido sonico de Metallica, que hace volar los parlantes; redondeando un tema brillante, sin dudas, a pesar de sonar un poco repetitivo en su lírica. Lo sigue “The View”, una canción cansina y oscura; en una perfecta combinación vocal de Reed y Hetfield. En “Pumping Blood” su comienzo de disonancias con un acompañamiento de guitarras rotas, que semejan violines (recordando el trabajo de John Cale en la Velvet), desemboca en otra aplanadora sonora imparable de este combo de cinco músicos; aunque, sin embargo, este sea un tema con varios cambios climáticos. Por el contrario, “Mistress Dread”debe ser una de las canciones más difíciles del disco, y eso ya es mucho decir; un auténtico tour de force. “Iced Honey” es una canción corta y con “gancho” –si se puede decir algo así-, y quizás uno de los pocos temas incluidos en este álbum que podría ser emitido en la radio, sin despertar la ira del oyente ocasional. Por su parte, “Cheat on Me” se encarga de terminar el primer CD, y es otro tema amargo y lleno de desesperación… Nada menos que 11 minutos y 26 segundos no aptos para corazones débiles… La segunda parte de esta obra arranca con “Frustration”, potente canción que le hace honor a su nombre, una “frustración” que exaspera pero que no se puede dejar de escuchar. Lo mismo que “Little Dog”, un tema casi “acústico” –aunque con disonancias eléctricas- con un sabor muy Velvet, una característica que –como podrán imaginar- también lo vuelve difícil de escuchar. Mientras que en “Dragon” la cosa cambia, y a pesar que se vuelve un tanto forzada la unión de la voz de Reed con el acompañamiento musical de Metallica, el tema se salva y termina resultando atractivo, anticipando el final de Lulu con “Junior Dad”, una suave canción climática pero igualmente ardua e intransigente que dura la friolera de 19 minutos con 28 segundos (!) –en los que los últimos 10 minutos son poco más que resonancias del sonido de las guitarras eléctricas-, en un final ideal para un disco increíblemente demencial pero, al mismo tiempo, encantador. Sin dudas, una de las producciones artísticas –hechas por artistas del mainstream del rock- más interesantes de los últimos tiempos. Prueba superada, entonces, para esta amalgama musical de Lou Reed con Metallica

Emiliano Acevedo.-