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miércoles, 23 de febrero de 2011

PALABRA AUTORIZADA - PARTE I - entrevista a ERNIE REID

En esta primera entrega de una extensa entrevista a Ernie Reid, podemos encontrar algunas respuestas con referencia al ‘mundillo’ de la industria discográfica. Así también, el apogeo y actual decadencia de estas mega industrias musicales.
Por Lean Ruano y Emiliano Acevedo.



Domingo a la tarde, zona norte vamos camino a reunirnos con Ernie Reid. Quien trabaja en el negocio de la música desde hace más de veinte años, sus comienzos fueron a fines de la década del ochenta en la multinacional EMI como Manager en el departamento de Strategic Marketing. Para luego, a mediados de los noventa pasar a Universal Music Group. Su rica experiencia nos brinda una óptica especial sobre este universo, en el cual, se mezcla la pasión y el dinero. Luego de apartarse de las multinacionales apuesta por un proyecto independiente y ve el futuro de la música con mucho optimismo.

¿Cómo ves la industria discográfica?
Tiene distintos problemas, dependiendo de donde la mires. Desde sus comienzos, la industria siempre fue un negocio de singles. Es, básicamente, un negocio de venta de plástico. No tiene nada que ver con la música. Esa es la más triste de las verdades. La industria mide sus éxitos y sus fracasos en términos de unidades vendidas y de margen, de lo que te queda en el bolsillo. ¿En dónde esto se diferencia de la carnicería de la esquina? Es exactamente lo mismo. Lo que ocurre es que (en el medio) hay que hacer famoso a alguien para vender el producto. Ese alguien, el artista, es un mal necesario.
Entonces, cada vez que una compañía discográfica firma contrato a un artista, va a exprimirlo hasta donde pueda. Lo de tener un artista y cultivar su obra, eso es simplemente una fantasía para la gente. La industria discográfica siempre fue otra cosa.

Pero, medianamente, un artista sabe a lo que se presta.
Por supuesto. Este es un negocio que está lleno de encantadores de serpientes. Es probable que a los artistas le muestren el otro lado del negocio. Que le digan: “Nosotros vamos a trabajar sobre tu figura, vamos a invertir en vos como artista...” En verdad, el fin de esa inversión es ganar dinero. Si la plata no aparece, lo terminan echando, otra no hay... Si le firman contrato es para que venda discos.

En la actualidad, con el tema de las descargas en la Net, las discográficas ponen el disco en el cielo porque dicen que no venden discos. ¿Cuál es tu opinión?
Esto de la descarga digital se origina en un error que cometió la misma industria discográfica. Esto no es culpa de la gente. La gente hace esto, simplemente, porque se puede hacer. Esto ocurre porque se disoció el matrimonio que existía entre el contenido y el formato. Si antes tenías un disco y lo rayabas, bueno, para tener esa canción tenías que comprar un disco nuevo. Un día, alguien puso, dentro de un formato, el contenido en forma de una copia digital (uno a uno) del master original. Sabido es que si el original y la copia son exactamente iguales, pues ya no existe más la relación entre ellos. No valen más como tal, sino que pasan a ser dos copias. No sabes cual es el original. Ese fue el primer error: El original pierde todo su valor místico. Y por otro lado, le dieron a la gente la posibilidad de levantar (digitalmente) la misma información que hay en el master que está en los depósitos de la compañía. Una locura total. Una vez que el público pudo disociar ambas cosas (master y copia) y poder disponer del contenido, poniéndolo donde quisiera, independientemente de lo que hicieran con el formato; el negocio se terminó. Porque las compañías vendían plástico. De pronto se dieron cuenta que la gente quería la música, pero las compañías actuaban como si simplemente vendieran plástico. Esa es la gran dualidad histórica que tiene el negocio de la música.

¿Las discográficas no vieron que bajando los precios podían lograr que la gente volviese a comprar discos?
Lo que hacen las discográficas en las nuevas ediciones, acompañando al disco con DVDs o libros, son intentos para combatir la piratería. Y obviamente para poder cobrarle más al publico. También es cierto de que hay parte del catalogo de muchos artistas y bandas, por ejemplo Led Zeppelin, que llegó a estar a $12 en Musimundo y, sin embargo, nadie lo compraba. Por eso, hay una parte de mentira de la gente en decir: Si vos lo pones más barato, yo lo compro... Eso no es cierto. La verdad sería: Si vos lo pones más barato, y a mí me sirve, y no lo consigo en Internet... Bueno, entonces lo compro. Los incondicionales, los que van a ir a comprar un disco, son siempre los mismos... Hay un grado de hipocresía enorme con este tema de las descargas ilegales. En lo que respecta a los que suben archivos a la red y lo comparten con mucha gente, esto ocurre porque (en el fondo) buscan con este accionar sentirse halagados. Buscan ganarse prestigio frente a sus amigos, o ante sus compañeros foristas en la Net; no lo están haciendo por nada. Esto es de una hipocresía gigantesca. Si al que sube música a la red, se le quitara la posibilidad de obtener este prestigio, de publicar contenidos con su nick, de recibir comentarios (y alabanzas) no subiría nunca más nada.

¿Y que opinas de bandas como Radiohead, que suben sus discos a la red para que la gente se lo baje (pagando lo que quiera) sin intervención de la discográfica?
Me parece fantástico. El problema es que, primero, tenés que ser Radiohead para hacerlo. Y alguien tuvo que invertir dinero en vos para que llegar a ser una banda como Radiohead. Me parece que no es una cosa que se pueda hacer a largo plazo. Porque está medido, casi estadísticamente, que los períodos de gran fama de las bandas no dura más que dos o tres años; luego de un disco exitoso. Eso no está ni bien ni mal, el negocio es así. Cuando las discográficas ven que un disco revienta en ventas, saben que tienen un año y medio para sacarle todo el jugo posible; porque nunca más va a vender esa cantidad de unidades.
Yo tengo mis recaudos con casos como el de Radiohead. Porque una cosa es hacer esto cuando sos un número 1. Ahora si lo seguís haciendo cuando baja tu popularidad, la gente va a pensar: Uh, mirá. No les compran los discos ni regalados... El mensaje es totalmente distinto. Porque si vos a la gente les regalas tus discos, el razonamiento es simple: lo que no cuesta, no vale. No lo van a escuchar, porque no vale nada. El precio alto seduce a la gente.

¿Entonces es ético que la discográfica haga eso?
No, no es ético, es una turrada (todos lo sabemos). Pero el negocio funciona así. Es un negocio de seducción.

INOCENCIA PERDIDA

¿Cómo ves el panorama del rock nacional?

El rock nacional, se impulsó; cuando prohibieron la difusión de música en inglés, durante la Guerra de Malvinas. Por eso en los ‘80, gana ese nivel de profesionalidad. Algunas de las cosas que surgieron fueron genuinas, estaban muy bien hechas. En los ‘90, en los principios de la década, hubo un intento de re generación de esto por parte de las compañías. Uno de los responsables fue Pelo Aprile. El que hace que la movida del rock nacional se mueva, fue y sigue siendo él. En los ‘80, fueron por la yugular de este tipo, porque desde una compañía independiente como Interdisc que se comió a todas las grandes... Tenía a Charly, Los Abuelos de la Nada, Spinetta, Fabiana Cantilo, Los Twist, Viudas e Hijas del Roque en Roll, Lerner en su mejor época. El Gordo Aprile, desde entonces, viene haciendo estas movidas. Su influencia llega hasta el fenómeno reciente de Callejeros. Yo trabajé con él casi 10 años, primero en EMI y luego en Polygram, a donde me llevó a principios del ‘93. Te puedo decir que hay poca gente que conoce el negocio de la música tan bien como Aprile.

Es una cuestión de Marketing.
¡Tal cual! Y el Gordo es brillante en eso. Ahí se ve que no se trata de que contiene el disco en particular, sino de que hace con él. En la industria discográfica argentina hay muy pocos tipos como Aprile.

Por lo que decís; se ve que toda la industria se maneja así.
Sí. La industria es eso.

Entonces, se tiene que saber eso si uno entra a ese juego.
Ojo que podes entrar sin saberlo. Cuando yo entré a la industria en el año '88; era muy inocente.

¿Y cómo llegas a trabajar en la EMI?
Por medio de un familiar político que un día me llama al trabajo que tenía yo en ese momento; y me dijo que había un puesto disponible en EMI, si estaba interesado. Imagínate, melómano como era; me volví loco. Yo quería trabajar ahí y no había nada que se opusiera. Y así fue. Yo entré ahí con toda la energía de alguien que va a arrancar a trabajar en algo que ama.

ESO QUE TU HACES

Háblanos de la colección de CDs que armaste para la revista Gente y fue un boom de ventas.
Yo ya estaba en Polygram. La primera parte (de 15 volúmenes) estaba hecha a base de un repertorio de hasta fines de los ‘70. Esa parte me tomó 3 meses, para conseguir todas las autorizaciones del material que quería incluir. Esa fue la colección de pop. La colección de rock, en donde había material más relevante, se empezó a hacer sobre la marcha de la colección anterior, porque estaba vendiendo el doble de lo que se había esperado. Vendía 150.000 copias por semana. Era un éxito imparable. Entonces la colección se siguió haciendo, fue un total de 55 discos. Fue difícil de hacer, porque estas limitado a usar sólo material del catálogo de la compañía. Para hacerlo tenés que conocer, con detenimiento, tu producto. Hoy creo que no funcionaría. Porque la gente se bajaría los temas de la red.

Quizás sea porque la gente no escucha más discos completos. Se bajan 3 o 4 temas de la red y eso es lo que terminan escuchando.
Yo creo que en ese aspecto hay una falacia que se alimenta desde la misma industria discográfica. Eso de que ya la gente no lo hace. En realidad, el negocio del álbum es un invento de la industria discográfica.

Porque eran singles antes.
¡Tal cual! Era así desde la época de la venta de partituras. Originalmente se compraban las partituras, de la canción que se quisiera escuchar, y se necesitaba a alguien que supiera tocar algún instrumento, ya sea piano, guitarra o violín; que tuviera el talento para convertir a ese papel (la partitura) en diversión. Se vivía en un ambiente de mucho silencio. No existía ni la radio aun, sino se sabía tocar el piano, o lo que sea, no se podía salir de eso. Lo que hizo la invención del fonógrafo fue promover un reemplazo para el talento domiciliario. Puso a sonar la grabación de alguien que ya tenía el talento incorporado. Por eso tuvo éxito. Porque resolvió un problema, ya que hasta entonces, sino se tenía el talento para convertirla en música, esa partitura que comprabas no servía para nada. Luego, durante la época de los discos de 78 RPM, fue una industria de singles. Esto solo cambio con la aparición del micro surco y la invención del disco de 33 RPM, los long plays. Entonces la industria crea así una segunda forma de vender música, en donde el artista tiene más tiempo para explayarse y armar un concepto. De hecho era un negocio separado de los singles hasta mediados de los ‘60. Los singles no se incluían en los álbumes, como pasó en el caso de los Beatles. No querían engañar a la gente vendiéndoles dos veces lo mismo, como decía George Martin.

Bueno, pero en esa época se vendían muchos discos. Lo hubiesen comprado 2 o 3 veces.
Sí, eso se demostró después con las reediciones. Ahora hay que resolver un problema. El tipo que encuentre la respuesta a porque la gente ya no compra, o no escucha, discos de larga duración; se llena de guita de nuevo.

¿Habrá respuesta a eso?
Yo creo que sí, que alguien la va a encontrar. Porque la evolución de la vida se basa en eso.

Secuencia Incial.-
(para ir a la segunda parte de la entrevista)

lunes, 7 de febrero de 2011

GATO BARBIERI – ÚLTIMO TANGO EN PARIS (1972)/ NEW YORK MEETING (2010)

El pasado jueves 3 de Febrero falleció la actriz francesa Maria Schneider, víctima de un cáncer a los 58 años. Con tan solo 19 años la joven Schneider que había deslumbrado en la pantalla grande con su belleza casi adolescente en el mítico film de Bernardo Bertolucci Último Tango en Paris en 1972, junto a Marlon Brando. La película de un alto contenido erótico fue víctima de varias censuras y generó todo tipo de polémicas en los lugares en los que se estrenaba, en Argentina la película se estrenó el 3 de Octubre de 1973 pero, solo fue exhibida sin censura durante 13 días hasta que la cinta fue incautada por orden judicial y el censor de turno Miguel Paulino Tato se encargo de prohibir el film. Al leer la triste noticia del deceso de la actriz vino a mi cabeza la hipnotizante melodía que oficia de tema principal en la película, la banda de sonido del film fue compuesta por el músico rosarino Leandro “Gato” Barbieri. quien en 1962 se marchó a Europa motivado por el trompetista italiano Enrico Rava y deslumbrado por la nueva corriente de free jazz que se imponía en todo el continente de la mano de músicos como Don Cherry y John Coltrane. Cuando Gato compuso la música para el film de Bertolucci ya era un músico afincado en Europa con varios discos editados como El Pampero: Live in Montreaux (1971) y Fenix (1971) y su trabajo en 1965 junto al propio Cherry, a quien había conocido en París, le dieron cierto aire de prestigio.
El leit motiv del tema “Último Tango en Paris” que se presenta en tres formatos, tango, balada y jazz, sirve para que, reflejar los diferentes estados de ánimo por los que va pasando durante el desarrollo de la película el personaje de Jeanne (Maria Schneider.) La fusión de jazz con cierta rítmica tanguera hasta algunos aromas bluseros caracterizan a esta sensual banda de sonido, “Para mi Negra”, “Falsa Ofelia” o el propio “Jeanne”, cuenta con ese característico sonido del saxo de Barbieri, notas largas y de intenso volumen. La tortuosa relación entre ambos protagonistas Jeanne (Schneider) y Paul (Brando), según el propio Bertolucci es una analogía perfecta con la naturaleza tanguera por su contenido apasionante y de abandónica a la vez, dichas características fueron captadas a la perfección por el saxo de Gato Barbieri en uno de sus trabajos más logrados y reconocidos de toda su carrera.
Luego del éxito masivo que le significo Ultimo Tango en Paris Barbieri vuelve a Buenos Aires y se sumerge en una fusión de jazz con ritmos latinoamericanos y del altiplano editando Gato, Chapter one: Latin America para el prestigioso sello Impulse Records.
A fines del año pasado se editó New York Meeting (Melopea), un nuevo disco en estudio junto al gran pianista Carlos Franzetti, el contrabajista David Finck y su amigo el baterista Nestor Astarita, compañero de largas jams en el boliche Jamaica donde tocaban casi todas las noches hasta altas horas de la madrugada con el trío de “Baby” Lopez Furst. Jamaica era un lugar mítico de Buenos Aires ubicado en pleno centro porteño sobre calle San Martin al 900 y tuvo sus puertas abiertas desde 1956 hasta 1979, por el cual, también pasaron Astor Piazzolla, Salgan – De Lio y Sergio Mihanovich entre otros prestigiosos músicos. Barbieri ya hace más de cuarenta años que vive en la ciudad de Nueva York y tras la depresión en la cual estuvo sumido después del fallecimiento de Michelle, su eterna compañera en la vida y parte esencial de su carrera, el saxofonista rosarino estuvo casi diez años sin editar material nuevo, su último trabajo fue en el año 2002 The shadow of the cat.
Este nuevo trabajo es un sueño hecho realidad, cuenta el propio Astarista y se transformo en realidad gracias al apoyo de otro rosarino Litto Nebbia, dueño del eterno sello Melopea. El álbum es un encuentro para revivir el espíritu de los años de bohemia de fines de la década del cincuenta aunque, el propio Gato lo niegue y diga que no tiene nada que ver y lo define como un disco “lindo” pero que, podía haber estado mejor. El repertorio seleccionado por ambos músicos cuenta con varios standards “Straight no Chaser” de Thelonious Monk, “So What” y “Blue in Green” de Miles Davis, músico al que el Gato admiraba profundamente, “Equinox” de John Coltrane con un soberbio trabajo de Franzetti al piano, “Prepárense” de Astor Piazzolla y recrea “It’s Over” de Ultimo Tango en Paris.
Leandro “Gato” Barbieri es junto a Dino Saluzzi, Atahulapa Yupanqui, Mercedes Sosa, Carlos Gardel y Astor Piazzolla uno de los pocos músicos que han logrado trascender las fronteras latinoamericanas, creando un sonido propio, un estilo, para ser consagrados en el mundo entero, muchas veces injustamente mas reconocidos afuera que en su propia tierra.
Lean.-